Estoy siempre preocupado: ¿por qué?

28 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Hay épocas en las que todo preocupa en exceso. Le damos vueltas a cualquier cosa, no dejamos de anticipar problemas, amenazas, cosas que pueden suceder... ¿Te sientes identificado? Si es así te explicamos a qué se debe y qué estrategias puede seguir.

¿Por qué estoy siempre preocupado? Es como estar esperando a que suceda algo, como si en breve fuera a acontecer un evento ante el que debo estar preparado. Pocos estados mentales pueden ser más agotadores que estar suspendido en ese estado de alerta permanente, desconfiando, fabricando pensamientos catastróficos e imaginando qué podemos hacer ante tales escenarios.

Más allá de lo que podamos creer, este hecho está convirtiéndose en una constante en muchas personas. Se suele acompañar a su vez de hipervigilancia, irritabilidad, mal humor y de esa mayor sensibilidad sensorial en la que cualquier estímulo nos asusta y nos convertimos en un especie de radar detectando posibles amenazas.

Porque la preocupación psicológica va siempre de la mano de los altibajos emocionales y hasta de un mayor agotamiento físico. ¿A qué se debe? ¿Por qué pasamos por esas épocas en las que todo se nos hace una montaña y, a su vez, quedamos atrapados en un laberinto de preocupación excesiva? Lo analizamos.

Chica con mano en la cabeza simbolizando ¿por qué estoy siempre preocupado?

¿Por qué estoy siempre preocupado? Causas y estrategias

Que el ser humano tiene tendencia a preocuparse en exceso es una evidencia. Esto es, sin duda, algo muy nuestro. Al fin y al cabo, las personas, a diferencia del resto de seres vivos, tenemos la capacidad de pensar en nosotros mismos y también en el futuro. La autoconciencia y la angustia por el devenir han sido grandes ventajas, pero también inconvenientes.

El psicólogo social Leonard Martin de la Universidad de Georgia explica algo interesante en un estudio. La capacidad para preocuparnos llegó hace poco más de 10 000 años. Hasta ese momento, nuestros antepasados se centraban solo en el momento presente, en la necesidad inmediata y en cómo actuar ante ella. Durante millones de años nuestra existencia estuvo centrada en el aquí ahora.

No obstante, el gran cambio aconteció cuando se combinaron dos acontecimientos: el desarrollo y la sofisticación del cerebro y la revolución agrícola. En ese momento, debíamos empezar a pensar en aspectos como planificar la siembra, el cuidado del campo, la cosecha, cómo almacenar los cultivos, cómo protegerse de las plagas, etc. Fue en ese instante cuando el cerebro empezó a focalizarse en el futuro.

La mente aprendió a imaginar y pensar en situaciones que podían acontecer y en cómo debería afrontarlas. Desde entonces hasta ahora, ese mecanismo no ha hecho más que adquirir mayor relevancia. Somos una sociedad cada vez más agotada mental y físicamente en la que sus individuos no dejan de preguntarse “¿por qué estoy siempre preocupado?”. Conozcamos los desencadenantes más comunes.

¡Hay que tenerlo todo bajo control!

Hay quien vive eternamente preocupado por un hecho evidente: la incapacidad de aceptar la incertidumbre. El no saber qué puede suceder mañana genera inquietud, molestia y hasta ansiedad. Por término medio, el exceso de preocupación es algo muy común en los perfiles perfeccionistas, en quienes desean tenerlo todo bajo control y no dejar nada al azar.

La incapacidad para asumir que no todo puede predecirse ni puede estar bajo nuestras riendas produce un gran sufrimiento.

Estar preocupados es lo mismo que «estar haciendo algo» (la incapacidad para desconectar)

Si uno se pregunta a menudo “¿por qué estoy siempre preocupado?”, tal vez deba fijarse en cuándo fue la última vez que se permitió tener un descanso. La capacidad para desconectar, no pensar en nada y dejarse llevar por el momento presente también es salud y saber estar. Ahora bien, hay quien es alérgico al descanso porque concibe que hacerlo es lo mismo que ser improductivo o vago.

Esto les aboca a asumir que el hecho de preocuparse por esto y por lo otro, de estar pendiente de mil cosas, es lo mismo que mantenerse activo y productivo. Lo cual es un inmenso error.

¿Por qué estoy siempre preocupado? La mente hiperactiva

A menudo, y desde un punto de vista neuropsicológico, se suele decir que la mente hiperactiva es como una droga. Uno no puede parar de pensar en mil cosas a la vez, en imaginar futuros y preocuparse por infinitas cosas.

Lo más complejo de esta hiperactividad mental es que acaba pasándonos factura: insomnio, problemas de concentración, fallos de memoria…

La preocupación patológica y el trastorno de ansiedad generalizada

La preocupación constante suele ser la clara manifestación de un estado de ansiedad y, concretamente, del trastorno de ansiedad generalizada. Es un estado patológico en el que suelen aparecer amenazas en el horizonte (la mayoría imaginarias),  los miedos nos paralizan y la mente no deja de dar vueltas cada estímulo, a cada situación…

Asimismo, cuando ese tipo de preocupación se vincula a este trastorno psicológico suelen aparecer distintos tipos de manifestaciones.

  • Problemas para controlar las preocupaciones o sentimientos de nerviosismo.
  • Dificultad para relajarse.
  • La persona es consciente de que se preocupa en exceso, pero no puede controlarlo.
  • Problemas para concentrarse.
  • Alteraciones del sueño.
  • Cansancio físico continuado.
  • Tener dolores de cabeza, musculares o del estómago o molestias inexplicables
  • Mareos, falta de aire.
Hombre pensando en por qué siempre estoy preocupado

¿Qué puedo hacer si siempre me siento preocupado?

Lo más aconsejable, en caso de que llevemos semanas o meses en este estado de preocupación constante, es consultar a un profesional especializado. La terapia psicológica y en concreto el enfoque cognitivo-conductual es el más adecuado en estas situaciones. Por otro lado, nunca está de más seguir las siguientes claves:

  • Practicar la relajación o la respiración profunda. Hacer algún tipo de ejercicio físico para reducir tensiones y focalizar la mente en otros aspectos.
  • Llevar un diario de preocupaciones. Anotar aquello que se instala en la mente nos permitirá analizarlo para ver si es una preocupación factible o si es mejor desecharla.
  • Es necesario que empecemos a clarificar los miedos y a manejarlos con efectividad.
  • Otro aspecto decisivo es aprender a aceptar la incertidumbre. No todo puede estar bajo nuestro control, es necesario dejar espacio a lo imprevisto.
  • Centrar un poco más la atención en el presente y en las necesidades del aquí y ahora. Hacerlo siempre es beneficioso.

Para concluir, lo cierto es que todos hemos pasado por esas épocas en que nos preguntamos por qué estoy siempre preocupado. La mayoría de las veces, lo que hay detrás de estos estados es la sombra de la ansiedad. Aprendamos a manejarla antes de que sea ella quien lleve las riendas de nuestra vida. Merecemos sentirnos mejor.

  • Martin, L. (1999). ID Compensation Theory: Some implications of trying to satisfy immediate-return needs in a delayed-return culture.  Psychological Inquiry, 10(3):195-208.