Heteroagresividad, ¿sabes qué es y cómo se manifiesta?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 21 julio, 2017
Pedro González Núñez · 21 julio, 2017

Tal vez hayas escuchado alguna vez la frase de Paulo Coelho que dice: “el miedo generalmente se manifiesta de dos maneras: a través de la agresividad o a través de la sumisión”. En el caso de la heteroagresividad, es la primera manera la que nos ocupa.

Pero antes de continuar, y ya que hoy día está tan de moda poner nombre a cuanto se relaciona con género y conducta, decir que en este caso no hay nada de ello. Es decir, este fenómeno no tiene nada que ver con el machismo, la violencia de género, etc.

“En toda sociedad y en toda colectividad existe, debe existir, un canal, una puerta de salida por donde puedan liberarse las energías acumuladas en forma de agresividad”

-Frantz Fanon-

¿Qué es la heteroagresividad?

Para salir de dudas, definamos en qué consiste la heteroagresividad. En este caso nos referimos al tipo de agresividad que agrupa toda clase de conductas agresivas dirigidas a un objeto externo (a diferencia de la autoagresividad: paraguas bajo el que se engloban todas las conductas en las que agresor y víctima son la misma persona).

Es decir, que este fenómeno abarca un conjunto de patrones muy diversos en intensidad y tipología. Así pues, incluye comportamientos como gestos agresivos, pelea física, expresiones verbales e insultos, etc.

Hombre gritando

Añadir también que según los estudios, esta conducta agresiva suele estar asociada a diferentes trastornos aunque no necesariamente convive o forma parte de ellos. Así pues, se asocia a problemas mentales de distinta índole, desde psicóticos hasta afectivos u orgánicos.

¿Qué caracteriza a la heteroagresividad?

Sí que podemos distinguir una serie de características únicas que hacen de este fenómeno algo único y singular. Veamos las más importantes:

  • Este tipo de conducta agresiva siempre va dirigida hacia otras personas o elementos externos, nunca hacia uno mismo. Es decir, se aleja de los preceptos de la autoagresividad. El individuo únicamente se enfoca en otros, no en él.
  • Como ya hemos comentado, abarca todo tipo de comportamientos agresivos, desde el punto de vista verbal como físico y gestual.
  • Según algunos estudios, la heteroagresividad se relaciona con la biología humana, asociada al sentido de territorialidad y al instinto sexual.
  • Esta alteración del carácter se manifiesta en un individuo a todos los niveles. Es decir, va desde un punto de vista emocional hasta el social y cognitivo, pasando por el físico.
  • A nivel emocional, esta alteración se representa a través de manifestaciones de cólera o rabia.
  • Otra manifestación habitual es mediante modificaciones específicas en el uso del lenguaje, el tono de voz, gestos y expresiones faciales, etc.
  • Una persona que sufre la heteroagresividad suele mostrar personalidades obsesivas, autodestructivas y con manía persecutoria.
  • Un cuadro heteroagresivo suele afectar negativamente en la esfera relacional y social de la persona.

Mujer gritando a su compañero de trabajo

De qué se compone la heteroagresividad

Existen tres síndromes que caracterizan especialmente a la heteroagresividad. Un fenómeno que puede ser facilitado por trastornos como la esquizofrenia, la bipolaridad o la depresión, muestra ciertos componentes claros.

Comportamiento perturbador

Implica una serie de conductas perturbadoras para otras personas. Apelan a la infancia, y se presentan en forma de trastorno disocial y negativismo e incluso actitud desafiante, algo típico de los niños de menos de 10 años. De esta forma, su comportamiento se vuelve desobediente, provocador, marcadamente hostil y muy desafiante, más allá de límites normales.

En cuanto al trastorno disocial, también atribuido a la infancia, muestra patrones repetitivos que tienden a violar derechos básicos de otras personas y normas sociales aceptadas.

Explosividad

Los afectados muestran una conducta conocida como trastorno explosivo intermitente. Se caracteriza por una pérdida total del control sobre los impulsos agresivos.

Este efecto desencadena una agresividad muy desproporcionada hacia el factor que la desencadenó, y se manifiesta a través de ataques físicos y verbales. Eso sí, puede durar segundos o minutos, pero desaparece de forma espontánea habitualmente.

Jefe gritando a su empleado

Agitación

También desencadena un cuadro de hiperactividad motora junto con alteración emocional, principalmente a través del miedo, la angustia y la ansiedad. En este caso, la intensidad puede ser muy variada, desde leve hasta intensa y violenta.

Este componente se puede deber a distintas situaciones, como reacción a los medicamentos o sustancias intoxicantes, infecciones sistémicas, trastornos neurológicos, etc.

Las consecuencias de la heteroagresividad suelen ser variadas y originadas por diversos factores. Podrían presentar comportamientos delictivos, actitud destructiva, solución poco realista de problemas, cuadros de ansiedad, etc.

“Los que se enzarzan en una competencia de agresividad pierden su razón y, lo que es más evidente, su fuerza. El que está seguro de algo no tiene que levantar la voz ni exaltarse”

-Julián Marías-

Como podemos observar este es un fenómeno asociado a ciertos trastornos realmente graves y peligrosos. Es más, podría desembocar en conductas muy violentas e incluso coacción a cualquier persona ajena sin ningún tipo de cortapisas.