Hijos emocionalmente sanos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 26 abril, 2017
Dolores Rizo · 22 mayo, 2015

Educar es transmitir, encaminar, mostrar y enseñar a nuestros hijos lo que consideramos importante para la vida.

En ésta educación se encuentran nuestros valores, nuestras ideas y expectativas de la vida, nuestros hábitos y formas de vivir y ver la vida.

Los padres siempre tienen la intención de dar lo mejor a sus hijos, sin embargo, además de la intención, también tenemos que saber cómo transmitirlo, ya que podemos fallar en ello, y fracasar en la educación que queremos dar a nuestros hijos.

educación en emociones

¿Imponer o acompañar?

 

Existen muchas formas de educar, tantas como personas, y una de ellas, es a través de la autoridad, la imposición, el castigo y la obediencia.

En ésta forma de educar, “adiestramos niños”, les transmitimos a través del miedo y la autoridad. En la mayor parte de los casos, los menores obedecen, sin aprender y sin pensar, tan sólo por evitar las consecuencias negativas de no hacerlo.

Sin embargo, existe, de forma general , otro enfoque de la educación, desde el respeto, y el acompañamiento al proceso evolutivo del menor.

Sin duda, éste enfoque enseña, transmite y el menor aprende el porqué de las cosas, y de las peticiones de sus mayores.

Y en muchas ocasiones, el aprendizaje es a través de la propia experiencia, de llegar a acuerdos y negociaciones con sus padres, y de potenciar la autonomía, para que los menores se hagan responsables de sus pequeñas decisiones y de sus consecuencias.

¿Son adecuados las normas y los límites?

 

Respetar y acompañar el crecimiento y la maduración de nuestros pequeños, no quiere decir que éstos dirijan su propia educación.

Es importante no olvidar, que los padres siempre son el motor y la guía de la educación de sus hijos, y por ello, son los padres quienes marcan el camino de aprendizaje que quieren mostrar a sus hijos.

Para ello, es importante expresar claramente las normas y los límites que definen los márgenes de lo que queremos enseñar, ya que es evidente, que todo, no nos vale para nuestra forma de vivir la vida, y así debemos dejárselo claro a nuestros benjamines.

¿Cómo educar desde el respeto?

 

Es importante tener claro lo que queremos enseñar, y para ello, es imprescindible conocer nuestros VALORES de vida, los que vamos a transmitir con seguridad y constancia.

Para ello, educar se convierte en la transmisión de valores, a través de las normas y los hábitos de nuestro día a día, dejando bien claro por lo que no deseamos pasar.

Enseñar valores es algo natural y espontáneo, que se transmite de generación a generación, a través de la observación, la imitación, y sobre todo, con el lenguaje no verbal.

Esto quiere decir, que además de explicar lo que queremos y esperamos de nuestros hijos, y también lo que no deseamos, hemos de hacérselo saber con nuestras actitudes, nuestras emociones y sentimientos, conductas de aprobación o desaprobación, y consecuencias directas de ello.

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Padres seguros de sí mismos, niños emocionalmente sanos

 

Los niños crecen emocionalmente sanos cuando han aprendido a vivir la vida desde su propia experiencia y con el acompañamiento y protección de sus mayores, entendiendo, resolviendo los conflictos y afrontando las dificultades, tal y como les enseñaron sus padres.

Cuando el niño se convierte en adolescente y más tarde en adulto, él decidirá qué hacer con todo lo aprendido, pero no cabe ninguna duda, de que una buena educación será el mejor equipaje para su viaje por la vida.

Los niños más seguros de sí mismos, son aquellos que han crecido desde la comunicación y la confianza de sus mayores; a través de lo cual, fueron capaces de entender porqué sus padres les mostraron esos valores de vida, y les acompañaron en su maduración y autonomía, enseñándoles a manejar sus emociones de frustración, rabia, enfado, envidia y celos…

Reforzándoles en sus avances, sus logros, sus éxitos, sus capacidades, habilidades y potencialidades. Mostrándoles siempre el amor, cariño y el afecto que sentimos por ellos.