Felicidad = feliz edad

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alejandro Rodríguez
19 septiembre, 2013

Cada día cuando suena el despertador muchos de los que tienen que ir al trabajo se quejan de tener que abandonar el calor de la cama para ir a «desperdiciar» un día más de su vida con un trabajo que muchas veces no es lo que les gustaría hacer en la vida. Con el paso del tiempo la efectividad y la atención disminuyen, reflejándose claramente en su desempeño. Sea por motivos financieros, sea por la edad, por falta de tiempo o simplemente por desilusión, llegamos a creer que ya es tarde para luchar por un ideal, pero esto no significa que todo esté perdido.

Vivir con desilusión

No digo que vayamos ahora mismo y pidamos el despido en nuestro trabajo, pero estoy seguro de que, en algún lugar dentro de nosotros, sabemos que hay algo que nos motivaría mucho más el despertar de cada mañana. Quizá lo que algunos denominan profesión frustrada sea la chispa que falta en nuestras vidas para rellenar un hueco que a veces tenemos que dejar vacío por culpa de la represión marcada por una sociedad robótica, donde cada día para elegir una profesión lo primero que se mira es el beneficio a largo plazo y no la satisfacción personal de uno mismo.

¿Será por eso que estudios recientes han descubierto que los niños ríen una media de 300 veces al día y un adulto poco más de 20?

Lo que hay bajo la felicidad de los niños

Pero ¿cómo esto es posible si como adultos tenemos la oportunidad de empaparnos cada día de todo aquello que nos gusta? Sea yendo al cine, leyendo un buen libro, haciendo aquel soñado viaje, regalándonos un masaje o una buena cena, refrescándonos con una brisa suave mientras conducimos aquel coche del anuncio… Tenemos la opción de hacer lo que queremos, pero ni con todo eso nos reímos más que un niño que seguramente ni sabe lo que quiere.

¿Estaría el motivo de su risa unido a la ignorancia plena que nos fue regalada antaño con la inocencia? La respuesta es un rotundo ¡sí! Los niños no tienen la consciencia de qué es el mañana, viven cada momento y lo hacen intensamente.¡Por eso se ríen!

En un estudio realizado con personas de entre 19 y 94 años, se ha descubierto que las personas mayores eran más positivas frente a los problemas que pasaban en sus vidas. Y daban más valor al despedirse de su pareja con un beso que con el simple «hasta luego» de hacía 30 años. ¿A qué se debe eso?

En ambos casos, es cuestión de edad. En la infancia no sabemos lo que ha de venir, y con la vejez se aprende a ser más realista y a trazar metas alcanzables, concentrándonos  únicamente en lo que nos hace felices.

El voluntariado, un camino para sentirse útil y ayudar a los demás

Así que al día de hoy, si no podemos permitirnos cambiar de trabajo haciendo únicamente lo que nos gusta, ¿por qué no hacerlo de forma “altruista”? Según la conclusión de una investigación científica, publicada en ‘BMC Public Health’, hacer voluntariado tiene beneficios para la salud. Concretamente, esta práctica ayuda a mejorar la salud mental y a vivir más tiempo.

Algunos de los datos señalan una diferencia del 20 por ciento de mortalidad entre personas voluntarias y no voluntarias. Algunos voluntarios también denotaron bajos niveles de depresión y aumento de la satisfacción con sus vidas y el bienestar que sienten. Aunque no se conocen con claridad los mecanismos por los que esta práctica mejora tanto el bienestar, algunos piensan que la mejora física, por ejemplo, podría explicarse por el hecho de que los voluntarios pasan más tiempo fuera de casa, pero consideran que las causas en cuanto a la salud mental podrían ser más complejas.

Sin embargo, es muy posible que la mejora en el bienestar tenga que ver con que todo aquello que hacemos con gusto nos da placer, y este está altamente ligado a la felicidad. Lo cierto es que cuando estamos atrapados en la rutina de nuestro día a día, nos cuesta muchas veces darnos cuenta de todas las oportunidades que tenemos en nuestro día a día para disfrutar y llevar una vida con más sentido. El voluntariado es una de las opciones más sencillas para empezar a mejorar nuestros niveles de alegría.

Así que si ahora mismo no sabes ni por dónde empezar a buscar tus sueños, solo tienes que pensar en qué te apasiona y en qué hace tu imaginación y tus ganas de moverte. Dentro del campo del voluntariado, existen muchas opciones:

– Voluntariado para la infancia, juventud, familia y personas mayores.
– Cultural: elementos como arte social, diseño, música o danza.
– Voluntariado para la salud.
– Social: consumo responsable, cooperación al desarrollo, minorías étnicas, derechos humanos, mujeres, inmigración, refugiados, personas con discapacidad, adicciones, personas en situación penitenciaria…
– Voluntariado tecnológico.
– Medio Ambiente o protección de animales.
– Voluntariados relacionados con los deportes.

Por supuesto, hacerte voluntario no es la única opción disponible para mejorar tus niveles de felicidad. En general, aprender a ponerle más pasión a aquello que hacemos tendrá un impacto significativo sobre nuestro bienestar. Esto se puede lograr, por ejemplo, practicando disciplinas como el mindfulness o la meditación, que mejoran nuestra disposición mental de forma casi automática.