La neurobiología del apego humano

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Paula Villasante
· 5 marzo, 2019
Los vínculos humanos experimentados a lo largo de la vida son transformadores. Así, tienen el potencial de reparar relaciones negativas tempranas mediante relaciones benévolas posteriores.

El apego es una característica definitoria de los mamíferos. Así, el estudio sobre la neurobiología del apego humano se basa también en las investigaciones realizadas en animales. Según investigaciones recientes, parece que el apego se basa en la interferencia de oxitocina y dopamina en el cuerpo estriado.

Lo que parece definitivo es que, a lo largo de la vida, los distintos apegos humanos comparten la neurobiología en los que se basan. Por lo general, se caracterizan por la sincronía del comportamiento y la integración de las redes corticales y subcorticales implicadas en los mecanismos de recompensa y motivación, simulación incorporada y mentalización.

La neurobiología común del apego humano

Según Ruth Feldman, investigadora en el campo de la neurobiología del apego humano, el estudio del apego de los mamíferos debe realizarse desde una perspectiva de desarrollo. Así, la corteza cerebral asociativa está conectada, en gran medida, por experiencias tempranas en contextos de crianza de niños (2-4).

Los apegos que se crean posteriormente, tanto con parejas románticas como amigos cercanos o miembros de un grupo, reutilizan la maquinaria básica establecida por el vínculo inicial madre-hijo durante “períodos sensibles” tempranos.

Estos “períodos sensibles” se definen como ventanas de tiempo tempranas y específicas en la vida cuando el cerebro debe experimentar ciertas aportaciones ambientales para una maduración adecuada (5). En el contexto del apego, estos involucran los comportamientos típicos de crianza de la especie.

Bebé cogiendo la mano de su madre

Proposiciones del modelo de neurobiología de los apegos humanos

En su investigación, la doctora Feldman aúna algunas proposiciones del modelo de neurobiología del apego humano. Estas son las siguientes:

  • Como hemos comentado antes, la investigación sobre los apegos humanos implica una perspectiva de desarrollo. Así, el vínculo entre los mamíferos estaría respaldado por sistemas neurobiológicos. Estos están conformados por la relación de la madre con la descendencia durante los primeros períodos sensibles (6).
  • La continuidad en los sistemas neurobiológicos sustenta los enlaces humanos. De esta manera, los apegos humanos reutilizan la maquinaria básica establecida por el vínculo padres-hijos en la formación de otros apegos a lo largo de la vida, como el apego romántico o las amistades cercanas (7).
  • Los enlaces humanos son selectivos y duraderos. Los vínculos son para el objetivo de apego y duran períodos largos, incluso toda la vida (1).
  • La vinculación se basa en el comportamiento desencadenado por la expresión de patrones de conducta específicos de la especie, específicos de la persona y también de la cultura. La vinculación implica procesos de abajo hacia arriba. El cerebro relacionado con la unión y los sistemas neuroendocrinos son activados por el comportamiento relacionado con el apego (4, 8).
  • La sincronía del comportamiento biológico es una característica clave de los apegos humanos. Así, los apegos humanos se caracterizan por el acoplamiento del comportamiento no verbal con la respuesta fisiológica coordinada entre los socios durante el contacto social (9).
  • El papel central del sistema de oxitocina y la conexión dopamina-oxitocina están implicados en la maternidad humana. También en la paternidad, coparentación, apego romántico y amistad cercana. La integración de oxitoxina y dopamina en el cuerpo estriado esciende la unión, empapando los apegos con motivación y vigor (10).

