Green Book: cuando se normaliza el racismo

Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
· 26 febrero, 2019
El galardón más codiciado ha ido a parar a las manos de Green Book, la feel-good movie protagonizada por Viggo Mortensen y Mahershala Ali. Estemos o no de acuerdo con esta decisión, lo cierto es que Green Book consigue lo que promete y nos hará disfrutar de una película divertida, pero con intención moralizante.

And the Oscar goes to… Pues sí, al final, el Óscar a mejor película ha sido para Green Book. Un galardón que muchos ya habían anticipado y que parecía acercarse un poco más cuando Roma obtuvo la estatuilla a mejor película de habla no inglesa. No todo iba a ser para Cuarón, había que repartirlo y, al final, Green Book se alzó como ganadora en la categoría reina.

Un resultado que parece no haber contentado a muchos y es que, probablemente, el galardón le quede un poco grande. Pero no por ello podemos decir que sea una mala película o que no consiga su propósito.

Green Book es políticamente correcta y nos trae algo que hemos visto infinidad de veces en el cine. No, Green Book no ha inventado nada nuevo, pero ha sabido contarlo y enamorar a los espectadores.

A todos nos gusta ver historias que nos dejen pensando, que la película juegue con nosotros. Sin importar nuestros gustos, si somos más de fantástico o de drama realista, queremos que la cinta nos sorprenda. Pero debemos reconocer que hasta el espectador más inconformista del mundo, de vez en cuando, agradece una comedia ligera o una historia que le entretenga durante una o dos horas. El cine es arte, pero no hay que olvidar que también es consumo y, por supuesto, entretenimiento.

Green Book nos hará pasar un rato agradable, nos muestra la crueldad del racismo, pero dulcificada por los valores de la amistad. El tándem formado por Viggo Mortensen y Mahershala Ali, este último ganador de un Óscar por su interpretación de Don Shirley, funciona perfectamente y nos brinda una feel-good movie que producirá más de una sonrisa.

Desde luego, si lo que queremos es reflexionar hasta el infinito y sorprendernos, GreenBook no es nuestra película; pero es de esos filmes que verías en un día gris y aburrido para desconectar o endulzar un poco tu vida.

Green Book: dos personajes muy humanos

Green Book toma una historia real como punto de partida: la relación entre Tony Lip y Don Shirley. El primero es un italoamericano residente en el Bronx; de origen humilde, vive junto a su esposa y sus dos hijos. Tony pierde su empleo y se sumerge en una nueva aventura, convirtiéndose en el conductor de Don Shirley, un músico negro al que acompañará en su próxima gira.

Shirley es un hombre que adora la cultura elevada. Su condición de músico reconocido le ha otorgado cierta diferencia respecto al resto de la comunidad negra; sin embargo, tampoco encaja del todo entre los blancos. El racismo está tan normalizado que ni siquiera su estatus podrá salvarlo. Tony, por el contrario, es rudo, pero un buen conocedor de otra cultura: la popular.

Los enfrentamientos entre ambos no tardarán en llegar, ya sea por sus prejuicios o porque ninguno de los dos se esfuerza por salir un poco del molde en el que vive. Estos dos personajes responden perfectamente a tipos, no son personajes nuevos, sino que los hemos visto en otros filmes. Pero lejos de ser planos y aburridos, cobran vida gracias al buen hacer de los actores, convirtiéndose en personajes muy humanos.

El negro es el rico y educado, mientras el blanco pasa ciertos apuros económicos y peca de ignorante. Aunque esa ignorancia también es relativa, Tony sabe cosas que Don desconoce y viceversa. Uno se desenvuelve a la perfección en ambientes elitistas y cultos, pero el otro sabe manejarse bien en la calle y en la vida cotidiana.

Los conflictos para Shirley no tardarán en llegar y se darán incluso en situaciones en las que él debería ser «el rey». La película tiene muy claro el mensaje que pretende transmitir: no al racismo. Con una acertada música de fondo y través de kilómetros de carretera y hoteles que segregan por condición racial, Green Book construye una historia con moraleja, que transmite buen rollo y buenos sentimientos.

