¿Qué hay detrás de la obsesión de las grandes fortunas por acumular dinero? - La Mente es Maravillosa

¿Qué hay detrás de la obsesión de las grandes fortunas por acumular dinero?

Alicia Escaño Hidalgo 10, Marzo 2017 en Psicología 1013 compartidos
Hombre llenando el bolsillo de billetes

Seguro que cada uno de nosotros tiene en mente algunos casos de grandes riquezas que, debido a su excesivo apego al dinero, han tenido finalmente destinos lamentables. Engaños, corrupciones, cárcel o deudas son algunas de las consecuencias que la obsesión por el dinero puede sembrar en nosotros.

Se conoce como crematomanía a esa obsesión que padecen algunas personas por acumular riquezas y posesiones. Quienes la sufren supeditan cualquier interés al de ganar más y más. La familia, los amigos, la pareja e incluso uno mismo dejan de tener tanta relevancia para la persona cuando aparece una posibilidad de aumentar los ingresos o las posesiones.

Su mente está instalada en la idea obsesiva de ganar dinero, sin tener demasiado en cuenta las consecuencias que está obsesión les puede traer.
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El dinero, en su justa medida, nos ayuda a vivir mejor en un mundo dominado por el capitalismo. Pero no olvidemos que el dinero no deja de ser un trozo de papel al que se le ha otorgado un valor de intercambio. Tener el dinero suficiente para vivir dignamente es algo necesario: tenemos que alimentarnos, resguardarnos bajo un techo y vestirnos.

El problema es cuando nos sentimos tan vacíos por dentro o tan necesitados de no se sabe qué usamos el dinero para tapar vacíos emocionales.
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¿Es tan solo dinero?

El dinero supone para muchas personas un refuerzo positivo a corto plazo. Ese refuerzo alimenta las ideas obsesivas por acumular más y más. La persona que sufre de crematofobia necesita ese refuerzo positivo de forma constante, de manera que tienen la sensación de que nunca es suficiente.

Pero no solo es el hecho de ingresar grandes cantidades de dinero en su cuenta. En la sociedad en la que vivimos, el hecho de poseer más dinero está íntimamente relacionado con el éxito y el éxito, a su vez, con ser más o menos valioso como persona.

La necesidad de aprobación tan grande que poseen estas personas las lleva a realizar grandes esfuerzos, a cometer delitos o a endeudarse con el único objetivo de mostrarse exitosos y dignos de admiración de cara al exterior.
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Hombre con dinero en su camisa

Si rascamos un poco veremos que, a parte del refuerzo que supone el dinero y del reconocimiento social que necesitan estas personas, hay algo más. La adrenalina que supone llevar a cabo actos prohibidos o delictivos también se convierte en un importante reforzador. Así, actuar de manera temeraria puede suponer para estas personas una poderosa droga que distorsiona su percepción de realidad, haciéndoles pensar que así son más interesantes y atractivas.

¿Qué se consigue finalmente? Como en cualquier caso en el que el hedonismo a corto plazo gana protagonismo, estas personas terminan por perder sus valores y sus compromisos más internos. Ya nada tiene valor para ellos pero a su vez, ninguna cantidad, posesión o logro es suficiente.

Además, a la larga pierden sus amistades, pueden destrozar su familia, se inmiscuyen en problemas y terminan en la más terrible de las soledades.
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Esa necesidad obsesiva de ser aceptados y aprobados por los demás -puesto que no son capaces de hacerlo por sí mismos- les conduce directamente a la situación que tanto temen. Gracias a su profecía autocumplida se quedan solos y sin la aprobación por la que lo han sacrificado todo.

La necesidad mental que albergan nunca es cubierta del todo. Esto nos deja ver claramente que la solución a su vacío interior no está en algo tan superficial como tener más o menos dinero, propiedades o bienes.

La solución pasa por revisar su escala de valores y darse cuenta de que todo lo que de verdad necesitan ya está en sus manos.
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Ejemplos como el broker español Martín-Artajo, el Lobo de Wall Street o los casos de corrupción de políticos dan realidad al mensaje de fondo de este artículo. Lo cierto es que existen personas tan vacías por dentro que necesitan algo externo que tape esas carencias. ¿Qué puede llevar a estas personas a demandar más de lo que ya poseen? ¿Qué tipo de vida quieren llevar?

Estas preguntas nos llevan a plantearnos que más que el dinero para conseguir les interesa la imagen que piensan que proyecta ese dinero. En ellos existe una necesidad de reconocimiento, de mostrarse valiosos y poderosos ante los demás, además de la excitación que puede suponer el llevar a cabo acciones clandestinas o vedadas.

La necesidad de aprobación

La necesidad de aprobación ha motivado una gran número de conductas a lo largo de la historia. En tiempos prehistóricos, el que no era aceptado por el grupo se quedaba fuera de la cueva, con todos los peligros que esto suponía. La muerte era mucho más cercana si no éramos aceptados por nuestra comunidad.

Todo viene de aquí. Parece que esta necesidad sigue acechándonos de algún modo, aunque seamos conscientes de que sobreviviremos al margen de la aceptación de otros.
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Eliminar esta absurda pseudonecesidad supondría la curación para esta tipología psicológica. De esta forma, podrían darse cuenta de que el dinero es una ilusión: en realidad no sirve nada más que para cubrir unas necesidades materiales que ya tienen cubiertas.

Hombre máquina con ranura

Muy pocos objetos necesita el ser humano para sentirse pleno en este mundo. Cuando adquirimos algo, tiene valor hasta pasado un tiempo muy corto en el que deja de tenerlo y pensamos necesitar una versión mejorada de eso que acabamos de adquirir. Algo que saben muy bien las marcas, cuando cada cierto tiempo sacan un modelo distinto.

En el trasfondo de esto se encuentra esta necesidad: se lo mostramos a nuestro entorno, obtenemos elogios y nos sentimos felices. Aunque no olvidemos que es una felicidad efímera y llena de aire.
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No nos dejemos engañar: lo que realmente da la felicidad es sentirnos plenos con las pequeñas cosas de la vida, pero sobre todo, con el amor a nosotros mismos y la propia aceptación de cómo somos.

Alicia Escaño Hidalgo

La psicología me enseñó que ser feliz es una decisión.

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