Estrés derivado del desempleo

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Vélez
12 junio, 2019
El desempleo es una situación negativa y potencialmente estresante, pero además tiene multitud de consecuencias negativas para la salud. En este artículo te explicamos más sobre el estrés derivado del desempleo su repercusión.

El empleo además de proporcionar ingresos, supone un eje central en la vida adulta. Permite desarrollar las propias capacidades, fomentar las relaciones sociales o construir la propia identidad, constituyendo una fuente de bienestar general.

Por ello, la falta de trabajo tiene una serie de consecuencias que no pasan inadvertidas. Uno de los efectos más significativos es el estrés derivado del desempleo, ya que sus consecuencias son importantes para la salud así como en otros planos a nivel psicológico.

El estrés derivado del desempleo se alimenta de diferentes fuentes. Por un lado, las etapas de dificultades económicas están asociadas a un alto nivel de estrés. Así como la disminución del bienestar, la sensación de aislamiento social o la falta de apoyo. En este caso, se ha observado que los desempleados muestran niveles de estrés significativamente más altos que la población general.

Hombre triste por desempleo

Salud en el desempleo

El estrés derivado del desempleo, aparte de ser un problema en sí, está relacionado con otras alteraciones de salud. Por un lado, se asocia con niveles más bajos de bienestar subjetivo y niveles altos de ansiedad.

En un estudio, se encontró que al principio del desempleo los niveles de bienestar bajaban drásticamente y la ansiedad aumentaba. Después de una estabilización, se volvían a disparar los niveles en el desempleo de larga duración.

Por otro lado, los desempleados muestran una peor salud mental, relacionada con un aumento en la asistencia a consultas psiquiátricas y psicológicas, así como un mayor número de diagnósticos. Además, estos efectos parecen ser independientes de los niveles de ingresos de las personas.

Estrés derivado del desempleo

Específicamente, el estrés derivado del desempleo está relacionado con una serie de cambios fisiológicos que, de forma mantenida en el tiempo, resultan nocivos para la salud. Cuando experimentamos una situación y la valoramos como estresante, nuestro organismo produce una serie de cambios con el objetivo de afrontarla. En este caso, el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) responde al estímulo estresante (en este caso continuo) secretando la hormona cortisol.

Este proceso en el que se produce un pico de cortisol es natural y adaptativo. Sin embargo, en una situación estresante, la continua liberación de esta hormona produce desajustes en la activación del eje HPA y, con ello, provocar cambios neuroendocrinos que son malos para la salud.

Estos desajustes de cortisol han sido encontrados en población desempleada en numerosos estudios. Así, se ha encontrado que en períodos de desempleo los niveles aumentan. No obstante, estos cambios dependen de la duración de desempleo, así como de la edad de las personas.

De esta forma, parece que los jóvenes presentan un incremento continuo conforme aumenta la duración de desempleo. Mientras en los adultos aumenta en los 6 primeros meses, para luego estabilizarse en un nivel elevado.

Consecuencias físicas

A causa del estrés experimentado, el desempleo se ha relacionado con diversas enfermedades.

Riesgo cardiovascular

Además de la liberación anómala de cortisol, el desempleo está asociado a niveles elevados de proteína C-reactiva y fibrinógeno, las cuales se relacionan estrechamente con el riesgo cardiovascular. En este sentido, los desempleados muestran mayor riesgo cardiovascular que el resto de la población.

En numerosos estudios se ha visto que el desempleo de larga duración se relaciona significativamente con infarto agudo de miocardio e ictus. Así como se ha asociado a enfermedades coronarias. Aun así, los resultados deben tomarse con precaución debido a la gran cantidad de factores que influyen en el desarrollo de estos trastornos.

Obesidad

Relacionado con el riesgo cardiovascular y cortisol, también se han encontrado alteraciones del peso en desempleados. En general, los resultados muestran que el incremento de peso es proporcional a la duración de desempleo. Esto podría deberse a un cambio en la alimentación; por la disminución de ingresos, se ha observado que los desempleados tienen a consumir productos más económicos y menos saludables.

Parece ser que además un factor relacionado con el cambio de peso en desempleados es el tabaquismo. De esta forma, investigaciones muestran que en desempleados fumadores se produce una reducción del peso, mientras que en los no fumadores suele darse un aumento.

Hombre con obesidad pesándose

Diabetes tipo 2

La diabetes tipo 2 está asociada a patrones irregulares de cortisol, así como a la obesidad y riesgo cardiovascular. De esta manera, es comprensible que el desempleo también se haya relacionado con el riesgo de aparición de esta enfermedad. Por ejemplo, en un estudio de Rautio y colds. (2017), teniendo en cuenta el índice de masa corporal, nivel de actividad física y otros factores sociodemográficos, los desempleados tuvieron mayor riesgo de padecer pre-diabetes y diabetes tipo 2.

En definitiva, el desempleo tiene consecuencias más allá de los factores psicológicos. Estos resultados son de especial relevancia: una mala salud puede complicar la ya difícil tarea de encontrar empleo. Así, es fundamental que las intervenciones que se lleven a cabo con estas personas incluyan estrategias para manejar y gestionar el estrés, así como el fomento de hábitos saludables.

  • Herbig, B., Dragano, N., y Angerer, P. (2013). Health in the long-term unemployed. Deutsches Ärzteblatt International110(23-24), 413.
  • Sumner, R. C., y Gallagher, S. (2016). Unemployment as a chronic stressor: A systematic review of cortisol studies. Psychology & Health, 32(3), 289-311.
  • Hughes, A., Kumari, M., McMunn, A., y Bartley, M. (2017). Unemployment and inflammatory markers in England, Wales and Scotland, 1998–2012: Meta-analysis of results from 12 studies. Brain, behavior, and immunity64, 91-102.