¿Existen los milagros?

Edith Sánchez · 11 junio, 2016

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha tejido historias que dan cuenta de hechos reales, pero a la vez extraordinarios, para los que, aparentemente, no existe ninguna explicación. Se trata de relatos que, generalmente, son difundidos por las distintas religiones. Narran situaciones inverosímiles, que casi siempre están relacionadas con milagros de curación.

Todas las religiones, incluyendo las más reflexivas como el Budismo, tienen en su haber relatos de esta índole. A las historias sobre curas milagrosas se suman otras de teletransportación, apariciones, desapariciones, mensajes proféticos, anuncios apocalípticos y un largo etcétera.

Para los creyentes, todos esos “milagros” adquieren el valor de evidencias o pruebas de la existencia de una divinidad. Pese a que la religión es una cuestión de fe, y que fe es precisamente creer en aquello para lo cual no hay evidencia, lo cierto es que frecuentemente se difunden este tipo de relatos que narran prodigios y que los adeptos a las religiones esgrimen como un fundamento más para sus creencias.

“Para mí, cada hora del día y la noche, es un indescriptible y perfecto milagro”

-Walt Whitman-

Filósofos y científicos son escépticos frente a este tipo de manifestaciones. Su principal crítica apunta a que los creyentes, sistemáticamente, se niegan a practicar verdaderos métodos de verificación para esos fenómenos. Quienes los certifican, casi siempre, son los mismos religiosos o creyentes y lo hacen a través de métodos que no son científicos en estricto sentido.

Los milagros y las apariciones marianas

Dentro de los relatos de milagros que se difunden a través de distintos medios, sobresalen las llamadas “apariciones marianas”, que se reportan con relativa frecuencia. Independientemente del valor sagrado que pueda tener la Virgen María para los creyentes, no deja de llamar la atención la naturaleza  y los mensajes que se difunden a través de esas apariciones.

Hombre mariposa simbolizando milagros

Hay patrones que resultan comunes en las apariciones marianas. Casi siempre se producen ante personas muy humildes, con escasa instrucción, nunca ante autoridades eclesiásticas o científicas. Los creyentes dirán que la Virgen elige a los más sencillos porque son más virtuosos. Sin embargo, es un dato que para un observador objetivo no pasa por alto.

Por otro lado, si se toman en cuenta los mensajes de esas apariciones, deberíamos concluir que la Virgen tiene un talante claramente político. Estamos hablando de una virgen politizada, que dejó sentada una posición bien clara en 1917 contra la Unión Soviética (Virgen de Fátima), o a favor de la paz en Bosnia-Herzegovina (Medjugorje). Los mexicanistas también han indicado que la aparición de la Virgen de Guadalupe coincide con un gran esfuerzo de catequización de los colonizadores españoles.

No deja de llamar la atención el hecho de que la Virgen María haga apariciones solamente en América y Europa, nunca en África, Asia u Oceanía. Tampoco el hecho de que los mensajes marianos encierran básicamente amenazas: anuncian hechos terribles para el mundo, e insta a detenerlos a través de la conversión religiosa y la oración.

Hay incluso sacerdotes que cuestionan la validez de estos fenómenos y los califican como situaciones que están más cerca del paganismo que de la propia religión.

Mirada cósmica, representando milagros del universo

Los milagros y el deseo de creer

Las creencias religiosas son un asunto íntimo que merece el mayor respeto y que forma parte de la libertad de conciencia que tiene todo ser humano. Se cuentan por cientos los casos de personas que se curan de enfermedades gracias a sus creencias.

Los religiosos dirán que son milagros, en donde se comprueba la intervención de Dios. Los no creyentes argumentarán que las que se curan son enfermedades de índole psicosomática, que involucran directamente el sistema nervioso. En otras palabras, lo que hace mejorar es la autosugestión.

La mayoría de las personas que reportan esos “milagros” no mienten. Realmente experimentan lo que dicen experimentar. Sin embargo, hay razones para pensar que todo esto ocurre en su mente, más que en la realidad misma. Hay, por ejemplo, cegueras histéricas que, efectivamente, se pueden curar de la misma forma como se originan: mediante una fuerte experiencia psicológica.

“Si es un milagro, cualquier testimonio es suficiente, pero si es un hecho, es necesario probarlo.”

-Mark Twain-

También hay casos en los que se hace evidente alguna suerte de fraude o, en todo caso, un deseo de creer que va más allá de las evidencias. Son numerosos los episodios en los que la religión ha tenido que reconocer que incurrió en un error que la ciencia señala.

Por ejemplo, la Iglesia tuvo que admitir que las teorías de Copérnico, Galileo o Darwin eran ciertas. En cambio, la ciencia nunca ha tenido que retractarse a favor de las creencias religiosas.

Libro del que nacen flores como milagros

El verdadero valor de la fe

Cada quien debe ser creyente o ateo, de acuerdo a lo que le dicte su conciencia. Sin embargo, la verdadera fe no necesita de prodigios para ser firme. Y mucho menos requiere del miedo para mantenerse. Lo mismo vale para los ateos, que pueden serlo por temor a creer.

Quizás todos debemos entender que hay milagros cotidianos, mucho más fuertes y valiosos que los hechos extraordinarios. Vivir, respirar, amar, reír, sufrir y ser capaces de salir adelante a pesar de todo son los grandes milagros que todos deberíamos celebrar cada día.

Imágenes cortesía de Vladimir Kush