La neurobiología de la sensibilidad moral

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Paula Villasante
· 22 febrero, 2019
Según el psicólogo Jonathan Haidt (2003), las emociones morales difieren de las emociones básicas (tristeza, alegría, enfado, miedo, sorpresa) en que están intrínsecamente ligadas a los intereses de bienestar de cada sociedad, así como también de los individuos.

¿Cuál es la naturaleza de la moral? Este debate ha sido el centro de discusiones de varios teóricos durante décadas. Sin embargo, ¿existe también una neurobiología de la sensibilidad moral?

En la actualidad, ciertas aptitudes, como la sensibilidad social y la cognición, son consideradas centrales en la evolución de la humanidad. Recientemente, nuevas propuestas enfatizan el rol de los procesos emocionales e intuitivos en la toma de decisiones en los seres humanos (1).

La investigación en neurobiología ha conseguido identificar algunos mecanismos y estructuras cerebrales que intervienen en las emociones básicas. Sin embargo, la organización neuronal de emociones complejas o secundarias como emociones “morales” aún se desconoce (1).

El campo de las neurociencias afectivas ha comenzado a explorar diferentes tipos de emociones morales con técnicas de neuroimagen y electrofisiológicas. De hecho, surge una nueva disciplina denominada neurociencia afectiva. El objetivo de esta es subdividir las emociones en operaciones mentales elementales y sus substratos neuronales correspondientes.

Así, las emociones se definen como fenómenos complejos multifactoriales que ejercen una poderosa influencia sobre el comportamiento de las personas y posibilitan su adaptación al medio (2).

Hombre con gafas pensando

Las emociones morales

Según el psicólogo Jonathan Haidt (2003), las emociones morales difieren de las emociones básicas (tristeza, alegría, enfado, miedo, sorpresa) en que están intrínsecamente ligadas a los intereses de bienestar de cada sociedad, así como también de los individuos.

Así pues, podría decirse que las emociones morales surgen ante la interacción entre los individuos o cuando se perciben violaciones morales. Además, Haidt señala que, por un lado, las emociones básicas provienen de ideas. También provienen de la imaginación, recolección o percepción con relevancia personal inmediata. Por el otro lado, las emociones morales son emociones complejas que están ligadas a los intereses o al bienestar de las sociedades, así como también a las personas.

Además, las emociones morales son evocadas en circunstancias que se extienden más allá de la esfera inmediata de uno mismo. Son críticas para la promoción de la cohesión de los grupos.

La culpa, la gratitud y la compasión son ejemplos de emociones morales pro sociales. Sin embargo, las emociones morales también pueden actuar en la disolución y reorganización social. Este tipo de emociones pueden ser el desprecio, la xenofobia o la indignación.

Así, Haidt (2003) señala cuatro subtipos de emociones morales:

  • Emociones concernientes a otros (por ejemplo: desprecio, ira, disgusto).
  • Auto-conscientes (por ejemplo: vergüenza, turbación, culpa).
  • Emociones referentes al sufrimiento de otros (por ejemplo: empatía).
  • Referentes al elogio a otros (por ejemplo: gratitud, temor, elevación).

La neurobiología de la sensibilidad moral

A través de los siglos, las teorías filosóficas han adoptado una aproximación lógico-deductiva hacia la moralidad cuyo objetivo ha sido identificar los principios universales que pueden guiar la conducta humana (1).

Los cambios vistos en la conducta moral en pacientes con disfunción cerebral han proporcionado datos objetivos acerca de la cognición moral. Es por eso que aparece una aproximación científica a la moralidad: la neurociencia cognitiva moral.

En este contexto, la moralidad es considerada como un conjunto de costumbres y valores. Este conjunto es adoptado por un grupo cultural para guiar la conducta social. Así, esta visión no asume la existencia de valores absolutos morales (1).

Parece que la organización neuronal de las emociones complejas o secundarias como las emociones morales aún se desconoce. De acuerdo a la literatura, se ha postulado que los fenómenos morales emergen de la integración de:

  • El conocimiento social contextual (representado en la corteza prefrontal),
  • El conocimiento social semántico (almacenado en la corteza temporal posterior y anterior), y
  • Los estados básicos motivacionales (dependientes de circuitos cortico-límbicos).

Bases neuronales de la cognición moral

Para determinar las bases de la cognición moral, los investigadores se valen de los estudios realizados en pacientes con daño adquirido. Así, se sabe que ciertas regiones cerebrales pueden ser cruciales para la conducta moral.

Los autores Eslinger y Damasio (1985) son conocidos por investigar la neurobiología sensibilidad moral. Así, estos describieron ciertas deficiencias en la conducta moral en los pacientes con daño adquirido durante la adultez en la corteza prefrontal ventromedial.

Más tarde se demostró que las lesiones en la corteza prefrontal ventromedial adquiridas a una edad temprana conducen a un daño o deterioro. Este puede ocurrir tanto en las conductas como en el razonamiento moral. Parece, pues, que el desarrollo moral puede verse afectado por lesiones tempranas en la corteza prefrontal (1).

hombre señalando y haciendo uso de la falacia ad hominem

Además de la corteza prefrontal, hay otras regiones cerebrales implicadas en la neurobiología de la sensibilidad moral. Ciertos cambios estructurales en el lóbulo temporal anterior (tanto adquiridos como del desarrollo) también pueden deteriorar la conducta moral.

La disfunción de circuitos neurales que involucran la región del surco temporal superior (STS) es un área clave para la percepción social. Así, está asociada con la dificultad en la atribución de intencionalidad experimentada por aquellas personas que sufren de autismo. Esto conduce a la experiencia reducida de orgullo y vergüenza.

La sensibilidad moral y cognoscitiva ha sido fundamental en la evolución del ser humano. El cerebro humano lleva por dentro una red especializada en el procesamiento moral que todavía ha de ser descubierta al completo. Así pues, parece que aún queda mucho por explorar en el campo de la neurobiología de la sensibilidad moral.

  1. Solís, F. O., & García, A. E. V. (2008). Neurobiología de la sensibilidad moral. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8(1), 115-126.
  2. Davidson, R. J. (1998). Affective style and affective disorders: Perspectives from affective neuroscience. Cognition & Emotion, 12(3), 307-330.
  3. Haidt, J. (2003). The moral emotions. Handbook of affective sciences, 11(2003), 852-870.
  4. Eslinger, P. J., & Damasio, A. R. (1985). Severe disturbance of higher cognition after bilateral frontal lobe ablation patient EVR. Neurology, 35(12), 1731-1731.