Mi hijo también es sensible, afectuoso, cariñoso... - La Mente es Maravillosa

Mi hijo también es sensible, afectuoso, cariñoso…

Valeria Sabater 7, Agosto 2017 en Psicología 6569 compartidos
Hijo abrazando a su madre

Mi hijo varón también dice “te quiero”, busca mis abrazos, es cariñoso y no duda en regalarme muestras de afecto y amable ternura. Porque los niños, al igual que las niñas, también disponen de esa mirada sensible y cercana que debe ser respetada y potenciada mediante una adecuada Inteligencia Emocional, sin cohibir jamás sus sentimientos, sus necesidades, sus tesoros emocionales.

Desarrollar o mejor dicho, alentar ese lado más sensible en nuestros niños es algo en lo que sin duda merece la pena invertir nuestra atención, nuestro tiempo y sobre todo nuestra intuición. Sin embargo, y por curioso que parezca, por muy comprometida que esté la propia sociedad e incluso las familias en fomentar esa “aparente” igualdad entre los géneros hay muchos matices que se nos escapan al vuelo.

“No es la carne ni la sangre lo que nos convierte en padres e hijos, sino el corazón”.
-Friedrich Von Schiller-

Hace muy poco se realizó una encuesta entre chicos y chicas de diferentes escuelas de España donde por primera vez, las niñas dijeron querer parecerse el día de mañana a una figura masculina muy concreta: Amancio Ortega. Ahora, ellas ya han interiorizado que para alcanzar el éxito social deben integrar en su día a día capacidades tan positivas como el emprendimiento, el riesgo, la valentía o la acción, dimensiones todas ellas que hasta hace muy poco se vinculaban en exclusiva al género masculino.

Ahora bien, por curioso que parezca, mientras ellas toman plena conciencia de que pueden hacer suyos muchos de esos atributos custodiados hasta no hace mucho al sexo opuesto, ellos siguen siendo muchas veces víctimas de una masculinidad defensiva donde no es adecuado integrar esas facetas que tradicionalmente se han identificado del universo femenino, como puede ser la sensibilidad, la delicadeza, la ternura…

Podríamos decir por tanto que a pesar de todos nuestros avances sociales, el sexismo sigue siendo un limitador natural en el modo en que se educa a muchos de nuestros pequeños. Aún más, es necesario recordar también que el sistema patriarcal no solo discrimina y oprime a las mujeres, sino que además limita a los hombres y les “dicta” cómo deben ser, cómo deben actuar y cómo deben reaccionar.

Niño con expresión triste

El entramado simbólico del “debes ser” y los círculos de hombres

Roberto acaba de romper la relación con su pareja. Tras ocho años de relación, ella le ha declarado abiertamente que ha dejado de amarle. Nuestro protagonista ha visto como su mundo se fragmentaba, y cómo cada uno de esos pedazos se clavaban en el corazón y la mente. Le duele tanto que no puede respirar, no sabe qué hacer ni cómo reaccionar.

Siente la necesidad de buscar el apoyo de sus amigos. Sin embargo, acaba de darse cuenta de que con la mayoría de ellos tiene una relación basada en “actividades”, con algunos juega al baloncesto y con otros hace karate o juegos de rol. Tiene, eso sí, a su amigo de siempre, a Carlos. Sabe que con él si podría hablar, hay confianza entre ambos y podría escucharle, ser un hombro en el que dejarse caer…

Pero aún así, hay un problema aún más complicado, profundo y desesperante para Roberto: no se atreve a buscar esa intimidad, no sabe cómo hacerlo, carece de habilidades. Finalmente, y después de unos meses de oscuridad y algún pensamiento suicida, decide pedir la ayuda de un profesional. Después de unos meses de terapia, el psicólogo recomienda a Roberto algo de lo que nunca había oído hablar, algo que curiosamente, le será tan positivo como terapéutico: los círculos de hombres.

Círculo de hombres

Características de los círculos de hombres

A través de nuestra socialización lo que se consigue muchas veces es una clara homogeneidad. Nuestros padres inculcan en ocasiones en nosotros -como lo hicieron con Roberto- todo un entramado simbólico y funcional sobre el “cómo debes ser, cómo debes actuar y cómo debes pensar” en base a tu sexo. Algo así provoca que tarde o temprano aparezcan contradicciones, sufrimientos y múltiples frustraciones.

Los círculos de hombres tienen como finalidad crear espacios seguros y de confidencialidad donde los hombres pueden conversar sobre sus pensamientos, necesidades y sobre todo, desahogar sus “tormentas emocionales”. Algo en lo que coinciden todos y que sin duda, le será de gran ayuda a nuestro protagonista, es saber que son libres para dejar caer esa coraza a prueba de balas que les puso la sociedad. Son libres para llorar, para mostrarse sensibles, son libres para hablar de lo que deseen sin ser juzgados por el clásico esquema patriarcal.

Mi hijo varón es cariñoso y afectuoso, mi hijo conservará siempre su lado sensible

“No llores”, “no seas indeciso”, “reacciona”, “no te muestres débil”, “no hables así, pareces una niña, levanta la voz”…Todas estas expresiones son en realidad mandatos sexistas y discriminatorios que vetan por completo el desarrollo emocional de tu hijo. No es lo adecuado. Si desde épocas tempranas iniciamos la integración de esta serie de códigos y roles que definen al fin y al cabo la definición cultural de masculinidad, lo que conseguiremos es dar al mundo a una persona limitada emocionalmente y con un apego inseguro.

“Un buen padre vale por cien maestros”
-Jean Jacques Rousseau-

Ahora bien, es muy probable que estos chicos sean aptos y competitivos en el dominio del espacio y en las habilidades instrumentales, no hay duda. Sin embargo, carecerán de habilidades emocionales, serán incapaces de tolerar la frustración y no contarán con mecanismos eficaces para elaborar y gestionar sentimientos tan comunes como la tristeza o el miedo.

Pensémoslo bien… ¿de verdad vale la pena criar niños que el día de mañana serán infelices y crearán entornos igual de frustrados? Evidentemente, no.

Padre con su hijo

La mayor parte de nuestros pequeños, ya sean niños o niñas, son afectuosos y cariñosos por naturaleza. Estamos programados para conectar con las personas y para entender que las caricias emocionales, que la sensibilidad y la ternura nos permite vincularnos mucho mejor a los unos con los otros.

Respetemos y potenciemos esas facetas, permitamos que nuestro hijo varón siga desarrollando con libertad su expresividad emocional, que sea libre a la hora de pedir o dar un abrazo, que no tenga reparos en llorar cuando lo necesite, que aprenda a entender esos universos internos que al fin y al cabo nos dignifican como personas sin necesidad de diferenciar entre géneros.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

Ver perfil »
Te puede gustar