Jean Baptiste Hermosilla, el ángel de unas mujeres desafortunadas

Edith Sánchez · 20 febrero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 20 febrero, 2020
A sus 90 años, Jean Baptiste Hermosilla se considera un hombre afortunado. Esta es su historia.

La historia de Jean Baptiste Hermosilla es la historia de un gran aventurero y maravilloso intelectual que dejó una importante huella en la vida de muchas personas gracias a su generosidad. Su vida también es una prueba de que quien da, sin esperar nada a cambio, tarde o temprano, también recibe mucho de la vida.

Jean Baptiste Hermosilla nació en Argelia el 24 de junio de 1929. Tuvo tres hermanas y su madre fue la figura que finalmente se hizo cargo del hogar.

Desde entonces, comenzó a apreciar el enorme valor de las mujeres en la sociedad. Solía apuntar con frecuencia que, en el fondo de su corazón, sentía que su madre lo amaba más que a sus hermanas. Imaginaba, de niño, que eso era lo que le decía ella al sacerdote cuando se confesaba.

“A ustedes les gusta conocer fenómenos, ¿verdad? Bueno, aquí el fenómeno soy yo”.

-Jean Baptiste Hermosilla-

Su padre era un agricultor no muy instruido, sin embargo, no tardó en percatarse de que su hijo poseía una gran inteligencia. Por eso, desde siempre, lo apoyó para que estudiara y pudiera labrarse un futuro de provecho.

Hoy en día, y a punto de cumplir 91 años, Jean Baptiste Hermosilla no logra recordar muchos episodios de infancia. En parte por la edad y, en parte, porque pasó sus primeros años sumergido en los libros.

Libro

Un joven especial

Tan buen lector era que pronto comenzó a adquirir fama como alguien dotado de una cultura excepcional. Se dice que a los 13 años tenía una profesora de piano y que esta no le cobraba las clases, pues apreciaba enormemente la calidad de su conversación y no pensaba privarse de ella simplemente porque el chico no tuviera forma de pagar.

Cuenta que de niño fue objeto del acoso de sus compañeros, se burlaban de él y le quitaban la merienda que su madre le preparaba. Pasó muchos años escondiéndose de esos compañeros abusivos y, tal vez, a raíz de estos episodios, desarrolló una especial sensibilidad hacia aquellos más débiles.

En cuanto a su formación académica, finalmente, decidió estudiar ingeniería hidráulica en la Universidad de Toulouse, aunque, en la actualidad, ha admitido que dicha decisión fue un error. Como también era muy hábil con los idiomas, fue contratado por el gobierno francés para ir a Colombia.

Un amigo suyo lo invitó para que diera clases en la Universidad Nacional de ese país y allí descubrió que había nacido para ser maestro. Tras esto, decidió establecerse definitivamente en el país americano y dedicarse plenamente a la docencia.

Profesor, aventurero y alma generosa

Jean Baptiste Hermosilla era un profesor severo, el único que exigía a los alumnos, sin excepción, que se pusieran de pie cuando él entraba. También fue el líder de una cruzada contra la copia en los exámenes hasta el punto de colocarse encima de su escritorio con el fin de vigilar a los estudiantes durante los mismos. Si alguno cometía una falta, castigaba a todo el grupo.

Los alumnos lo querían y lo respetaban porque, aunque severo, era un profesor muy justo. Así pasó toda su vida, como un catedrático universitario que jamás se casó, ni tuvo hijos. Al jubilarse, se lanzó a conocer mundo y viajó a la India, donde aprendió yoga, actividad que practicaría durante el resto de su vida.

Sin embargo, la leyenda de Jean Baptiste Hermosilla comenzó cuando descubrió que ya tenía suficiente edad para estar casado y no lo estaba. Había tenido dos novias, pero ninguna de ellas lo hizo abandonar su amor por la libertad personal.

Pasaba su tiempo entre el cine y los libros, además, tenía buenos recursos económicos. Hasta que un día conoció a Nohora Esperanza Cruz Bolívar, que dirigía una fundación que ayudaba a transformar a mujeres que ejercían la prostitución y él decidió ayudarla.

Sombra de una mujer

Una historia de nobleza mutua

Jean Baptiste Hermosilla comenzó a donarle mensualmente una suma a la fundación de Nohora. Después, decidió hacer un testamento y legar todo lo que tenía a esa fundación. Nohora dice que, en realidad, él no esperaba nada a cambio y solo la buscaba para hacer las transacciones correspondientes.

De hecho, su carácter era bastante hosco. En una ocasión, ella le llevó una torta de cumpleaños y él se enfadó. No quería que gastara el dinero en cosas superfluas, sino que se lo diera a los más necesitados.

Hermosilla empezó a envejecer y cada vez se le hacía más difícil cuidar de sí mismo. Por esta razón, llamó a Nohora y le pidió que lo ayudara a conseguir una casa, pues el piso en el que vivía ya no era cómodo para él.

Nohora pensó que el profesor ya no debía vivir solo. Así que le propuso ir a vivir en la Fundación, junto con las chicas que ya habían dejado de trabajar en la calle. Él lo pensó y finalmente aceptó.

A su llegada, fue recibido como el gran benefactor de todas y forjaron una gran amistad con él. Algunas lo ven como un padre y otras como un abuelo, lo que está claro es que lo quieren y lo miman todo el tiempo.

Dice que ahora vive como un rey porque toda están pendientes de lo que necesita. Hace pocos meses,  Jean Baptiste Hermosilla publicó un libro llamado Un paseo por la vida y lo lanzó en la sede de la fundación. Sus compañeras eran las más felices por ese nuevo logro.

Bolívar, A. (2014). Las historias de vida del profesorado: voces y contextos. Revista mexicana de investigación educativa, 19(62), 711-734.