Sabrina Spellman, actualizando los valores

Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
· 22 diciembre, 2018
Ante una nueva realidad, toca reinventarse. Y eso es lo que le ha ocurrido a la popular bruja adolescente Sabrina, reinventarse, adaptarse a los tiempos que corren. Con una visión más oscura, las aventuras de la joven bruja esconden una metáfora de nuestra propia realidad. Conciliar culturas, cambios y nuevos puntos de vista, eso es lo que nos propone la nueva Sabrina.

Sabrina es un personaje de la serie Archie de Archie Comics. Su popularidad ha propiciado que existan diversas versiones del mismo y, quizás, la más conocida hasta hace poco era la adaptación televisiva que llevaba por nombre: Sabrina, the teenage witch (1996). Durante los años 90, Sabrina, interpretada por Melissa Joan Hart, gozó de gran popularidad. En la actualidad, una nueva versión de la joven bruja se ha apoderado de nuestras pantallas; en esta ocasión, de la mano de Netflix.

En Chilling Adventures of Sabrina (2018), los tiempos han cambiado y el tono humorístico e inocente de los años 90 se ha esfumado, dando paso a una serie más oscura, más inquietante. Sabrina Spellman (Kiernan Shipka) deberá elegir entre dos caminos, dos mundos: el mortal y el de las brujas.

La serie está plagada de alusiones al mundo del cómic, a la cultura popular y también al satanismo, dibujando, de este modo, un entorno más tenebroso, aunque con cierto aire retro. Nos encontramos ante un entorno muy oscuro, con elementos que nos recuerdan al pasado, un vestuario más característico de los años 60 que de la actualidad, que hace difícil saber en qué época estamos realmente.

Chilling Adventures of Sabrina deja a un lado el tono alegre y desenfadado de los 90, ya no es una comedia para toda la familia, sino algo más oscuro. Pese a lo mágico y fantástico de la serie, también se habla de temas de actualidad como, por ejemplo, el bullying. Aunque, sin duda alguna, el centro de la serie es Sabrina y, como consecuencia, la propia dualidad que encarna el personaje: mitad bruja, mitad mortal.

Dejando la infancia atrás

Vivimos en un periodo en el que las series de televisión son más que abundantes, la forma de consumirlas ha cambiado y ya no buscamos tanto una serie de sobremesa con risas enlatadas, sino algo más profundo. Al mismo tiempo, mantiene el tono cómico de los 90, pero en este caso, con toques de humor negro, donde la muerte será motivo de risa y la propia religión de las brujas nos llevará a situaciones de lo más descabelladas.

Uno de los elementos que echamos de menos en esta nueva Sabrina es Salem, un mago que había sido condenado a vivir en el cuerpo de un gato y, como consecuencia, podía hablar, era egocéntrico y se convirtió en un gran consejero de la joven bruja, aportando una gran nota de humor.

Con la nueva adaptación, la esencia del personaje se ha perdido; ya no se trata de un gato que habla, sino de un gato más o menos común. Las brujas poseen un «familiar», una especie de animal protector que las ayudará en su camino y esa es, precisamente, la función del nuevo Salem.

Serie de Sabrina de Netflix

Ambrose, primo de Sabrina, es el personaje que sustituirá, en cierto modo, a Salem; convirtiéndose en el nuevo consejero de Sabrina. Una de las innovaciones que plantea la serie de Netflix es que se adapta perfectamente a los nuevos tiempos, a las nuevas necesidades del público.

Lejos de presentarnos personajes totalmente normativos, arquetípicos e irreales, nos brinda personajes de todo tipo; acercándonos, un poco más, a la realidad. Sabrina es una protagonista imperfecta, se equivocará en incontables ocasiones y se enfrentará a numerosos dilemas morales.

Se mantienen, por otro lado, dos personajes igualmente emblemáticos e inolvidables: Zelda y Hilda. Ambas siguen encarnando los valores que ya presentaban en los años 90: Hilda es la inocente y bonachona; mientras Zelda es la cara seria y responsable del dúo, aunque, en esta ocasión, manifiesta unos valores tremendamente conservadores y una gran devoción por la Iglesia de la Noche. Pese a las similitudes, ya no viven en aquella casa blanca y alegre de los años 90, sino en una casa oscura y gótica en la que regentan una funeraria.

