Ingmar Bergman, una vida de película

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la crítica de cine Leah Padalino el 22 marzo, 2019
Camila Thomas · 22 marzo, 2019
Ingmar Bergman fue el paradigma del artista libre, nos obsequió su obra: prueba física que el director puede adentrarse en los actores, y traernos a los espectadores sus emociones más íntimas

Ingmar Bergman ha sido uno de los cineastas que más se ha acercado a la exploración del alma humana a lo largo de su carrera. Fue también escritor, director y productor de teatro, cine, radio y televisión.

Tanto sus personajes como sus recursos cinematográficos fueron muy complejos y se encontraban llenos de matices. Por esta razón, rápidamente se convirtió en un icono de su época, tanto en el cine como en el teatro.

Fue amado y odiado casi a partes iguales, su estilo, marcado por con encuadres osados y temáticas devastadoras, no deja indiferente a nadie. En su discurso, predomina lo trágico, lo que propició que su obra se viera como algo diferente, algo que rompía con el resto del cine del momento.

La visión que logró plasmar en su obra nos acerca a la incapacidad patente de los hombres y mujeres para comunicarse efectivamente. También abordó los grandes temas de la vida y existencia humana: la existencia de Dios, el temor a la muerte, la veleidad del amor, la consumación de la vida por la superstición, la culpa y el arrepentimiento.

Bergman juventud

La infancia que marcaría su vida

Ingmar nació en la ciudad de Upsala (Suecia) el 14  de julio del año 1918. Nació en el seno de una familia adinerada y fue el segundo de tres hijos. Se conoce que el chico pasó gran parte de su infancia enfermo. Sus padres fueron Karin Åkerblom, una burguesa caprichosa y Erik Bergman, un pastor protestante puritano.

Gracias a sus memorias, sabemos que su educación se rigió por los preceptos luteranos de culpa: pecado, confesión, castigo, perdón y redención.

La severidad del ambiente en que creció hizo que muchos de sus personajes y obras se enmarcaran en este mundo. Destacan situaciones de castigo, desde bofetadas y azotes hasta formas de maltrato psicológico mucho más elaboradas.

Siendo todavía un niño, se coló en el depósito de cadáveres del hospital de Sophia, en Estocolmo. En este hospital, su padre, un estricto pastor luterano, ejercía como capellán. Esta experiencia marcaría para siempre al joven Bergman.

En una de sus películas, Fanny y Alexander, el protagonista de 10 años pasa vicisitudes muy similares a las que le tocó vivir al laureado director en su infancia. Según declaraciones del propio Bergman, aprendió a sobrellevar la fuerte represión que vivía a través de una desbordada imaginación.

Alrededor de los 10 años de edad, Ingmar Bergman ya había creado un pequeño tetaro. Los personajes fueron confeccionados uno a uno por el joven.

Ya como adulto, el director expresó haberse independizado de los valores paternos. Sin embargo, a lo largo de su vida, el artista mantendría referencias importantísimas a las circunstancias de su infancia. Su filmografía es un claro testimonio de las imágenes y los valores de su hogar que lo marcaron para siempre.

Primeros pasos en el cine

Cursó estudios en la Universidad de Estocolmo, donde se licenció en Letras e Historia del Arte con una tesis sobre el dramaturgo August Strindberg. Hasta el año 1942, dirigió el teatro universitario. Su carrera inicia como ayudante de producción del Gran Teatro Dramático de Estocolmo.

En 1943, a raíz del montaje de su obra de  teatro La muerte de Gaspar (1942), la productora Svensk Filmindustri  (SF) lo contrató para su departamento de guiones.

Entre los años 1944 y 1952, trabajó como director artístico del Teatro Municipal de Helsingborg. Sus primeras películas fueron para la productora SF, títulos como Crisis (1946) o La prisión (1948) componen algunos de sus primeros filmes. Sin embargo, el reconocimiento internacional llegaría con la cinta Sonrisas de una noche de verano, muy aplaudida en el Festival de Cannes de 1956.

