Implicaciones psicológicas de la alopecia en mujeres

7 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
La sociedad todavía no se ha acostumbrado a las mujeres sin pelo. Así, muchas de ellas, además de enfrentarse con una enfermedad, tienen que hacerlo también con miradas de desagrado o con un diálogo interno que las machaca a partir de lo que consideran un defecto.

Mientras que en un hombre la calvicie es bastante común -y relativamente bien aceptada-, en las mujeres la pérdida de cabello a menudo genera un complejo. Analizando los cánones de belleza que imperan en nuestra sociedad, podemos comprender fácilmente las consecuencias psicológicas que puede generar la alopecia en mujeres.

La alopecia refiere la pérdida de cabello temporal o permanente (moderada o severa). Una pérdida de cabello se considera anormal más allá de una pérdida de 100 pelos al día. Este problema estético y psicológico también puede ser el primer signo de una patología subyacente.

Por otro lado, la pérdida de cabello puede alcanzar todo el cuero cabelludo o solo afectar un área bien definida. Las mujeres afectadas a menudo tienen problemas para buscar ayuda. En juego entran la vergüenza, el malestar y la baja autoestima.

Mujer con pelo en su mano

Tipos de alopecia en mujeres

Existen varios tipos de alopecia en mujeres con diferentes grados de gravedad. La etiología es muy heterogénea, lo que hace que su tratamiento médico y estético varíe en gran medida.

Alopecia Androgenética Femenina

La alopecia androgenética puede llegar a darse en casi el 50% de las mujeres, siendo de aparición más habitual con la llegada de la menopausia y la disminución de estrógenos (hormonas femeninas). Este tipo de alopecia afecta mayoritariamente a la zona superior de la cabeza, permaneciendo inalterable la línea frontal del cabello.

Sin embargo, en casos muy avanzados podría incluso afectar de forma difusa a todo el cabello. La realización de un diagnóstico durante los primeros síntomas de la enfermedad consigue, en la mayoría de los casos, detener el proceso de caída, aumentar la densidad capilar (los cabellos recuperan su grosor habitual) y la regeneración de los cabellos perdidos.

Alopecia cicatricial

La alopecia cicatricial se caracteriza por la aparición de tejido fibroso cicatricial donde antes existían folículos pilosos. La presencia de estas cicatrices impide el crecimiento normal del cabello. La alopecia cicatricial puede ser congénita o adquirida.

Las principales causas adquiridas son traumatismos mecánicos (quemaduras, cirugías, etc.), afecciones autoinmunes (lupus eritematoso, esclerodermia, etc.), infecciones bacterianas (foliculitis), infecciones por hongos (tiña), procesos víricos (herpes zóster) y tumores.

Realizar un estudio tricológico y un examen histológico es fundamental para realizar un diagnóstico.

Alopecia Areata

La alopecia areata se caracteriza por la aparición de placas de calvicie de forma redondeada en cualquier parte del cuerpo, aunque lo más común es su aparición en el cuero cabelludo. A diferencia de otros tipos de alopecia, la zona afectada por la pérdida de cabello presenta un aspecto sano, sin descamaciones, inflamaciones o enrojecimiento.

El estrés o determinadas situaciones conflictivas pueden desencadenar la aparición de placas de alopecia areata, pero no son el origen de la enfermedad. Esta enfermedad es reversible, ya que los folículos pilosos no han sido destruidos y se encuentran debajo de la piel.

El diagnóstico principal se puede realizar mediante un estudio tricológico, siendo necesario en algunos casos tomar una biopsia o realizar un estudio inmunológico. A veces evoluciona al tipo de alopecia universal.

Alopecia universal

La alopecia areata afecta al 2% de la población. Además, puede asociarse a muchas otras condiciones, como enfermedad de tiroides, diabetes tipo 1, alergias y asma; y es similar a otras enfermedades dermatológicas, como eczema, psoriasis o vitíligo.

Existe una predisposición genética. Entre los candidatos a desencadenantes o causas que destacan como las más probables encontramos el estrés, infecciones virales y la toma de medicamentos. En general, la alopecia empieza con una pequeña área redondeada o parche, que se queda sin pelo en el cuero cabelludo.

Esta enfermedad es impredecible. Al igual que el cabello desaparece súbitamente, puede volver a crecer e incluso caerse de nuevo. El problema surge porque el sistema inmune ataca a las células de los folículos capilares, que se encogen y dejan de producir pelo visible. Sin embargo, los folículos se mantienen activos, por lo que en cualquier momento, si reciben la señal adecuada, podrían volver a producir pelo, incluso sin tratamiento y habiendo pasado varios años.

A la espera de que esto suceda, los pacientes buscan activamente una cura. Pero ni la terapia con células madre, ni los factores de crecimiento, ni los trasplantes robóticos de pelo funcionan para ellos. En la actualidad desafortunadamente no existen tratamientos curativos.

Mujer con alopecia

Factor psicológico de la alopecia en mujeres

En el caso de la alopecia femenina, las repercusiones son casi siempre negativas. A diferencia del varón, la sociedad no admite que una mujer pueda quedarse calva y por eso las repercusiones psicológicas son mayores (aislamiento, depresión…).

Un cabello bonito y frondoso se valora como un atributo sexual símbolo de femineidad. Perder cabello se asocia con la menopausia y pérdida de la fertilidad. Estas mujeres utilizan peinados que camuflan un poco la poca densidad de pelo que tienen y eso hace que dejen de ir a piscinas, playas, gimnasios y se retraigan socialmente.

La psicología y la dermatología siempre han ido muy unidas. Hay que recordar que el sistema nervioso y la piel se originan de la misma capa embrionaria.

Aunque el origen y patogenia de la alopecia areata es de etiología autoinmune, se ha constatado la importancia de los factores psicológicos en el origen y perpetuación de este tipo de alopecia. Muchas pacientes cuentan  un episodio de estrés agudo cuando se realiza la historia clínica.

El estrés, derivado de la pérdida de un trabajo, una ruptura traumática o la muerte de un familiar, podría causar alteraciones inmunológicas -entonces, a partir de este debilidad en el sistema que nos protege, los linfocitos T atacarían el folículo piloso-. Si a esto sumamos que la imagen de la persona se ve alterada -con una evaluación negativa del cambio-, entenderemos que muchas personas se vean sobrepasadas y sin recursos para gestionar de manera inteligente el impacto emocional que se deriva de este escenario.