Exprime tus sueños

Jesús Jiménez · 2 diciembre, 2012

¿Os habéis  imaginado alguna vez cómo seria vivir sin recordar lo que hacéis, lo que vivís y lo que sentís? A algunas personas, desgraciadamente, no les hace falta imaginarlo; estas enfermedades que afectan a la memoria existen (entre ellas, por ejemplo, la amnesia). Pero no vamos hoy a tratar aquí de ellas, ni hace falta tener amnesia para haberlo vivido, de hecho, todos lo hemos hecho alguna vez, la pregunta que nos haremos es… ¿Cuando? Cuando estamos soñando, y despertamos de golpe – bien porque nos suene nuestro gran amigo el despertador, o porque bajamos mal la persiana al dormirnos y se nos han colado algunos rebeldes rayos de sol – hemos perdido lo que estábamos haciendo justo un instante antes. Esto, si bien no pasa siempre (en muchas ocasiones recordamos el sueño inmediatamente anterior al despertar) suele ocurrir con bastante frecuencia.

Dado que gastamos prácticamente un tercio de todos y cada uno de nuestros días en dormir, ¿No os parece lógico intentar curar nuestra amnesia post sueño? ¡Pues vamos a ello! Lo primero que debemos tener en cuenta es que todo lo que consigamos, lo conseguiremos por nosotros mismos. Podéis seguir mis consejos o el de cualquier otra persona, pero vuestras experiencias serán vuestras. Con esto quiero decir que, habiendo patrones muy repetitivos, otros sencillamente no lo son, y lo que funcione para vosotros no tendrá por qué funcionar exactamente en otra persona. Teniendo esto claro, y con muchas ganas de practicar, os aseguro que conseguiréis resultados asombrosos.

No vamos a entrar en analizar qué son los sueños. Sencillamente vamos a recordarlos, pues sería bastante inoportuno intentar explicarlos cuando ni siquiera somos capaces de verlos con claridad. Antes de entrar con consejos detallados, debéis hacer una cosa muy importante. Debéis repetiros a vosotros mismos hasta aburriros qué vais a ser capaces de recordar todos vuestros sueños.  Llegamos a decir y pensar tal cantidad de cosas irracionales a lo largo del día que nuestro subconsciente, por decirlo de una manera cariñosa, no nos hace ni caso. Por ello, deberemos repetir una y otra vez “Hoy voy a recordar mis sueños “(o cualquier otra mantra que queráis generaros, cuanto más sencilla mejor, para recordarla bien) para que nuestro subconsciente nos tome en cuenta y piense igual que nosotros: “Esto es importante”. Pues bien, ya estamos listos.

¿Fácil, vedad? Ahora solo tenemos que acostarnos, mentalizarnos, y esperar resultados a la mañana siguiente. ¡No os desaniméis si tardáis unos días en comenzar a ver algo, es lo normal!


1º Tomate tu tiempo

A veces, puede parecer que al despertar no recuerdas nada, pero si esperas, y piensas un poco, es posible que puedas volver a encontrar el camino. Generalmente no nos alejamos mucho de él, pero no le dedicamos el tiempo suficiente para volver. Si tienes que ir a trabajar no te preocupes, basta con que adelantes tu despertador diez minutos. ¿No he mencionado ya que hay que hacer algunos pequeños sacrificios? Tened en cuenta que, cuanto más duro es el camino, mejor es la recompensa.

2º Anota tus sueños

Da igual que sólo recuerdes una imagen distante o que simplemente “me suena algo“. Apuntalo. Apúntalos todos. Una vez lo escribas, léelo. Es posible que recuerdes más cosas una vez lo veas escrito. Lo importante no es que consigamos historias completas (si comenzáis así enhorabuena, vais por el buen camino) sino que empecemos a ser capaces de construirlas a partir de una simple imagen, de un flash que, seguido de otros muchos, acabe siendo nuestro sueño completo. Pensad en una llama. Lo que puede acabar convirtiéndose en un fuego que queme miles de hectáreas, comienza por ser una chispa. Buscad esta chispa con todo vuestro esfuerzo. La encontrareis.

3º No pienses en tus sueños como una serie de sucesos inconexos y sin sentido.

Tus sueños podrán ser racionales o no (dentro de lo que podemos considerar “racional” pues muchas cosas de las que ocurren en sueños son imposibles de ver en la realidad), pero nunca están aislados. Una vez comiences a recordarlos un poco más, te darás cuenta de que podrás contar dos, o incluso más, historias diferentes en una misma noche. Historias que, muy a menudo, no tienen nada que ver entre sí. Otro de nuestros objetivos es, pues, intentar recordar los nexos que los usen, porque siempre los hay. No obstante, al principio nos contentaremos con recordarlos.

4º Experimenta

Ya lo hemos dicho anteriormente. Las prácticas que al final nos funcionaran serán las nuestras. Como algunas se repiten – hablado con otras personas me he dado cuenta de que algunas eran iguales, sin haber hablado yo previamente con ellos – os voy a contar las que he practicado yo alguna vez. La primera, bastante conocida, se basa en romper el sueño, aunque personalmente no me gusta demasiado. Al romperlo de manera artificial (con una alarma a media noche, por ejemplo) conseguimos dos cosas, la primera, recordar el sueño con el que estábamos inmersos antes de despertarnos, y otra, aunque menos probable, recordar el siguiente una vez nos despertemos de nuevo. Digo que no me gusta porque, en más de una ocasión, provoque la pérdida de sueños maravillosos… éstos se recuerdan, sí, pero al cortarlos, impedimos que se realicen de manera completa. Creo que es preferible no recordarlos pero a cambio mantenerlos en el subconsciente (allí se quedan, nos acordemos nosotros o no).

5º ¿Todo esto es práctico?

El recordar nuestros sueños puede parecer un aspecto muy práctico – de hecho lo es – sin embargo, puede hacernos caer en otras cosas bastante menos practicas. Hay que tener en cuenta que los sueños, una vez nos despertamos, desaparecen. Podrán quedar en nuestro libro de anotaciones, o en nuestra memoria, pero nada más. Dejaros influir por vuestros sueños para bien, pero recordad que, una vez amanece, estáis solos. Siguiendo estos consejos, con mucha paciencia, y con esfuerzo, seréis capaces no solo de recordar vuestros propios sueños, sino de ver a través de ellos.

Podréis crear vuestra red de sueños y experimentar como con recordar uno solo, os vendrán a la mente decenas, incluso aquellos olvidados en la inmensidad de la noche hace mucho tiempo. No os perdáis en un laberinto que es vuestro por propio derecho. Creadlo de nuevo, y guardaros una llave para poder entrar y recorrerlo cuando queráis. “La noche es la mitad de la vida, y la mejor mitad“(Johann Wolfgang Goethe)