Frenología: el tamaño importa

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 15 septiembre, 2018
Francisco Pérez · 15 septiembre, 2018

La frenología alude a un conjunto de hipótesis que hoy descartamos, pero que en su día levantaron un gran revuelo, y es que lo que planteaban en una idea que intuitivamente es muy apetecible: relacionar el tamaño con la capacidad. Para entenderlo, pensemos que el cerebro está estructurado de manera que sus distintas partes son responsables de funciones diferentes.

Así, las distintas partes del cerebro controlan funciones diferentes. Estas partes, además, se definen por la configuración de su propia estructura.

Sin embargo, los especialistas en frenología consideraban que el tamaño del área cerebral “dedicada” a una función concreta era proporcional a la importancia de dicha función mental. También pensaban que la craneometría (medición del tamaño y forma del cráneo) reproduce la forma del cerebro. Por lo tanto, también reproduciría todas las funciones humanas.

En tercer lugar, los frenólogos también pensaban que las funciones morales e intelectuales tenían un carácter innato. Pero, ¿cuánto hay de cierto en todo esto?

Historia de la frenología

Las raíces de la frenología se remontan, al menos, a la Grecia antigua y posiblemente incluso a épocas anteriores. Muchos de los que manejaban su ideario eran básicamente fisionomistas, es decir, personas que determinan la naturaleza de las cosas a partir de su forma.

El sistema moderno fue desarrollado por Franz Gall, que publicó su tratado de frenología en 1819. Gall consideraba que su mapa de la cartografía cerebral relacionaba las áreas cerebrales denominadas órganos con funciones específicas (facultades).

Franz Gall

En 1896, Sizer y Drayton publicaron un manual de frenología titulado “Cabezas y caras: introducción a su estudio”. En este libro se ilustraba la manera de reconocer a los idiotas y a los poetas, así como también a las personas con un carácter criminal en comparación con las personas honradas.

Sin embargo, durante la época victoriana la frenología se tomó muy en serio. Los bustos, moldes de escayola, revistas y máquinas aplicados en este sentido sobreviven todavía. En esta época había consultas de frenología y también escuelas, alimentos y médicos especializados en esta materia.

Todos ellos medían con entusiasmo las cabezas. El tamaño de la cabeza indicaba el tamaño del cerebro que, a su vez, estaría asociado a la capacidad mental y el temperamento. O al menos así lo creían los defensores de la frenología.

El tamaño importa

La cabeza del hombre medio debía tener aparentemente un tamaño de 55,9 cm mientas que la de la mujer debía ser entre 1,3 y 1,9 cm menos. El tamaño de la cabeza estaba relacionado de manera positiva con la capacidad cerebral e intelectual, excepto en las personas con hidrocefalia.

Sin embargo, la configuración de la cabeza era todavía más importante que su tamaño. Todos estos especialistas consideraban que una buena craneoscopia indicaba la posesión de talentos especiales. Los frenólogos establecían diagnósticos y predicciones respecto a los motivos, las capacidades y los temperamentos.

La lectura de la cabeza

La tradicional “lectura de la cabeza” se iniciaba mediante la consideración de su configuración global. Una cabeza redondeada indicaba supuestamente una naturaleza fuerte, confiada, valerosa y, en ocasiones, impaciente.

La cabeza cuadrada revelaría una naturaleza sólida y fiable, profundamente racional y decidida. Por otro lado, un perímetro craneal considerable sugeriría un carácter enérgico y extravertido. La cabeza estrecha señalaría una naturaleza más retraída e introspectiva. La configuración ovoide indicaría un carácter intelectual.

El frenólogo pasaba suavemente y de forma firme sus dedos sobre el cráneo de otra persona para conocer su forma. Tenía que medir el tamaño individual de cada facultad y su prominencia en comparación con las demás partes de la cabeza.

Como el cerebro está conformado por dos hemisferios, cada facultad podría estar duplicada. Así, el frenólogo evaluaba ambos lados del cráneo. Una facultad desarrollada menos que las demás indicaría la ausencia de dicha característica concreta en la personalidad.

Por el contrario, una facultad que estaba bien desarrollada indicaría que la persona poseía dicha característica con un grado considerable. El frenólogo consideraba que la cabeza tenía más de cuarenta regiones, aunque ello dependía del sistema utilizado para su evaluación.

Figura con zonas de cabeza señaladas

Crítica a la frenología

A pesar de la popularidad alcanzada, la corriente dominante de la ciencia siempre la consideró una pseudociencia. La idea de que los bultos de la cabeza están relacionados con la estructura de la personalidad y con el desarrollo moral fue considerada como un auténtico disparate. Nunca se llegó a demostrar ninguna de estas ideas en un estudio serio.

En el momento presente, las pruebas aportadas por la neurociencia han demostrado que muchas de las afirmaciones de la frenología eran fraudulentas. Hablamos, por lo tanto, de unas hipótesis que quizás pudieran parecer lógicas, pero que en la realidad están lejos de cumplirse.