Funny Games: ¿cómplices pasivos de la violencia?

06 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Funny Games es una película de Michael Haneke que nos confronta con un nuevo tipo de violencia. Se trata de un thriller psicológico que implica al espectador en el asalto a un matrimonio y su hijo en una idílica casa de vacaciones.
 

Funny Games es una película estadounidense de Michael Haneke y una réplica totalmente fiel de la versión austríaca estrenada en alemán del mismo título y director en 1997. La película trata sobre el asalto de dos jóvenes a una familia en vacaciones.

Podría ser un thriller violento como cualquier otro, pero no es la trama lo que hace especial a Funny Games. Es la lección que se quiere dar a los espectadores, criticando el masivo entretenimiento violento e insípido de muchas producciones cinematográficas que se cuelan en nuestros hogares.

Funny Games hace una crítica a las diversiones vulgares y violentas, una especie de tratamiento para un público obsesionado por el consumo casual de imágenes de sufrimiento.

Funny Games (tanto en su versión austríaca como en su remake americano) pretende hacer comprender al espectador hasta qué punto es cómplice habitual de la violencia de la que es testigo. En su entorno o como espectador de cine.

Funny Games: una historia de violencia poco convencional

La película comienza cuando Ann y George (Naomi Watts y Tim Roth) conducen hacia su casa de verano a través del país con su hijo pequeño, Georgie (Devon Gearhart). Durante su viaje con su Land Rover, escuchan un CD de ópera. Al llegar, remolcan su encantador velero de madera.

Mientras se instalan en su casa de vacaciones, dos jóvenes bien hablados, pero extraños, aparecen en su puerta. Sus modales impecables y la aparente membresía del club de los blancos ricos les permite acceder fácilmente a su casa. Y aquí comienza la pesadilla.

 

La familia se enfrenta a dos sociópatas jóvenes y bien hablados, que en el transcurso de la noche siguiente los atormentan con un cuchillo, una pistola, un palo de golf y unos modales impecables.

Estos tipos se dirigen entre ellos de manera diversa. A veces, como Peter y Paul; otras como Tom y Jerry o Beavis y Butt-Head. Son interpretados por Michael Pitt y Brady Corbet.

¿Quiénes son estos sociópatas?

Peter y Paul funcionan sin un motivo o afecto identificable. Cuando George, el padre, en una escena de la película le pregunta a uno de ellos que por qué está siendo tan cruel, el personaje responde con respuestas que parodian el tipo de historia fácil que el espectador espera.

Alude a su infancia infeliz, a una inestabilidad sexual, al resentimiento de clase o la mala educación. Todo es típico, esperable y no explica nada. Haneke se ríe aquí de los argumentos simples para explicar la psicología de los personajes desde los mass media.

Peter y Paul usan guantes blancos inmaculados mientras realizan sus terribles actos. En algunas ocasiones, el Sr. Pitt se dirige a la audiencia directamente, burlándose de nosotros por apoyar la supervivencia de Anne y George.

En la película, se hacen pequeñas alusiones a la complicidad que va adquiriendo el espectador con la violenta trama que está ocurriendo.

Hay guiños explícitos de los actores a cámara mientras se está manipulando a las víctimas en un macabro juego en pantalla. La recreación de una escena habitual en la cocina imitando lo que muchos de nosotros hacemos al consumir cine violento, convirtiéndolo en algo liviano.

 

«¿Por qué no nos matas y terminas de una vez?» expresa el personaje maltratado de George. La respuesta de su torturador es: «¿Qué pasa entonces con el entretenimiento?». Mientras, nosotros estamos implicados en el horrible espectáculo.

¿Qué busca Funny Games?

Michael Haneke es un director de cine austríaco que nos tiene acostumbrados a un rodaje de historias poco convencionales, con un entretenimiento ligado en todo momento a la reflexión de sus secuencias.

La violencia de Haneke no es divertida, ni elegante, ni sexy, ni siquiera particularmente dramática, sino que es simple e implacablemente desagradable. Ni siquiera hay desarrollos reales de la trama para dispersar o desviar la agonía.

El objetivo de Funny Games es confrontarnos con nuestro gusto hipócrita por la violencia de Hollywood moderna en sus diversos géneros. Vemos la violencia en la pantalla como algo lejano, de pasada, ajeno a nuestra cotidianidad.

La película nos muestra que no existe perfección familiar, residencial o laboral que nos aleje suficientemente de una situación de peligro. No estamos preparados para reaccionar ante lo que seríamos tremendamente vulnerables, humanos. Nada que ver con la perfección hollywoodense.

Escena en el salón de Funny Games
 

Nuestra ingeniudad y complicidad con la absurda violencia efectista del cine

Haneke quiere ponernos en evidencia e intenta cumplir su deseo adelantándose a las conclusiones de nuestras reflexiones. Comprobar cómo todas nuestras deducciones parecen ser un producto más de “arduos” años de visionado de cine con carácter violento de corte comercial.

Es por eso que la película nos engaña, en especial con las pistas que creemos que serán relevantes para que la familia pueda “liberarse” del drama que está viviendo. Pistas o indicios que suelen estar asociadas a otras películas de violencia. Nada más lejos de la realidad, porque esas pistas no adquieren relevancia a lo largo del film.

El fin de los mitos

Las agresiones no son lógicas o esperables. Los roles de género se invierten, la escapatoria del lugar de los hechos no es heroica ni el fin de los personajes está cargado de misterio. La escapatoria, algo que da siempre tanto juego a lo largo de la trama, es absolutamente impedida y golpeada desde el comienzo.

Es una violencia seca, sin adornos, carente de recreaciones innecesarias en la pantalla. Es una violencia que se recrea en nuestra psicología porque precisamente la desafía en base a lo que nos enseñan los medios.

Funny Games resulta imperdible si quieres un desafío con tus patrones cinéfilos habituales y evitable si lo que deseas es consumir cine con dosis de violencia en tu rol de espectador habitual.