Flexibilidad emocional: la clave para sentirnos mejor

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro
· 14 marzo, 2019
La flexibilidad emocional es una gran habilidad a la hora de relacionarnos, tanto con los demás como con nosotros mismos. Hablamos de una fuente de riqueza inagotable si sabemos hacer un buen uso de ella.

A veces, por intentar que todo tenga un sentido y que esté organizado a la perfección nos volvemos un poco rígidos. ¿Qué pasa si también lo hacemos con nuestras emociones? No permitiríamos que la vida fluyese; por ello, es importante contar con flexibilidad emocional.

Consiste en aceptar la perfección, incluso en descartarla como una manera de no cargar con tanta tensión. Así le damos alas a la desenvoltura, propiciando un ambiente más saludable, consiguiendo así una mayor calidad de vida.

Te invitamos a hacer un recorrido por la flexibilidad emocional. Te contaremos de qué se trata, cómo lograr contar con ella y cuáles son los beneficios de hacerlo.

“Ser flexible es ser capaz de ser uno mismo, y que la autoestima se muera de risa”.

-Walter Riso-

¿Qué significa la flexibilidad emocional?

Es la capacidad con la que contamos para adaptarnos a las circunstancias emocionales. Entonces, consiste en la habilidad para dejar fluir nuestras emociones y ser tolerantes ante los cambios; esto debe darse en diferentes contextos.

En otras palabras, es el arte de ajustarnos emocionalmente a los acontecimientos que se presentan. Además, se trata de una habilidad difícil de practicar y conseguir, debido a que en la vida se están generando constantes cambios, y puede resultar agobiante descartar por sistema una buena solución para ir a por la mejor.

Sin embargo, es posible, lo importante es intentar ser asertivos para que nuestras emociones siempre cuenten con un espacio para respirar.

Mujer sonriendo con los ojos cerrados pensando en las consecuencias negativas de la automatización

¿Cómo lograr ser flexibles a nivel emocional?

Hay diversos caminos para aumentar la tolerancia emocional. Si ese es el camino que quieres emprender, te facilitamos algunas estrategias para ayudarte:

  • Soltar para hacer más liviano el camino. ¿Por qué aferrarnos a aquello que nos hace daño? Dejar a un lado lo que te resulta tóxico nos libera, y permite ajustarnos mejor ante los cambios que lleguen.
  • Ser consciente de que cada emoción tiene su valor. Alejarlas nosotros no es saludable, pues cada una cumple con una función; cada una cuenta con una energía de la que nos podemos nutrir y de un mensaje del que podemos aprender.
  • Cultivar la resiliencia. Se trata de la capacidad de salir adelante ante los problemas. Por más frustrados que estemos, podemos transformar esos sentimientos en valentía y esfuerzo, que después vendrán recompensados con grandes momentos.
  • Aprender del pasado. Hay momentos en los que es fácil perder el control; si aprendemos de ellos, podremos utilizar esta enseñanza preventiva que nos advierta lo que podría llegar a suceder si seguimos los mismos pasos.
  • Adiós remordimiento. El sentimiento de culpa agota, y hace que nos quedemos en el pasado. Si bien es importante aprender, no es sano que nos quedemos aferrados a algo que ya sucedió y no podemos cambiar.
  • Abracemos nuestros miedos. Es difícil que el miedo no surja ya que constituye la parte más potente de nuestro sistema de alarma. Entonces, en vez de hacer la vista gorda, es decir, hacer como si no existieran; más bien, abracémoslos, entremos en contacto profundo con ellos; conocer sus origen también hará que nos conozcamos mejor nosotros.
  • Démonos permiso. Se trata de dejar fluir las emociones. De permitirles que estén, y convivir con ellas.
  • Cultivar relaciones sanas. Para esto hace falta echar mano de nuestro autoconocimiento y autoestima, si nos otorgamos valor y sabemos cómo somos, podremos ser más flexibles y forjar relaciones que estén basadas en esta habilidad. Además, es fundamental que nos rodeemos de personas que no resulten tóxicas, pues esto debilita nuestra flexibilidad emocional.
  • Realizar actividad. Por ejemplo, el deporte nos ayuda a estar más centrados y a sentirnos mejor gracias a los neurotransmisores y endorfinas que liberamos al hacerlo. Y, el arte nos permite transformar nuestras angustias en algo que resulte agradable.

Por otra parte, debemos recordar que no contamos con todas las respuestas. Por ello, es esencial que le concedamos un espacio también a lo subjetivo, escuchando las opiniones de los demás. Su verdad, en este sentido, siempre mejorará la nuestra.

Tampoco hay que olvidar que en ocasiones hay que liberar el control emocional. No pasa nada por llorar, por gritar o por reír. Ser irracionales, descubrimos irracionales y contradictorios nos hace bien. Al asumirnos, la disonancia dejará de amenazarnos, reclamando el derecho a actualizar en el presente aquello que hacemos o pensamos sin que por ello nadie adquiera el derecho de juzgarnos.

Para disponer de nuestra flexibilidad emocional, también hace falta que estemos conectados con nuestros pensamientos y acciones. Para ello, podemos contar con prácticas diversas, por ejemplo: mindfulness y autocompasión.

De hecho, Shadi Beshai, Jennifer L. Prentice, y Vivian Huang, en un artículo llamado “Building blocks of emotional flexibility: Trait Mindfulness and Self-Compassion Are Associated with Positive and Negative Mood Shifts“, publicado en la revista Mindfulness, muestran un estudio en el que encontraron que la atención plena y la autocompasión actúan como agentes protectores frente a las caídas del estado de ánimo y los cambios de humor.

Mujer haciendo burbujas sintiendo nostalgia

¿Cuáles son los beneficios de contar con flexibilidad emocional?

Las ventajas que podemos llegar a tener cuando hacemos de la flexibilidad emocional una habilidad presente en nuestras vidas, son las siguientes, entre otras:

  • Mayor autoconocimiento.
  • Incrementa nuestro autoestima.
  • Mayor gestión emocional.
  • Incrementa nuestra tolerancia.
  • Mayor capacidad de atención plena.
  • Aumenta nuestra autocompasión.
  • Mejora la relación con los demás, con nosotros y con el medio ambiente.
  • Mejora la capacidad que tenemos para tomar decisiones.
  • Constante aprendizaje.
  • Hay liberación de tensiones.
  • Mayor capacidad de resiliencia.
  • Disminuyen las relaciones y ambientes tóxicos.

En resumen, la flexibilidad emocional se puede resumir como la capacidad para asumir que el abanico de emociones que nos puede invadir es amplio, del que casi siempre emana una mezcla emocional y no una emoción pura.

Así, tiene mucho que ver con la aceptación sin juicio, con la honestidad con uno mismo, con una inteligencia emocional que nos une a lo más primitivo, y quizás rico, de nuestra naturaleza.

Cultivarla nos ayudará a ver cada emoción como única y valiosa. También a saber en qué momento es mejor o no expresarla, y a transformar los momentos de caos en instantes de armonía; así, nos encaminaremos hacia una mejor calidad de vida.

  • Beshai, S., Prentice, J.L., & Huang, v. (2018). Buildinf blocks of emotional flexibility: Trait mindfulness and self-compassion are associated with positive and negative mood shifts. Mindfulnees, 9 (3), 939-948.