Estrés y trastornos psicofisiológicos

8 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
La génesis de los trastornos psicosomáticos puede encontrarse en situaciones de estrés mantenidas. En este sentido, la tensión sostenida puede llegar a afectar a varios de nuestros sistemas corporales funcionales, si nos vemos sobrepasados por ella.

Todos alguna vez hemos sentido, o estamos sintiendo en estos momentos, un estado de sobreactivación llamado estrés. El estrés, aunque siempre asociado a una sensación desagradable, existe porque es útil. No obstante, sí existe una relación entre estrés y trastornos psicofisiológicos.

Cuando ese estrés es elevado en intensidad o en continuidad, puede tener consecuencias contraproducentes. De hecho, ha sido muy estudiada la relación entre estrés y trastornos mentales, encontrando la génesis de muchos de estos en el primero.

Mujer estresada en la oficina

¿Qué es el estrés?

J. Carrobles (1991), catedrático emérito por la Universidad Autónoma de Madrid, define el estrés como:

«El estrés es un estado de sobreactivación sostenido experimentado por una persona ante distintas situaciones consideradas como excesivas y que ocurren bajo condiciones de escasos recursos de control y de apoyo social por parte del sujeto».

No obstante, es preciso desentrañar el término estrés, dado que hay dos acepciones. El estrés puede desglosarse en distres y eutres.

  • El distresdis= ‘alterado, inadecuado’— se utiliza cuando el estrés es patológico, y da lugar a respuestas alteradas a raíz de esas situaciones consideradas excesivas.
  • El eutreseus= ‘adecuado, bueno’—, por el contrario, se refiere al estrés adecuado y necesario. El eutres puede ser insuficiente, óptimo o excesivo, que podría dar lugar a un distres.

¿Cuál es la diferencia entre estrés y ansiedad?

Para entender la relación entre estrés y trastornos psicofisiológicos es preciso diferenciarlo de la ansiedad, cuya respuesta corporal puede ser parecida.

Cuando hablamos de ansiedad, siempre hablamos de peligro, sea real o interpretado así por la persona. Esto es algo que no ocurre en el estrés, pues la situación no tiene por qué ser ni desagradable ni peligrosa. En tanto que la situación no es vista como peligrosa, las personas con estrés no suelen huir, siendo más fácil el afrontamiento de este.

Ante la ansiedad, la respuesta típica es de huida, que suele mantenerse a través del mecanismo de ansiedad-evitación-ansiedad. Si en la ansiedad se percibe algo como peligroso o dañino, tiene lógica que la respuesta típica ante ella sea huir. Si es peligrosa se necesitan herramientas para combatir esa peligrosidad, y las personas no suelen tener esos sentimientos de autoeficacia; lo perciben dañino porque se encuentran incapacitados para luchar contra ello.

Además, para que el estrés produzca efectos perjudiciales, este tiene que ser continuado en el tiempo. En el caso de la ansiedad, aunque sea solo durante un período corto de tiempo, ya es perjudicial, pues puede afectar de lleno en poco tiempo al funcionamiento social, familiar y afectivo de la persona.

¿Cuál es la relación entre estrés y homeostasis?

La homeostasishomo= ‘volver a’, estasis= ‘equilibrio’— se refiere a la vuelta al equilibrio corporal. Todos los humanos tenemos el medio interno y las constantes vitales, que siempre tienden al equilibrio. Es decir, el organismo pone en marcha acciones para solventar los desequilibrios que desarrolla la persona, de forma automática.

Cuando no se llega a la homeostasis es cuando la persona está presentando estrés. Si el sujeto tiene que poner en marcha estrategias conscientes, al no estar funcionando de forma automática, lo normal es que no llegue a ese estado de equilibrio, pero a la homeoquinesis, un estado de desequilibrio.

Las respuestas fisiológicas del estrés

Aunque todos sabemos que el estrés puede conducir a la irritabilidad, la apatía, la ansiedad, la angustia o el enfado; el estrés también conduce a respuestas fisiológicas o corporales que muchas veces no notamos. Son muy relevantes en la relación entre estrés y trastornos psicofisiológicos, pues mantenidos en el tiempo debido a la situación estresante, pueden llevar a padecer unos trastornos psicosomáticos u otros.

Las respuestas fisiológicas ante situaciones de estrés vienen definidas por varios sistemas del cuerpo, como el sistema nervioso autónomo o el sistema nervioso central.

Sistema nervioso somático

En la respuesta fisiológica ante el estrés, el sistema somático se encarga de la respuesta electromiográfica —actividad eléctrica producida por los músculos esqueléticos—, los movimientos oculares y la respiración.

Por ello, durante el estrés puede haber un aumento de la afluencia de sangre a los grandes grupos musculares: espalda, brazos, piernas; además de una tensión muscular generalizada.