La obra de Ingmar Bergman

Ingmar Bergman escribió, produjo y dirigió películas de géneros que van desde la comedia ligera hasta el drama psicológico.

Sus películas siempre estuvieron fuertemente marcadas por sus dilemas morales y metafísicos. Así, El séptimo sello (1956) se convirtió en su película más emblemática. En ella, indaga la relación del hombre con Dios y la muerte. Los recursos narrativos que utiliza dejaron una impronta imborrable en la historia del cine.

En Fresas salvajes (1957),  el director recrea su propia infancia. Mientras, en Persona (1966), impone sus simetrías compositivas. La maestría en los primeros planos inspiraría a muchos otros cineastas. Además, en sus películas, es icónico el empleo evocador del sonido y la música.

En los años setenta, la celebridad y el éxito son una constante en su vida. Muchas de sus películas son premiadas en grandes festivales como el Festival Internacional de Cannes.

Escapando de sus problemas fiscales, en 1976, huye de Suecia y se instala en Múnich, Alemania. Allí funda su propia productora.

Fanny y Alexander (1982) es una película encantadora y vital, en la que el director, rompiendo con lo trágico, reconoce la alegría que llevaba dentro de sí.

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Película El Séptimo Sello, Ingmar Bergman

Dentro de los personajes del director

Existe un tema transversal en la obra de este artista: Sus personajes llevan pesadas cargas en sus espíritus y corazones. Constantemente, los viajes se sumergen en rutas que les dificultan avanzar. El viaje de los personajes de Ingmar es cíclico, es decir, los reconduce hacia sí mismos.

En sus películas, los personajes viajan hasta lo más profundo de su alma, hasta su conciencia. Algunas veces, el personaje termina su travesía cono consecuencia de la locura o la muerte. Otras, adquiere un estado de iluminación y sabiduría con el que alcanza a comprender la vida.

Lo que hace fascinante al cine es que evita el intelecto y se dirige directamente al consciente y al subconsciente”.

-Ingmar Bergman-

Pero el viaje a la conciencia no solamente sucede en la pantalla, sino que apela, transporta y cambia al espectador. Lo somete a una experiencia personal, íntima y profundamente inquietante.

El logro más reconocido de Bergman es su maestría transmitiendo a su público el conflicto interno. El director logró compartir con el público el estado de angustia y tormento de sus personajes traspasando la pantalla. 

El legado de Ingmar Bergman

En su obra cinematográfica, se reconoce la influencia formal del expresionismo. Destaca especialmente el sentido plástico del artista y la limpieza de las imágenes con una aproximación pictórica. Además del jugoso aprovechamiento que hace del blanco y negro, fuertemente ligado a la influencia de Victor Sjöström.

La temática de su obra tiene como vértice las preocupaciones existencialistas y religiosas del autor. Su labor como dramaturgo se revela en la densidad de sus diálogos.

Sus filmes poseen una narrativa visual pausada: la secuencia de planos deliberadamente lenta le da al espectador el tiempo de reflexión que necesita. Una obra que podría ser monótona salta a la inmortalidad gracias a la extraordinaria marcación actoral y a la riqueza del mensaje.

En su visión atormentada y desesperanzada, Ingmar Bergman reconoce la influencia de dos dramaturgos: August Strindberg y Frank Nicholas Petrosinov. Estos autores le acompañarían espiritualmente a lo largo de toda su trayectoria.

Bergman vejez

Bergman se convirtió en un ejemplo a seguir para muchos jóvenes cineastas. Ingmar fue el ejemplo claro de un cineasta que luchó para hacer el cine que realmente deseaba, el que le apetecía en un determinado momento y nacía de su interior.

Mujeriego empedernido, el director falleció el 30 de julio de 2007 a los 89 años en la isla de Fårö. Dejó tras de sí un incuestionable legado, Bergman dirigió más 40 películas y más de cien obras de teatro.

La filmografía de este gran artista se encuentra plagada de su poderosa osadía. A través de su obra, logró exorcizar sus demonios. De esta manera, plasmó un estilo propio que influenciaría a numerosos creadores que le precedieron.