Imre Kertész, biografía de un sobreviviente genial

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 29 enero, 2019
Edith Sánchez · 29 enero, 2019
Gran parte de la obra de Imre Kertész está basada en su propia experiencia como adolescente prisionero en el campo de concentración de Auschwitz y en sus vivencias durante el imperio del totalitarismo en su país natal, Hungría. Imre Kertész fue un superviviente, un hombre que nunca dejó de encontrar piedras en su camino y, sin embargo, logró vivir de lo que más le gustaba y obtener el reconocimiento internacional.

Imre Kertész fue el ciudadano húngaro más célebre del último siglo. Esta afirmación va ligada al hecho de haber sido la única persona de dicha nacionalidad que ha obtenido un Premio Nobel. Aún así, no fue su propio país el que reconoció y apoyó su talento, sino todo lo contrario. Hungría fue un duro lastre para este impresionante escritor que, sin embargo, hizo de su desgracia una obra magistral de la literatura.

La fama universal de Imre Kertész se debe a su novela Sin destino. Considerada la obra literaria más importante acerca del holocausto nazi. Ha sido traducida a más de 20 idiomas y fue llevada al cine en 2005 de la mano del director húngaro Lajos Koltai, con un guion escrito por el propio Kertész. Vale decir que Kertész se negaba a llamar holocausto a ese genocidio, pues consideraba que esta era una forma de sacralizarlo, en lugar de denunciar su esencia.

La obra de Imre Kertész va mucho más allá de denunciar las atrocidades que marcaron un antes y un después en el mundo. Su trabajo se orienta, más bien, a evidenciar que la Segunda Guerra Mundial fue una ruptura previsible con los más altos valores de la Europa del ayer. Y lo logra a través de una prosa entretenida, irónica y conmovedora. Su vida real, sin embargo,es igual o más impactante que su propia novela. Y es que, como se afirma con frecuencia, en ocasiones, la realidad supera a la ficción.

Si existe la libertad, entonces, no puede existir el destino, por lo tanto, nosotros mismos somos nuestro propio destino”.

– Imre Kertész-

Imre Kertész, primeros años

La vida de Imre Kertész estuvo marcada por experiencias dolorosas, que comenzaron a temprana edad. Nació el 9 de noviembre de 1929 en Budapest (Hungría). Provenía de una familia de judíos no practicantes que gozaban de una buena situación económica. Cuando tenía 5 años, sus padres se separaron. Posteriormente, fue enviado a un internado, donde realizó sus estudios básicos.

Para 1940, Imre Kertész comenzaba la escuela secundaria, coincidiendo con las primeras fases de la Segunda Guerra Mundial. El antisemitismo ya se estaba apoderando de importantes sectores de Europa, por lo que, el joven Kertész fue asignado a unas clases aparte, en un espacio destinado solo para judíos. De este modo, los primeros años de la secundaria los cursó sintiendo el peso de la discriminación.

En 1944, fue deportado al campo de concentración de Auschwitz. En aquel entonces, contaba con tan solo 14 años de edad. Se cuenta que él mismo ignoraba lo que significaba ese traslado. Los nazis obligaron a los jóvenes judíos a que hicieran una larga fila antes de distribuirlos. Imre Kertész hablaba algo de alemán y entendió que los soldados se referían a él diciendo que podría tener 16 años. Cuando se lo preguntaron, sin saber por qué, él respondió que esa era su edad. Esa pequeña mentira, ese impulso que le llevó a engañar a los soldados, le salvaría la vida, pues los menores fueron enviados a la cámara de gas.

Auschwitz

Una impronta indeleble

Entre 1944 y 1945, Imre Kertész estuvo en Auschwitz y en Buchenland, de donde fue liberado después del triunfo de Los Aliados. Lo más desconcertante de su experiencia es que fue reducido a la miserable condición de preso de un campo de concentración, sin que su familia, ni él mismo, fueran en realidad practicantes del judaísmo. Cuando terminó esta experiencia, volvió a su tierra natal, pero ninguno de sus parientes había sobrevivido.

Más adelante, comenzó a trabajar como periodista y terminó sus estudios de secundaria. Sin embargo, fue despedido de su empleo y tuvo que trabajar varios años en una fábrica. Comenzaba el régimen estalinista en Hungría y, otra vez, se le discriminó. Fue tildado de “burgués”, por la procedencia acomodada de su familia. Por lo tanto, el régimen lo miraba con sospecha y prevención. Finalmente, logró comenzar a realizar labores de traductor y esto le permitió contar con recursos para sobrevivir sin tanta premura.

Kertész también compuso comedias, textos para comerciales y otros textos menores; pero siempre fue un apasionado escritor. En 1975, publicó su gran novela Sin destino, aunque no tuvo el más mínimo impacto en su país natal. Durante 20 años, Kertész vivió en un apartamento de 25 metros cuadrados y escribió en un diminuto rincón de la cocina. A veces, también lo hacía en el café Luxor que frecuentaba. Por aquellos años, llegó a decir: “siempre seré un escritor húngaro de segunda fila, ignorado y malinterpretado”.

Para los años noventa fue redescubierto por editores alemanes, que supieron apreciar el gran valor de su obra. Seguidamente, su reconocimiento se fue incrementando con la obtención de diversos premios internacionales. Tras la caída del régimen comunista en Hungría, Imre Kertész se tornó más prolífico y alcanzó mayores comodidades. En 2002, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, algo que compensó, en parte, todo su sufrimiento. Finalmente, murió el 31 de marzo de 2016, en Budapest.

Imre Kertesz

Una pequeña mentira salvó y cambió la vida de Imre Kertész. En un pequeño instante, nuestra vida puede dar un vuelco totalmente inesperado. Cuando escuchamos relatos de superviventes del holocausto, nos asombra ver cómo algunas personas lograron sobrevivir a tantas atrocidades. Imre Kertész no solo sobrevivió al holocausto, sino que se enfrentó a las dificultades nuevamente bajo un régimen distinto. Su origen fue siempre juzgado, independientemente de quien estuviera en el poder. Tampoco lo tuvo fácil en sus primeras andanzas como escritor, pero Kertész no se rindió y utilizó el arma más poderosa que conocía: la palabra.

  • Larrosa, J. (2009). Veinte minutos en la fila. Sobre experiencia, relato y subjetividad en Imre Kertész. Actualidades pedagógicas, (54), 55-68.