¿Hasta qué punto podemos cambiar nuestra personalidad?

Julia Marquez Arrico · 13 octubre, 2017

¿Cuántas veces escuchamos a alguien explicar que no puede cambiar porque “es así”? ¿Cuántas veces has sentido que no puedes actuar de manera diferente porque existen como ciertas inclinaciones dentro de ti? En todos estos casos, estamos hablando sobre tu personalidad: el conjunto de rasgos que nos definen y nos hacen únicos. Pero…, ¿hasta qué punto podemos cambiar nuestra personalidad?

La personalidad no es algo definido completamente por nuestros genes, y gracias ello podemos intervenir y lograr cambios. De hecho, si tú mismo haces un pequeño ejercicio y miras atrás, te darás cuenta de que conservas partes de tu personalidad y otras no. Quizás ahora eres más amable o más arisco, más ordenado o más anárquico, más melancólico o más animoso, etc.

Por ello, y como se trata de un concepto tan importante en psicología, en este artículo hablaremos sobre qué es la personalidad y cómo podemos influir de manera consciente en los cambios que se produzcan en ella.

¿Qué es la personalidad?

Existen varias definiciones de personalidad, demasiadas en realidad. Sin embargo, la mayoría coinciden en que la personalidad es un constructo psicológico que se refiere al “grupo de rasgos (características psíquicas) que tiene un individuo y que determinan sus tendencias de comportamiento, pensamiento y emoción“.

Dentro de todos los rasgos de personalidad que existen, podemos encontrarnos con dos tipos: los rasgos de temperamento y los rasgos de carácter. Mientras que los rasgos de temperamento son tendencias de comportamiento que tienen una mayor carga genética y biológica (nacemos con esas características), la definición o concreción de los rasgos de carácter sería más bien el resultado de la interacción entre la persona y el ambiente.

Rostro femenino representando a las personas más inteligentes

A modo de resumen, dentro del grupo de rasgos de temperamento encontramos algunos que son básicos y universales como la Búsqueda de Sensaciones, Evitación del Riesgo, Impulsividad, Actividad y Persistencia. Y por otro lado, en el grupo de rasgos de carácter se encuentran la Autodirección (confianza y capacidad para dirigir el comportamiento metas valiosas para uno mismo), Cooperatividad, y Trascendencia (gusto por lo estético y espiritual).

Todos estos rasgos, tanto los de temperamento como los de carácter dan forma a la personalidad y nos diferencian de los demás. Dicho de otro modo, todas las personas tenemos estos rasgos y nos diferenciamos en función de cuán marcado tenemos un rasgo u otro. En psicología, técnicamente, no decimos que alguien no tiene impulsividad o que sí tiene persistencia. Más bien, decimos que alguien tiene muy baja impulsividad o muy alta persistencia, porque los rasgos son conceptos graduales.

“Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior. Lo que importa es lo que elegimos potenciar”.

-H.K. Rowling-

¿Podemos cambiar nuestra personalidad?

La respuesta es muy clara: sí, podemos cambiar nuestra personalidad y además influir en la dirección y el grado en el que queremos que se produzca la trasformación. A pesar de que una parte de la personalidad es heredada, no se trata de una configuración genética definitiva, como en el caso de algunos síndromes (por ejemplo: X Frágil o Síndrome de Down). Y como la personalidad uno de los filtros que utilizamos para relacionarnos con el mundo, y el mundo es un entorno cambiante, se trata de un sistema que posee capacidad de cambio.

Los rasgos de carácter son más fáciles de cambiar: la influencia genética sobre ellos es menor y se han desarrollado (principalmente) al interactuar con el ambiente. Cuando en terapia se busca un cambio de rasgos que son temperamentales, como la impulsividad, la persona suele experimentar una mayor resistencia al cambio. Sin embargo, con perseverancia y dedicación, en muchos casos se consiguen resultados positivos.

Aunque se trate de una persona de edad más avanzada, cambiar la personalidad es posible. Lo que suele ocurrir es que cuanto mayor es la persona, más resistencia al cambio suele existir: lo que se está buscando es cambiar la manera de ser, aquella manera con la que nos identificamos y nos reconocemos a nosotros mismos. Esa misma que ha sido “cocinada” a fuego lento durante años.

Por este motivo, muchas veces la persona evita cambiar algunos rasgos de su personalidad, y se excusa en su edad o en que “es así y lleva siéndolo toda la vida”. ¡Pero estas son excusas! Cambiar la personalidad es posible, se tenga la edad que se tenga, y los límites de estos cambios los pone la propia persona implicada. Dicho esto, ahora la gran pregunta es: ¿cómo podemos cambiar nuestra personalidad?

¿Cómo podemos cambiar nuestra personalidad?

Para poder observar cambios en la personalidad, es necesario un profundo y constante trabajo psicológico. En primer lugar, es imprescindible que la persona quiera realmente cambiar. Y en segundo lugar se tienen que establecer pequeños cambios cotidianos a corto plazo.

Los cambios que son duraderos y positivos son los que se cocinan “a fuego lento”. Si te planteas cambiar tu personalidad de la noche a la mañana porque tu manera de ser te trae problemas, lamento decirte que tu misión ya ha fracasado, solamente por el planteamiento. Vas a “darte de bruces” contra una pared y por otro lado, en caso de conseguir algún cambio (a veces los milagros ocurren), lo más probable es que vuelvas a la posición que te encontrabas en poco tiempo.

Mujer pensando en quien no tiene tiempo para ella

Recuerda: necesitas tiempo para que tu sistema psicológico se reestructure y aprenda a funcionar de otra manera. Tienes que identificar qué rasgos quieres cambiar y en qué comportamientos cotidianos se plasman esos rasgos. Te recomiendo que hagas un listado de todo aquello que quieras cambiar y te pongas manos a la obra con aquellas transformaciones que sean menos centrales en ti o que pienses que te van a costar menos. De forma habitual, uno va asociado a lo otro.

“¿Quién soy? Estoy tratando de averiguarlo”.

-J. L. Borges-

Para cambiar nuestra personalidad también es necesario que seamos capaces plantear una evaluación objetiva de dicho cambio. Es decir, además de identificar los rasgos que quieras cambiar es bueno que tomemos algunas referencias para “medir” ese cambio. Por ejemplo, si el rasgo a cambiar es la impulsividad, tienes que saber cómo darte cuenta de que eres menos impulsivo o impulsiva. Y una posible “medida” de ello es que cuando te enfades seas capaz de contar hasta 10 antes de responder.

Si contamos con rasgos de personalidad que no nos gustan o nos traen problemas, lo recomendable sería que acudiéramos a la consulta de un psicólogo. Además, si con este artículo te han quedado dudas, será el psicólogo el que, teniendo en cuenta nuestras características personales, nos pueda explicar mejor que nadie cómo cambiar nuestra personalidad.