Gala, biografía de una musa

Edith Sánchez · 9 noviembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 6 noviembre, 2019
Gala Dalí fue una escritora y artista excepcional, aunque ensombrecida por sus esposos: Paul Éluard y Salvador Dalí. Hoy sabemos que tuvo un papel fundamental en la labor creativa de sus esposos.

Aunque la figura de Gala Dalí suele asociarse con la de la musa de grandes artistas, lo cierto es que fue mucho más que eso. No era exactamente una de esas bellezas que desatan suspiros, sino algo bastante más letal. Gala era una mujer dotada de una inteligencia y un talento excepcionales, aunque la historia quiso enmarcarla siempre a la sombra de los hombres y solo gracias al paso del tiempo, hemos podido redescubrirla. 

Gala fue también una mujer que supo ser leal a sí misma en un tiempo en el que era más rentable adherirse pasivamente al destino prediseñado para las mujeres. A diferencia de muchas de sus contemporáneas, no fue hipócrita, ni tampoco renunció a ser quien era. Quizás, por eso causó tanto impacto en los surrealistas, de los cuales era prácticamente la única representante femenina.

“Todo buen pintor que aspire a crear auténticas obras de arte, antes de nada debe casarse con mi esposa”.

-Salvador Dalí-

La fama le llegó a raíz de su matrimonio con Paul Éluard y, posteriormente, por su enlace con Salvador Dalí. Su influencia fue definitiva en ambos. Conoció a los dos artistas como la promesa de lo que podían ser y a ambos los convirtió en una fulgurante realidad.

El propio Dalí le otorgaba cierto crédito por sus aportes. De ahí que haya decidido firmar muchos de sus cuadros como “Gala Salvador Dalí”. No era un acto de amor, sino de reconocimiento artístico.

Gala

De Elena a Gala

El nombre inicial de Gala Dalí fue Elena Ivánovna Diákonova. Había nacido en Kazán, una localidad del imperio ruso, el 7 de septiembre de 1894.

Su familia estaba compuesta por intelectuales y apasionados de la cultura. Este ambiente influyó en ella desde muy joven, creció entre libros y las lecturas en voz alta de su padre que marcaron su infancia. Era una excelente estudiante y una enamorada de los autores clásicos de su país.

Fue profesora particular durante un tiempo. Cuando tenía 19 años, contrajo tuberculosis y fue enviada a un sanatorio de Clavadel, cerca de Davos (Suiza). Al llegar allí, se sintió como en casa. Durante su convalecencia conoció a varios poetas, como Manuel Bandeira y Paul-Eugène Grindel, quien luego se convertiría en Paul Éluard y también en su primer esposo.

Éluard quedó fascinado con esta rusa que parecía comprenderlo todo. La veía como un ser enigmático, que lo colmaba por completo.

Al salir del sanatorio, Gala fue nuevamente a su casa en Rusia. Desde allí, entabló una furibunda correspondencia con Éluard. Más tarde, se reunió con él en Francia y se casaron en 1917; el matrimonio tuvo una hija, Cecil, pero Gala nunca quiso hacerse cargo de ella.

El surrealismo

La primera publicación de Paul Éluard tuvo como prologuista a Gala, quien usó un seudónimo para ello. Hacia 1919, los dos se integran al círculo intelectual francés, básicamente compuesto por surrealistas. Se convirtió en una inspiración para todos ellos. Era la única mujer del grupo y Victor Crastre llegó a decir que ella que era una “bruja seductora que amenaza con arrojar la manzana de la discordia en el grupo”.

Se convirtió en amante del pintor alemán Max Ernst, con el auspicio del propio Éluard. Este último, junto con Gala, Luis Buñuel y René Magritte viajaron a Cadaqués en 1929 para conocer a Salvador Dalí. En ese entonces, Dalí no era más que un joven pintor, amigo del galerista Goemans, que también acompañaba al grupo.

Dalí poseía una creatividad desafiante y eso fascinó a Gala. Era un viaje sin retorno. Ella se divorció de Paul Éluard ese mismo año y desde entonces estuvo al lado del pintor catalán hasta su muerte. Para Dalí también marcó un momento decisivo, con ella a su lado, dejó de ser un creativo inconstante y se convirtió en el genio que luego dicen que fue.

Salvador Dalí

Una mujer genuina

Gala dejó a Paul Éluard, un poeta que ya era muy celebrado por sus coetáneos y se embarcó en una aventura impredecible con el entonces desconocido Dalí. Este también dejó todo por ella y, como consecuencia, le propició grandes enemistades .

Gala era diez años mayor que él, además, su temperamento fuerte no le granjeaba muchas simpatías. Ella, en todo caso, no fue solo su musa, sino principalmente su interlocutora en el proceso creativo.

Los dos trabajaban juntos y se complementaban maravillosamente bien. En realidad, ella fue la coautora de su obra y así siempre lo reconoció el pintor. Le regaló el castillo de Púbol, lugar en el que la musa pasó muchas primaveras y que, finalmente, se convertiría en la tumba de Gala. Ni siquiera el propio Dalí podía entrar allí si no era invitado.

Los dos mantuvieron una relación abierta que permaneció incólume hasta que ella murió el 10 de junio de 1982. Gala hizo una autobiografía, que no se publicaría hasta el año 2011. Dalí quería que lo sepultaran a su lado, en el castillo de Púbol, pero esto no fue posible debido a un incendio que destruyó el predio.

Sea como fuere, la figura de Gala se ha visto, por muchos años, vinculada a la del hombre, a la mujer detrás del artista. Sin embargo, hoy podemos saber que, como advertía Dalí en vida, Gala era algo más que una musa, era su compañera en la aventura artística. Y, sin duda, fue una mujer bastante atípica, intelectual y un deleite para los surrealistas.

Soriano, M. F. (2008). Salvador Dalí y el psicoanálisis,(de Galo a Gala). Intercambios, papeles de psicoanàlisis/Intercanvis, papers de psicoanàlisi, (21), 49-56.