Hiperindependencia: una posible característica del trauma

¿Eres una de esas personas extremadamente independientes que prefiere no vincularse con nadie? ¿Te focalizas solo en ti mismo porque has dejado de confiar en el ser humano? Te explicamos a qué puede deberse.
Hiperindependencia: una posible característica del trauma
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 07 abril, 2022

La hiperindependencia surge como resultado de un daño emocional profundo originado por el abandono, la rotura de la confianza o la traición. Este rasgo está presente en esas personas que siempre rechazan cualquier tipo de ayuda, que caminan libres por la vida eludiendo compromisos relacionales y que dicen preferir la soledad a cualquier tipo de compañía.

Resulta sin duda llamativo cómo, en ocasiones, algo que se percibe como una fortaleza -la independencia- puede revelar un problema más profundo; como es el caso de un trauma psicológico. Porque si bien es cierto que es saludable desarrollar ese sentido de libertad con el que decidir y actuar por nosotros mismos, hay quien deriva en una conducta algo patológica.

Nos referimos a esos perfiles resentidos que terminan por perder toda oportunidad de lograr relaciones enriquecedoras. Y no nos equivoquemos. Esos hombres y mujeres que gustan de ir “libres” por el mundo y que desprecian el amor y la amistad en todas sus formas, no siempre son felices. Porque en el fondo de su ser arrastran el óxido de la tristeza, y hasta la desesperación de la soledad más profunda…

chica ante camino pensando en la hiperindependencia
Las personas marcadas por la hiperindependencia nunca piden ayuda cuando lo necesitan.

Características de la hiperindependencia

La hiperindependencia es una conducta en la que una persona se muestra exageradamente independiente y autosuficiente. Ahora bien, ¿qué entendemos por “demasiado”? El miedo es siempre ese componente que da forma a las conductas más disfuncionales. En este caso, tendríamos a alguien que evita relacionarse, tener amigos o parejas por “miedo” a ser traicionado, abandonado, herido, etc.

El temor a dichas situaciones es el que orquesta la clásica evitación conductual. Esas en que, tras haber conocido a alguien, por ejemplo, optan por desaparecer sin decir nada. Esas en las que tras percibir que empiezan a sentir algo por una persona, aflora en ellos el instinto de huida ante la angustia de experimentar de nuevo el mismo dolor que sufrieron una vez en el pasado.

Asimismo, es interesante saber que la hiperindependencia es el polo opuesto de la dependencia afectiva y que ambos tienen casi siempre elemento común: los traumas de infancia. De hecho, una investigación de la George Mason University destaca cómo el trastorno de estrés postraumático media en buenos casos en la manera en que nos vinculamos con otras personas.

Veamos qué características definen a este tipo de perfil con hiperindependencia.

Ser independiente es bueno. Significa que eres fuerte y autosuficiente, que puedes hacer las cosas por ti mismo, tomar tus propias necesidades. Ahora bien, cuando dices no necesitar a nadie, no sabes convivir con los demás y eludes todo tipo de relación por miedo a ser herido, la cosa cambia.

Son adictos al trabajo

Esta es un rasgo recurrente: la obsesión por mantenerse ocupados la mayor parte de tiempo es una conducta habitual en el hiperindependiente. Son personas que orientan su vida a una meta y se vuelcan en ella de manera obsesiva.

El tener tan altos objetivos laborales les sirve también como excusa para eludir todo tipo de compromisos: de amistad, familia y pareja.

Jamás delegan tareas ni piden ayuda

Las personas con un carácter hiperindependiente “pueden con todo” (o eso parece). Son esas figuras que nunca piden ayuda aunque el mundo entero les haya caído en pedazos sobre sus espaldas.

Jamás delegan ninguna tarea porque eso les resta autoridad y fortaleza. Porque si hay algo que ansían, es ser resolutivos, eficaces, resolverlo todo sin ayuda de nadie.

Tienen una personalidad hermética y reservada

Son inexpugnables y herméticos. Actúan como frías fortalezas humanas en las que nunca parece ocurrir nada, porque todo lo esconden, todo lo reprimen.

No importa si están pasando por mil tormentos, jamás compartirán con nadie lo que sienten o aquello que les preocupa. No solo se obstinan en no compartir territorios físicos con nadie, el escenario emocional también es algo marcadamente privado.

Toman decisiones unilaterales

Estos hombres y mujeres tienen grandes dificultades para convivir con otras personas. En el ámbito laboral son esas voces siempre discrepantes con las que cuesta llevar proyectos en grupo. Se frustran si las cosas no son como ellos quieren y desean. No comparten ideas, no consensúan, no saben dialogar, no hacen equipo…

Asimismo, en lo que a materia relacional se refiere, rara vez logran mantener una pareja o una amistad. Siempre toman decisiones unilaterales y se ofenden lo indecible si no se hace lo que sugieren. 

Detestan necesitar a alguien y que alguien los necesite

Otra evidencia que define a los hiperindependientes es sentirse asfixiados cuando perciben que empiezan a necesitar a alguien. Al fin y al cabo, amar, significa experimentar el deseo de estar cerca de otro, de compartir tiempo, vida y experiencias.

Esa vinculación emocional es algo que ansían evitar a toda costa. No quieren necesitar a nadie ni que nadie los necesite a ellos; solo así evitan el riesgo de ser heridos o traicionados.

Chico de espalda con una manta evidenciando hiperindependencia
Muchas veces, detrás de la hiperindependencia está una respuesta al trauma.

¿Cuál es el origen de esta conducta?

El doctor Michael B. Sperling es un especialista en trastornos del apego. En uno de sus trabajos, incide en la importancia de seguir profundizando en cómo las alteraciones del apego en la infancia nos afectan en la edad adulta. De hecho, la hiperindependiencia es consecuencia del apego evitativo.

Sucede cuando un niño se da cuenta de que no puede contar con el amor, el apoyo y la protección de sus cuidadores.  Tarde o temprano, dejan de pedir lo que no puede recibir. Son pequeños que dejan de llorar, que reprimen las emociones y que, en buena parte de los casos, se vuelven tempranamente autosuficientes. Todo como consecuencia de unos padres ausentes y fríos emocionalmente.

Esa herida del ayer, esa rotura del vínculo afectivo con esas figuras primarias como son los progenitores, provoca (en muchos casos) que dejen de confiar en los demás. Se vuelven distantes, herméticos y temerosos en el fondo de su ser. Temen la intimidad, la cercanía, el amor en cualquiera de sus formas. Asumen, que quien te ama te traiciona, y que lo que sucedió una vez en el pasado, puede volver a repetirse…

Si es este nuestro caso, si esta es la impronta silenciosa que domina nuestra existencia, no dudemos en solicitar ayuda especializada. El cambio siempre es posible. Todos merecemos volver a confiar en los demás para construir relaciones saludables.

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