Estudiar leyendo en voz alta o en silencio, ¿qué funciona mejor?

Raquel Lemos Rodríguez · 8 marzo, 2018

¿De qué manera te resulta más eficaz estudiar? Muchas personas estudian leyendo en silencio, en cambio otras lo hacen en voz alta. Si eres de estas últimas, es probable que camines por el lugar en el que estás estudiando mientras recitas lo que has leído o aprendido. En ocasiones, quizás llegues incluso a iniciar una conversación contigo mismo. Pero, ¿qué es más eficaz: estudiar leyendo en voz alta o en silencio?

Lo que sugerimos es que se utilicen ambas opciones, pues como descubriremos a continuación, tanto leyendo en voz alta como en silencio se potencian distintos aspectos. Aunque prioricemos y le demos más importancia a uno de ellos, vamos a ver qué aporta y resta cada uno.

Estudiar en silencio y la memoria visual

Cuando estudiamos en silencio, lo ideal es que realicemos una primera lectura en la que nos quede medianamente claro de qué va el texto que estamos leyendo. Sin embargo, esto no puede quedar solo en esto. Tras esa primera lectura es importante subrayar las ideas importantes, pararse sobre aquello que no está claro y reflexionar o buscar información que disipen los interrogantes.

Es importante subrayar y hacer anotaciones, incluso utilizar subrayadores de colores, porque hacerlo favorece nuestra memoria visual (acordarnos de la localización de una información facilita el proceso de rescatarla de nuestra memoria: la recuperación). Además, el uso de colores también hace que prestemos más atención, que nos fijemos en aquello que antes hemos juzgado como más importante.

Para fijar mejor los conocimientos, la lectura en silencio tendríamos que completarla con resúmenes y esquemas.

chico leyendo en voz alta

La importancia de estudiar leyendo en silencio radica en que podemos concentrarnos en lo que estamos leyendo, pero si no hacemos algo más que leer simplemente, esta acción no nos servirá de mucho. El motivo se encuentra en que necesitamos trabajar de manera activa con el elemento de estudio, hacerlo nuestro. No solo leyendo, sino también escribiendo, anotando, poniendo con nuestras palabras aquello que estamos asimilando. Aquí radica el quid de la cuestión y donde estudiar leyendo en voz alta tiene mucho que ofrecernos.

Estudiar leyendo en voz alta afianza los conocimientos

Cuando estudiamos leyendo en voz alta ocurre algo y es que el oído empieza a formar parte de esta experiencia, por lo que se despiertan las capacidades cognitivas relacionadas con la memoria, la atención, la comprensión… Este acto activa la capacidad de retener y almacenar información que tiene nuestro cerebro.

Sin embargo, como bien mencionábamos en la lectura en silencio, hay algo más… ¿Verdad que nos resulta mucho más fácil escuchar una explicación de boca de otros que no leyendo sus propios apuntes? Esto es porque a lo que se ha leído se le da un valor personal, se explica con diferentes palabras, pero además uno puede preguntar dudas, cuestionar, debatir. Esto enriquece el estudio y favorece a nuestro proceso de memorización.

Mujer joven memorizando información

Cuando estudiamos leyendo en voz alta hacemos conexiones. De repente, enlazamos lo que estamos diciendo con algo leído previamente o en otra página. Nos hacemos un esquema mental que puede ayudar a ese esquema realizado en silencio o a esa lectura que habíamos hecho sin hablar en voz alta. Es un complemento ideal que afianza los conocimientos y los graba en nuestra mente.

Los beneficios de escucharse a uno mismo

Colin MacLeod y Noah Farrin son grandes investigadores que se han dedicado a estudiar el efecto de la producción en voz alta y su relación con el aprendizaje. Por eso, desde el año 2010 se han dedicado a ello y en la revista Memory se publicó una de sus investigaciones que tenía por nombre “Los beneficios de escucharse a uno mismo”.

En esta investigación describían que contaron con la colaboración de 100 estudiantes de la Universidad de Waterloo, en Canadá, a los que les dieron 80 palabras que tenían que reproducir en voz alta. La gran mayoría de ellos escribieron en un papel las palabras de las que se acordaban por si acaso.

Después, pasaron a otra prueba, pero antes de realizarla tenían que optar por 4 formas diferentes de recordar las palabras. Una era leerlas en silencio, otra escuchar las palabras grabadas en una cinta por alguien, otra escuchar palabras grabadas con su propia voz y, la última, leerlas en voz alta.

Los resultados fueron muy reveladores y los autores lo denominaron como el “efecto producción“. Después de dos semanas de la prueba, se les puso a los participantes una serie de palabras que tenían que identificar si pertenecían a aquellas que había leído o memorizado. Los que habían leído en voz alta las palabras respondieron mejor.

Estudiar leyendo en voz alta nos permite dar un carácter personal a aquello que estamos leyendo, por eso, conseguimos recordarlo mejor.

Sin embargo, se descubrió también que escuchar grabaciones propias ayuda. No obstante, las grabaciones realizadas por otra persona tenían una eficacia que se situaba en un tercer puesto. Así, cuanto más personal sea la grabación, mejor la recordaremos.

chica leyendo en voz alta

A pesar de que estudiar leyendo en voz alta sea una muy buena opción, no podemos descartar las demás -habitualmente lo que tratamos es de memorizar material con significado y no palabras sueltas-. Una combinación de todas ellas puede brindar resultados muy satisfactorios.

A algunas personas les vendrá mejor estudiar leyendo en silencio, grabarse leyendo el mismo texto y después escucharse. Otras, optarán por leer en voz alta desde un principio y, después, estudiar en silencio escribiendo o haciendo esquemas sobre lo que han aprendido. En este sentido, se trata de que, utilizando lo que nos dice la investigación, cada persona adopte la metodología con la que logra un mayor rendimiento.