Galeno, biografía de un médico brillante

Edith Sánchez·
12 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
12 Junio, 2020
Galeno es reconocido por una curiosidad que transformó en valiosas investigaciones. En una época en la que se carecía casi por completo de medios diagnósticos y de saberes en biología, logró establecer ideas y principios que articularían la práctica médica durante siglos.

El nombre de Galeno está tan estrechamente ligado a la historia de la medicina que en la actualidad todos los médicos, de alguna manera, reciben su nombre. Después de Hipócrates, se le considera el más célebre representante del campo de la salud en la antigüedad. Sus aportes fueron determinantes para las ciencias médicas, tal y como se conocen hoy en día.

Los conceptos de Galeno guiaron la medicina durante más de mil años. Sus estudios sobre el cuerpo humano sentaron las bases de toda la anatomía. Dentro de sus múltiples aportes está el de haber descubierto que por las venas no circulaba aire, sino sangre. También la descripción de las válvulas del corazón, las funciones del riñón y la vejiga y algunas nociones básicas del cerebro.

Galeno también fue uno de los primeros en presenciar y describir una epidemia. Fue testigo de primera línea de la peste Antonina, también conocida como “la peste de Galeno”. La misma partió en dos la historia del mundo antiguo y, aunque los médicos nunca la entendieron del todo, dejaron importantes datos sobre la misma.

La costumbre es una segunda naturaleza”.

-Galeno-

Venas del sistema circulatorio

Galeno, ¿un predestinado?

Galeno nació en el año 129 o 130 de nuestra era, en Pérgamo, una ciudad que entonces estaba bajo el dominio griego y que hoy en día forma parte de Turquía. Nuestro médico nación en el seno de una familia aristocrática y adinerada. Su padre era Aelius Nicón, un próspero arquitecto y terrateniente. De su madre se sabe poco, excepto que tenía un temperamento difícil.

Los padres de Galeno, en todo caso, se preocuparon porque su hijo tuviera una educación sólida. Se dice que su padre soñó una noche con Asclepio, o Esculapio, dios de la medicina. En ese sueño, el dios en persona le decía que su hijo debía estudiar medicina. Sea por esta razón o por otra, el padre lo animó a que siguiera esa profesión.

Inicialmente Galeno estudió en el Aesculapion de Pérgamo, que era algo así como un templo curativo. Allí se combinaban los conocimientos médicos de la época con las creencias religiosas. Después, el futuro médico fue a estudiar en Esmirna y Corinto, donde se familiarizó con la obra de Hipócrates, la cual influyó decisivamente en su formación.

Un médico destacado

Más adelante, Galeno fue a Alejandría, que por entonces era la verdadera meca del conocimiento. Allí completó su formación, principalmente en anatomía y fisiología. En esa metrópoli era posible hacer disección de los cadáveres y esto le permitió comprender mejor el funcionamiento del cuerpo humano.

Volvió a su ciudad natal cuando murió su padre. Allí se convirtió en médico de la escuela de gladiadores y esto le permitió familiarizarse con los golpes y las heridas. Estuvo ejerciendo esa labor durante aproximadamente cuatro años, mientras crecía su fama de sanador eficaz.

En el año 162 fue a vivir a Roma, “la capital del mundo” en ese entonces. Allí creció su prestigio, al punto que llegó a convertirse en el médico personal de varios emperadores: Marco Aurelio, Cómodo y Septimio Severo. Su estancia en Roma le permitió dar rienda suelta a su faceta de investigador; se cree que durante esa época escribió cerca de 400 obras, de las cuales solo 150 se conservaron.

Marco Aurelio
Marco Aurelio

Una impronta definitiva

En Roma estaban prohibidas las disecciones, por lo que Galeno tuvo que hacer sus investigaciones con animales, a veces vivos, a veces muertos. Esto, en todo caso, hizo posible que él comprendiera funcionamiento básico de los riñones y de la médula espinal. Desafortunadamente, buena parte de su obra se quemó en un incendio, en el año 171.

Su principal obra fue Methodo medendi, o Sobre el arte de la curación, un tratado que estuvo plenamente vigente durante 15 siglos. La obra de este médico también se considera la base esencial de la farmacopea. Una de sus grandes virtudes es la de haber sido un experimentador consagrado; es decir, un hombre de ciencia que buscaba evidencias para construir los conocimientos a partir de ellas.

Galeno era también un convencido de que los conocimientos médicos no podían surgir ni ejercerse si no iban acompañados por una ética profunda. Pensaba que la medicina era, ante todo, un arte filantrópico. Creía que el médico debía ser virtuoso y disciplinado, y que ante todo debía caracterizarse por su templanza.

Antes de morir, este famoso médico volvió a su patria, Pérgamo, donde falleció hacia año 216. A buen seguro, sin Galeno, ni la medicina ni la química farmacéutica habrían avanzado tan rápido en su conocimiento.

Rodríguez, R. M. M., & Ballester, L. G. (1982). El dolor en la teoría y práctica médicas de Galeno. Dynamis: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, 2, 3-24.