¿Sabes qué es el apego evitativo?

Edith Sánchez · 22 julio, 2017

El apego es un vínculo emocional estrecho que se forja con las personas que nos cuidan y nos dan seguridad. Este, por supuesto, es muy intenso al comienzo de nuestras vidas. En esas primeras etapas dependemos por completo de la protección de las personas que nos rodean para lograr sobrevivir. En este sentido, el apego se forma de manera natural como una garantía o seguro de supervivencia, pero al mismo tiempo marca, y mucho, el carácter de las primeras relaciones.

Cuando los adultos que nos cuidan desempeñan bien su papel lo más probable es que desarrollemos un tipo de apego seguro, con independencia de nuestro temperamento. Dependemos del otro, pero esto no da origen a ningún sentimiento de ansiedad o frustración. Por el contrario, cuando somos desatendidos, o rechazados, lo más probable es que desarrollemos vínculos de apego inseguros. Esta es una forma de dependencia cargada de angustia y ambivalencias.

Los enemigos como el odio y el apego carecen de piernas, brazos y demás miembros, y no tienen coraje ni habilidad, ¿cómo, entonces, han conseguido convertirme en su esclavo?

-Shantideva-

La forma en la que se forjan esos vínculos en nuestros primeros años de vida influirá mucho en nuestra forma de relacionarnos afectivamente con los demás, salvo que hagamos una intervención consciente en este sentido. Así, podemos decir que tales vínculos dejan una huella muy profunda, casi indeleble. De esta manera, lo que podemos observar en la edad adulta es una tendencia a replicar el estilo de apego que afianzó cada persona en su infancia: de alguna manera las primeras relaciones de apego ya nos dijeron qué podemos o no esperar de los demás, sea o no cierto.

La teoría del apego

John Bowlby, un psicoanalista inglés, se interesó por el tema del apego y desarrolló una teoría al respecto. A partir de sus observaciones pudo establecer que tenemos una predisposición filogenética a desarrollar vínculos. Estos se dirigen especialmente a todas las personas que nos proporcionan protección y seguridad o, en su defecto, que deberían aportarnosla.

Mary Ainsworth

Más adelante, la psicóloga Mary Dinsmore Ainsworth identificó tres tipos de apego. Estos son: el apego seguro, el apego ambivalente o resistente y el apego evitativo o rechazante. Según sus pesquisas, la mayoría de las personas desarrollan el primer tipo, pero también hay un buen número de individuos que se inscriben en los otros dos.

El apego seguro permite construir vínculos afectivos estrechos y espontáneos. Los inseguros (el ambivalente y el evitativo) dan lugar a fuertes represiones y dificultades para construir lazos de intimidad con otros.

El origen de los tipos de apego

Cuando los padres tienen buena actitud y una adecuada disponibilidad hacia su hijo, se forman estrechos vínculos de seguridad. En este caso los niños actúan de la forma previsible. Si su madre se aleja, ellos lloran y se sienten incómodos durante unos segundos para después centrarse en entorno. Cuando ella vuelve, se muestran felices y le expresan afecto y alegría.

padres con su bebé

Si los padres se muestran distantes o incluso dan alguna muestra de rechazo hacia su hijo o por el contrario se muestran demasiado pendientes, lo más probable es que el bebé/ niño desarrolle un tipo de apego inseguro. Cuando ocurre esto, los niños perciben que sus necesidades no serán satisfechas o temen que queden por satisfacer en un futuro: de ahí su ansiedad o su evitación como una forma de protegerse frente al abandono o la indiferencia anticipada.

Pueden incluso aprender que las muestras de afecto molestan a los seres que más aman, sus padres. Los pequeños, entonces, comienzan a guardarse para ellos sus emociones. En estos casos, cuando la madre se aleja, el niño apenas reacciona. Y cuando vuelve, también permanece distante y absorto en lo suyo. Desarrollan así una falsa independencia.

Efectos del apego evitativo y formas de superarlo

Los efectos del apego evitativo llegan hasta la vida adulta. Los niños que han crecido bajo estos patrones se convierten en adultos que resultan prácticamente incapaces de expresar sus emociones. Pero no solo de expresarlas, sino también de sentirlas y de identificarlas. Procuran alejarse afectivamente de todo y de todos. Pueden ser indolentes frente a los demás y muy indiferentes con sus propios sentimientos.

Son personas que van a intentar encontrar una solución a los problemas en el mundo exterior, ya que la parte interior de manera consciente para ellos no importa.

Bebé llorando mucho

Esta situación se ve especialmente reflejada en el mundo de la pareja. Sienten angustia de perder a la persona amada. Creen que no mostrando sus emociones o minimizándolas se protegen contra un eventual sufrimiento. Huyen de los diálogos reales y se sobrecogen ante los anticipados. En lugar de expresar sus inconformidades con palabras, lo hacen con berrinches y falsos conflictos. Sufren mucho porque no pueden amar serenamente, sino que lo hacen como si una grave amenaza gravitara sobre ellos; una amenaza que muchas veces no son capaces de identificar.

Aunque los patrones de apego tienden a mantenerse, siempre es posible moderarlos y pulirlos. A veces una experiencia de pérdida de una de esas figuras amadas propicia reflexiones y cambios al respecto. A veces se logra a través de una psicoterapia. También es posible hacerse consciente de ello y trabajar individualmente para aprender a relacionarse con el mundo de una manera más constructiva.

Superar el apego evitativo pasa por restaurar la relación que existe entre la persona y su interior, en muchos casos por recuperar una autoestima muy dañada y que causa un dolor sordo (no identificado). Solo cuando sana esta relación es posible que la persona considere el interior de las personas que le rodean. Así, solo cuando se consideran las emociones propias nace la posibilidad de empatía para considerar las de los demás.

Así, en este sentido, es muy importante cambiar los patrones de comunicación. Abrirlos, tanto para lo bueno como para lo malo, de manera que pueda existir una expresión controlada de las emociones de manera que los demás tengan la oportunidad de aceptarlas, validarlas y, en algunos casos, acompañarlas.

Dicho así suena muy fácil, pero si aprender es difícil, desaprender lo aprendido lo es más. Piensa que lo que aprendimos en la infancia, o gran parte de lo que aprendimos, es la base sobre la que hemos ido construyendo el resto del conocimiento y de los hábitos que hoy nos caracterizan. De ahí que en muchos casos sea muy recomendable la ayuda de un profesional, sino el terremoto que podemos causar moviendo una pieza tan importante como el estilo de apego nos puede destruir.