Don y Tony se complementarán a la perfección, superarán las distintas adversidades que se presenten y la comedia con tinte dramático hará el resto. Sí, todo es muy predecible, pero Green Book no busca sorprender a nadie.

Los dos personajes resultan muy interesantes y no hay duda del valor de sus intérpretes. Gracias a ellos, lo que tenemos es una historia en la que la humanidad tiene más peso que los prejuicios. Ambos tienen mucho que aprender del otro, Shirley deberá dejar a un lado ese esnobismo que utiliza como máscara, mientras Tony aprenderá una buena dosis de modales y se irá alejando de los prejuicios.

Amigos en la barra del bar

El racismo normalizado: el gran enemigo

¿Qué ocurre cuando el racismo se normaliza y forma parte de las propias instituciones? Con una sonrisa y sin ser conscientes de que están siendo racistas, las personas lo adoptarán como forma de vida, como parte de sus valores y cultura.

Green Book nos muestra la cara más normalizada del racismo en los años 60 en Estados Unidos. Nadie se cuestionaba por qué los negros debían alojarse en hoteles distintos, por qué no podían utilizar el mismo baño que un blanco o por qué no podían acudir a determinados restaurantes.

¿Y si el negro en cuestión es importante? ¿Y si tiene más poder que cualquiera de los blancos que hay a su alrededor? Entonces, con una alegre y simpática sonrisa, le invitarán para que demuestre sus aptitudes y, llegado el momento, lo apartarán amablemente. Porque un negro nunca será un blanco y, de acercarse, deberá demostrar constantemente su talento.

A Don Shirley le pagan por tocar en salones de personas adineradas, educadas y exquisitas, capaces de admirar su talento, pero es mejor que no trate de mezclarse con ellos más allá de la exhibición.

La hipocresía de los más cultos, de aquellos que dicen abrazar las diferencias, pero saben que hay un límite que jamás podrán cruzar. Esas personas sabias que critican el racismo, el machismo o la homofobia, pero que también son elitistas y no dejarán que su élite se tambalee. Y lo harán de forma inconsciente, porque se toma como algo normal y completamente inofensivo. La cultura elevada, por desgracia, siempre ha sido un tanto elitista.

Amigos comiendo

Y ese elitismo se le contagia a Don Shirley en su afán de superación, de no ser un negro más; aunque, en el fondo, es consciente de su realidad. Por otro lado, Tony Lip, con sus dudosos morales, tampoco encaja en esa élite a pesar de ser blanco. Él también lleva su etiqueta, la de italoamericano, descendiente de inmigrantes y, por consiguiente, de clase obrera. Pese a su aparente incultura, él también puede disfrutar de la música e incluso de las buenas palabras.

Todo este discurso se refleja en Green Book y, al mismo tiempo, podemos trasladarlo a nuestra propia realidad. Bien es cierto que esta segregación ya no se sufre en nuestros días de la misma forma, pero los rastros de un racismo institucionalizado no se borran con facilidad.

Pensemos, por un momento, en nuestras universidades, ¿hay realmente diversidad? Seguramente, muy poca. No vivimos en los Estados Unidos de los 60, pero todavía vivimos en un mundo en el que se excluye por procedencia, género, orientación sexual, etc.

Green Book no pone el dedo en la llaga, no nos muestra la imagen más cruda del racismo, pero sí la más normalizada, silenciosa y, tal vez, la más peligrosa. Por ello, aunque no nos brinda nada nuevo, nos transmite un mensaje que, por desgracia, es atemporal. Ya no es el «no al racismo», es el no a la discriminación sea del tipo que sea.

Si merecía o no el Óscar a mejor película es otra cuestión. Tampoco podemos afirmar que sea una película imprescindible y absolutamente necesaria, pero logra su propósito: nos transmite ese buen rollo que pretende y nos sacará más de una sonrisa.

«Jamás ganarás con la violencia. Solo ganarás cuando mantengas tu dignidad».

Green Book