Sabrina, una joven luchadora

La adolescencia es una etapa llena de preguntas, de cambios, de incertidumbre, de decisiones… Sabrina, como cualquier adolescente, comenzará a cuestionarse el mundo que le rodea, pero además, deberá luchar por tratar de unir sus dos culturas. Debido a su doble naturaleza: bruja y mortal, Sabrina acudirá a dos centros distintos: un instituto y la academia de brujas. Por distintas que sean sus culturas, se enfrentará a problemas muy similares en ambos centros, como el bullying y la exclusión de las minorías.

En el instituto, vemos que el entorno de Sabrina es variado, sus mejores amigas son: Roz, una joven negra que, igual que Sabrina, se enfrentará al sistema; y Susie, una víctima de bullying debido a identificarse como género no binario. Es decir, nos encontramos ante un grupo minoritario que deberá buscar su lugar y enfrentarse a los problemas que derivan de pertenecer a la otredad.

Sabrina mirando hacia atrás

Estos personajes están realmente bien dibujados, se profundiza en sus vidas y en su pasado; y unidos al personaje de Ambrose, que se identifica como pansexual, suponen una revelación en el universo televisivo. Ante las injusticias y la situación de inferioridad que sienten las mujeres en el instituto, Sabrina funda junto a sus amigas una organización que lleva por nombre WICCA (en clara alusión a la religión pagana vinculada a la brujería).

Gracias a esta asociación, las mujeres tendrán un lugar en el que reunirse, en el que poder leer libros y comentarlos y, a su vez, defenderse de las injusticias y enfrentarse al patriarcado. Esta imagen de Sabrina luchadora y reivindicativa se plasma también en el mundo de las brujas; en la academia, deberá enfrentarse a su condición de minoría (consecuencia de su doble naturaleza) y a los abusos de las Hermanas Extrañas. Sabrina, a su vez, deberá decidir entre: entregar su alma a Satán y pertenecer para siempre a la Iglesia de la Noche o renunciar a su poder.

La dualidad de Sabrina

La nueva adaptación de Sabrina nos presenta una metáfora de nuestro propio mundo, donde los choques culturales y generacionales serán los encargados de desencadenar los conflictos.  Pese a que ambos mundos son opuestos, los problemas son los mismos. En el mundo de las brujas, el Sumo Sacerdote y la tía Zelda encarnan los valores más arcaicos de la Iglesia de la Noche; nunca cuestionan nada y se alteran ante el mínimo cambio.

En el mundo de los mortales, gran parte de los habitantes de Greendale procede de familias que propiciaron la quema de brujas. Los amigos de Sabrina, especialmente su novio Harvey, poseen un pasado arraigado en la persecución de la brujería. Sin embargo, parece que los personajes más jóvenes no tienen prejuicios y no se dejan llevar por las imposiciones socioculturales. Así lo vemos, por ejemplo, en la relación de Sabrina con su familia y en la de Harvey con su padre.

Sabrina con sus amigos

Las nuevas generaciones han crecido en un entorno distinto donde los valores también han cambiado. Sabrina no quiere renunciar a ser bruja, pero tampoco mortal; representa una nueva realidad y tratará, aunque con dificultad, de conciliar ambas tradiciones. Nunca es fácil unir dos culturas y mucho menos en la adolescencia.

La serie nos plantea infinidad de cuestiones morales, Sabrina no siempre acierta y, en ocasiones, se deja llevar sin pensar en las consecuencias. Ha crecido conociendo su doble naturaleza y no quiere renunciar a su identidad. ¿Por qué escoger? ¿Por qué ser una cosa excluye ser otra? ¿Por qué no conciliar ambas identidades? Y, sobre todo, ¿por qué mantener una tradición que, en la actualidad, ya no tiene sentido? Asimismo, se plantearán cuestiones vinculadas al libre albedrío y al propio destino de la joven bruja.

Sabrina denunciará algunas de las tradiciones más ancestrales de la Iglesia de la Noche, como los sacrificios humanos. Demostrará que las generaciones jóvenes han crecido de otra manera y están abiertas al cambio. En definitiva, nos encontramos ante la reinvención de un personaje clásico que, sin perder su esencia, ha sabido adaptarse a las nuevas exigencias de nuestra contemporaneidad.

«Yo quiero ambas cosas: libertad y poder».

-Sabrina-