Hombre estresado

Sistema nervioso autónomo

Las respuestas ante el estrés de las que este sistema se hace cargo están relacionadas con el sistema cardiovascular: tasa cardíaca, presión sanguínea, flujo sanguíneo… También regula la temperatura corporal, la excitación sexual, las respuestas electrodérmicas —nivel de potencia de la piel, respuesta de conductancia—, además de la salivación y las respuestas gastrointestinales.

Por ello, ante el estrés puede haber un incremento de la tasa cardíaca, un aumento de la actividad renal, una vasocronstrucción periférica en manos y pies —fríos—, y un aumento del factor coagulador de la sangre.

Sistema nervioso central

En cuanto a las respuestas del sistema nervioso central, encontramos las respuestas electroencefalográficas y las respuestas evocadas.

Por último, también existen respuestas ante el estrés que provienen del sistema endocrino y bioquímico, que pueden dar lugar a cambios hormonales diversos —como el cortisol— o a un aumento de la actividad inmunológica al principio —esta después desciende.

Sistemas corporales desactivados ante el estrés

Como ocurre con la ansiedad, ante la respuesta de estrés hay ciertos sistemas corporales que se desactivan porque no son útiles. Ante la respuesta concreta de un ataque de ansiedad estos sistemas se desactivan y vuelven a activarse, pero en una situación mantenida de estrés esto puede afectar a la salud del sujeto.

La afluencia de sangre en el tracto digestivo se reduce, conduciendo a posibles problemas como úlceras, colitis, colon irritable… Esto también ocurre con el sistema genito-sexual, donde el estrés puede llevar a disfunciones sexuales en la excitación, la erección, la lubricación, la tumescencia…

La génesis de un trastorno psicosomático

Los trastornos psicosomáticos vienen definidos por una afección fisiológica, pero de origen psicológico. Esto significa que, a raíz del estrés, que es algo que en principio no debiera afectar a la parte física de la persona, puede llegar a provocar enfermedades y síntomas muy desagradables.

Son la prueba evidente de la influencia de la “mente” sobre el bienestar del cuerpo, y aunque muchas veces los separemos, tienen que ir siempre de la mano.

Como se ha dicho anteriormente, el estrés en sí mismo no tiene por qué ser malo. No obstante, si el estrés es distres, y la situación presenta los siguientes factores, existen probabilidades que el estrés haga mella en nuestro bienestar psicofisiológico.

Mujer estresada

Factores relacionados con el surgimiento de un trastorno

Así, los factores que relacionan estrés y trastornos psicofisiológicos son:

  • Exposición frecuente o prolongada a estímulos o situaciones estresantes: Cuando las personas no salen de esa situación de estrés puede incluso tender a empeorar. No resolver las cosas rápidamente o mantenerse en un entorno estresante sin poder evitarlo es el primer paso para desarrollar un trastorno psicosomático.
  • Activación prolongada del patrón específico de activación fisiológica del sujeto ante el estrés: cada persona tenemos un perfil de estrés diferente, y nuestra activación fisiológica es distinta a la del resto, como se ha explicado anteriormente. Dependiendo de la respuesta, los síntomas psicosomáticos serán diferentes.
  • Sensibilización o activación exagerada del sistema orgánico ante el estrés: una vez nos encontramos de lleno en una situación de estrés es normal que nuestro cuerpo se sensibilice ante este, y nos sea mucho más fácil sentir estrés.
  • Alteración de mecanismo regulador homeostático: una vez se han alcanzado estos niveles de estrés, es más fácil que se produzcan las alteraciones, pues hay una menor tolerancia a los estímulos que provocan las problemáticas.
  • Alteración crónica del funcionamiento del sistema orgánico y aparición de la lesión o del trastorno psicofisiológico o psicosómaticos estresantes.

Recursos auxiliares y paliativos

Muchas veces no podemos salir de esas situaciones estresantes y estas han de mantenerse sí o sí en el tiempo. No obstante, existen una serie de recursos que pueden ayudarnos a menguar ese estrés para evitar así el resultado de la relación entre estrés y trastornos psicofisiológicos: la génesis de uno de ellos.

Los recursos ante el estrés mantenido que podemos utilizar son:

  • Red social y apoyo social (familia, amigos, compañeros): hay que prestar atención a la escasez de recursos sociales, los déficits en las relaciones sociales y las condiciones sociales especiales —los solteros, la separación y el divorcio, la viudez—. Una red social y familiar potente puede ser un factor de protección ante las consecuencias del estrés.
  • Actividad o ejercicio físico.
  • Aficiones.
  • Actividades culturales.
  • Dieta: las frutas y verduras son ricas en triptófano, que actúa bien como antidepresivo.

Así, parece clara la relación entre estrés y trastornos psicofisiológicos. Por ello, y para evitar la pérdida de bienestar ante situaciones estresantes que pueden ser evitadas —como el trabajo, una pareja tóxica, una mala organización de la vida doméstica…—, cada uno de nosotros tiene que hacerse cargo y permitir a nuestro cuerpo obtener de nuevo la homeostasis fuera de un período de estrés.