Identificar, traducir y expresar emociones difíciles

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 9 diciembre, 2018
Edith Sánchez · 9 diciembre, 2018
Las emociones difíciles, que son la mayoría, combinan sentimientos que parecen contradictorios entre sí. Sin embargo, al precisarlas y lograr expresarlas, fomentan la buena comunicación con nosotros mismos y con los demás.

Cuando hablamos de emociones difíciles nos referimos a aquellas que no se presentan en estado puro, es decir, la mayoría.Como cuando sientes odio y amor a la vez (cosa que ocurre casi siempre), o cuando la compasión se mezcla con la ira o la rabia con la tristeza. A veces todo se experimenta globalmente como un malestar, pero no se logra precisar cuáles son las emociones que producen un determinado estado emocional.

En ocasiones, sobre todo si no tenemos costumbre, hay que realizar un arduo trabajo hasta precisarlas, traducirlas en el pensamiento y expresarlas de viva voz. Cada uno de esos pasos a veces llega a ser muy complejo, pero también es la vía para salir de un estado emocional que no deseamos.

En estricto sentido, no hay palabras suficientes o exactas para expresar las emociones difíciles. Quizás por eso mismo existe la poesía; un lenguaje polisémico que refleja la imprecisión propia de los sentimientos y emociones que nos habitan. Más allá de las manifestaciones artísticas, a veces tenemos que, de todos modos, buscar los medios para comunicarnos.

Tu inteligencia puede ser confusa, pero tus sentimientos nunca te van a mentir”.

-Roger Ebert-

Mujer con un presentimiento

Las emociones difíciles y sus expresiones

Un reflejo de lo complicado que puede resultar el proceso de calibrar y expresar las emociones difíciles lo encontramos en el hecho de las palabras que no tienen traducción de un idioma a otro. No hay forma de llevar su significado de una lengua a otra, precisamente porque tienen una particular marca de complejidad o están muy asociadas a un determinado contexto social. Veamos algunos ejemplos de esto:

  • Freizeitstress. Es una palabra alemana que hace referencia al estrés que se experimenta cuando se realizan actividades simplemente para llenar el tiempo libre.
  • Lítost. Es una palabra checa que tiene que ver con la sensación que aparece cuando nos damos cuenta de somos miserables y nos parece que esto es irremediable.
  • Gigil. Un término filipino que significa querer “apretar” o “despachurrar” algo, en razón a la ternura que nos provoca.
  • Sukha. Una expresión en sanscrito para definir ese tipo de felicidad que no se siente como pasajera, sino trascendental. Una felicidad profundamente feliz y duradera.

En muchas ocasiones, en el ejercicio de la traducción no tenemos forma de trasladar esos términos extraños de una lengua a otra sin alargar el texto. No encontramos la manera de identificar, ni de traducir, ni de expresar esas emociones difíciles. No conocemos la palabra que logre precisarlas. Esto nos causa desazón porque la posibilidad de nombrar algo es lo que nos permite también abordarlo.

El camino para identificar las emociones difíciles

Básicamente estamos acostumbrados a encasillar nuestras emociones en cinco grupos fundamentales: alegría, tristeza, rabia, miedo y asco. A veces, efectivamente lo que sentimos corresponde a alguna de esas emociones básicas. Sin embargo, también hay momentos en los que todas estas emociones son demasiado globales para permitirnos ser precisos. Nuestro miedo es asquiento o nuestra rabia miedosa.

Lo que configura las emociones difíciles es el hecho de que mezclan otras emociones, aparentemente muy distintas entre sí. Para poder identificarlas, la primera capacidad que entra en juego es la de flexibilizar nuestro pensamiento. Comprender que no podemos encontrar una forma categórica de nombrarlas, ya que no se corresponden con sentimientos categóricos.

También debemos despojarnos de la tentación de valorar las emociones desde un plano ético: no hay emociones malas ni buenas. De hecho, potencialmente, en cuanto a sus consecuencias, una emoción puede ser muy buena o muy mala.

Lo que va a decidir en última instancia en nuestra gestión de esa emoción y de la energía asociada. Dicho de otra manera, una emoción no podrá ser un antecedente para nuestros actos, pero nunca justificarlos. Por otro lado, es importante abandonar la idea de reconciliar lo irreconciliable. La alegría triste es alegría triste y no es obligatorio que una de las dos termine predominando sobre la otra.

Pinzas con caras de emociones

La importancia de definir y expresar

La expresión libera, así como la imposibilidad de decir comprime y estresa. Así mismo, decir con palabras lo que sentimos enriquece la comunicación con los demás, mejorando también la calidad de nuestro diálogo interno. Además, fomenta la comprensión, el entendimiento, la empatía y la paz, interior y exterior.

Para poner voz a esas emociones difíciles, es necesario un ejercicio de análisis que nos permita separar las emociones que han dado lugar al estado global, así como la influencia de cada una.

Si se trata de una alegría rabiosa, entonces hablamos de alegría y de ira. Cuando se trata de una tristeza asquienta y miedosa, hay tres emociones básicas involucradas. Seguro, cada uno de estos conceptos puede precisarse mejor. La ira puede ser irritación, furia, fastidio y mil matices más. Es importante encontrar la palabra a la que mejor se adapte lo que sentimos.

Un ejercicio que ayuda a completar ese proceso de identificar, traducir y expresar emociones difíciles es el siguiente. Intenta construir una frase con el inicio “Me siento… cuando…”. Procura aplicar esa frase a todas las emociones que están involucradas. Al final haz un recuento de lo escrito y trata de integrarlo. Es un ejercicio interesante que a veces da como resultado una poesía y siempre una compresión mejor de nuestro estado emocional.

  • Montañés, M. C. (2005). Psicología de la emoción: el proceso emocional. Universidad de Valencia.