Amigas abrazadas para representar las amistades sanas

Siguiendo con las propuestas…

  • La formación de vínculos implica una mayor actividad y una interferencia más estricta entre los sistemas relevantes. La activación y los vínculos más estrechos entre los sistemas que respaldan la afiliación, la recompensa y el manejo del estrés se observan durante los períodos de formación del apego. (11)
  • Los apegos humanos promueven la homeostasis, la salud y el bienestar a lo largo de la vida. Los apegos sociales mejoran la salud y la felicidad. Mientras, el aislamiento social aumenta el estrés, la salud deteriorada y la muerte (12).
  • Los patrones de apego se transfieren de una generación a otra. Los patrones de comportamiento experimentados en la vida temprana organizan la disponibilidad de oxitocina y la localización del receptor en el cerebro del bebé. Así, configuran la capacidad para criar a la próxima generación (13, 14).
  • El cerebro humano es un órgano conformado por el apego madre-hijo y la proximidad al cuerpo de la madre para funcionar dentro de la ecología social. El cerebro inmaduro del mamífero joven al nacer y la necesidad de estar cerca de una madre que amamanta el cerebro como un “órgano situado” que responde constantemente en línea al mundo social (15).
  • Los vínculos humanos experimentados a lo largo de la vida son transformadores. Así, tienen el potencial de reparar relaciones negativas tempranas mediante relaciones benévolas posteriores. La gran plasticidad del cerebro social humano y su naturaleza basada en el comportamiento permiten que los apegos posteriores reorganicen las redes neuronales y reparen, al menos en parte, las experiencias tempranas negativas (16).

Así pues, parece que la neurobiología del apego humano tienen su base en las interacciones de la oxitocina y la dopamina en el cerebro. Parece que, además, estos sistemas cerebrales se forman durante el apego de la infancia. Así, resulta interesante saber que estos sistemas son reciclados después para la creación de los siguientes vínculos en la vida, como la amistad o el amor.

  1. Feldman, R. (2017). The neurobiology of human attachments. Trends in Cognitive Sciences, 21(2), 80-99.
  2. Rilling, J. K. (2014). Comparative primate neuroimaging: insights into human brain evolution. Trends in cognitive sciences, 18(1), 46-55.
  3. Kundakovic, M., & Champagne, F. A. (2015). Early-life experience, epigenetics, and the developing brain. Neuropsychopharmacology, 40(1), 141.
  4. Feldman, R. (2015). The adaptive human parental brain: implications for children's social development. Trends in neurosciences, 38(6), 387-399.
  5. Feldman, R. (2015). Sensitive periods in human social development: New insights from research on oxytocin, synchrony, and high-risk parenting. Development and Psychopathology, 27(2), 369-395.
  6. Carter, C. S. (2014). Oxytocin pathways and the evolution of human behavior. Annual review of psychology, 65, 17-39.
  7. Feldman, R. (2016). The neurobiology of mammalian parenting and the biosocial context of human caregiving. Hormones and Behavior, 77, 3-17.
  8. Feldman, R. (2012). Oxytocin and social affiliation in humans. Hormones and behavior, 61(3), 380-391.
  9. Feldman, R. (2012). Bio-behavioral synchrony: A model for integrating biological and microsocial behavioral processes in the study of parenting. Parenting, 12(2-3), 154-164.
  10. Love, T. M. (2014). Oxytocin, motivation and the role of dopamine. Pharmacology Biochemistry and Behavior, 119, 49-60.
  11. Ulmer-Yaniv, A., Avitsur, R., Kanat-Maymon, Y., Schneiderman, I., Zagoory-Sharon, O., & Feldman, R. (2016). Affiliation, reward, and immune biomarkers coalesce to support social synchrony during periods of bond formation in humans. Brain, behavior, and immunity, 56, 130-139.
  12. Cacioppo, J. T., Cacioppo, S., Capitanio, J. P., & Cole, S. W. (2015). The neuroendocrinology of social isolation. Annual review of psychology, 66, 733-767.
  13. Weaver, I. C., Cervoni, N., Champagne, F. A., D'Alessio, A. C., Sharma, S., Seckl, J. R., ... & Meaney, M. J. (2004). Epigenetic programming by maternal behavior. Nature neuroscience, 7(8), 847.
  14. Feldman, R. (2007). Mother‐infant synchrony and the development of moral orientation in childhood and adolescence: Direct and indirect mechanisms of developmental continuity. American Journal of Orthopsychiatry, 77(4), 582-597.
  15. Akers, K. G., Yang, Z., DelVecchio, D. P., Reeb, B. C., Romeo, R. D., McEwen, B. S., & Tang, A. C. (2008). Social competitiveness and plasticity of neuroendocrine function in old age: influence of neonatal novelty exposure and maternal care reliability. PloS one, 3(7), e2840.
  16. Schore, A. N. (2013). Relational trauma, brain development, and dissociation. Treating complex traumatic stress disorders in children and adolescents: Scientific foundations and therapeutic models, 3-23.