Jim Jones, un impresionante fenómeno de sugestión colectiva

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 17 abril, 2019
Edith Sánchez · 17 abril, 2019
Quienes conocieron a Jim Jones lo definen como un líder que hablaba de tal manera que sus palabras conmovían profundamente a quienes las escuchaban. El fondo trágico de tal concentración de carisma os lo contamos a continuación.

El nombre de Jim Jones es sinónimo de tragedia. Hablamos del inductor del suicidio colectivo más grande de la historia. Ocurrió en Jonestown, Guyana, el 18 de noviembre de 1978. En ese tenebroso hecho 918 personas se quitaron la vida. ¿Cómo es posible que alguien tenga semejante poder de sugestión sobre tanta gente?

Lo peor de esos terribles sucesos es que antes de que se produjera el suicidio colectivo, los involucrados segaron la vida de 300 niños y de 5 personas que no formaban parte de la secta Templo del pueblo, liderada por Jim Jones.

Desafortunadamente, el caso de Jim Jones es el más masivo, pero no el único en su especie. Son muchas las sectas contemporáneas que llevan a sus fieles a adoptar unas conductas irracionales y totalmente nocivas para sí mismos y para los demás. Esto ocurre incluso dentro de segmentos católicos, musulmanes y de otras grandes religiones.

“Esta es la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no reconocer que se había generado un acto de autosugestión”.

-George Orwell-

Jim Jones paseando

Jim Jones, el místico

Jim Jones nació el 13 de mayo de 1931, en Indiana, Estados Unidos. Era hijo de dos campesinos de origen británico, pero en varias oportunidades él afirmó que descendía de los indígenas americanos. Ese dato era falso. Lo que sí es cierto es que a una edad muy temprana se interesó por la religión.

En 1949 terminó sus estudios universitarios y se casó con Madelene Baldwin. Luego se integró a la iglesia metodista y se formó como pastor. En 1952 fundó la iglesia El templo del pueblo, en Indianápolis. Esta era una extraña amalgama de ideas cristianas, comunistas y fascistas.

Jim Jones se convirtió en un gran predicador. Era un líder carismático que hablaba en contra del racismo y decía querer salvar a los más desprotegidos. Poco a poco fue radicalizando su discurso e introduciendo ideas extrañas, como que él era un profeta al mismo nivel que Jesucristo.

El templo del pueblo

Jim Jones le ordenó a su comunidad que se trasladara a California para llevar una vida colectiva, en una granja de tipo “socialista” y dedicada a lo “espiritual”. Al menos unas 140 personas lo siguieron. Más adelante se establecieron en San Francisco y allí el pastor adquirió gran notoriedad.

Este líder religioso fue apoyado incluso por figuras de la política, por su discurso antirracista y solidario con los más desfavorecidos. También comenzaron a darse “curaciones por fe dentro de la congregación, lo que atrajo a nuevos adeptos sedientos de una esperanza que no encontraban.

Sin embargo, al mismo tiempo empezaron a aparecer rumores sobre explotación laboral y sexual dentro del Templo del pueblo. Jim Jones, por su parte, comenzó a hablar del apocalipsis y de una supuesta guerra nuclear. Luego se trasladó a Guyana, en Sudamérica, y muchos de sus fieles le siguieron.

Una comunidad sugestionada

En Guayana, Jim Jones compró un gran terreno al que llamó “Jonestown”, en honor a sí mismo. Quienes estuvieron allí y lograron sobrevivir cuentan que en ese lugar tenían que trabajar de 12 a 14 horas diarias en labores de granja. Por ese trabajo les pagaban la suma de 2 dólares semanales.

También se cuenta que muchas mujeres fueron obligadas a tener relaciones sexuales con el líder y que los niños eran víctimas de torturas. Jones comenzó a hacer unos rituales a los que llamó “Las noches blancas”. En ellas hacían simulaciones de suicidios colectivos.

Los rumores sobre lo que ocurría allí llegaron a oídos del congresista Leo Ryan, quien quiso ir personalmente a ver qué había de cierto en ellos. Fue recibido con una celebración. Jones tenía una guardia personal a los que llamaba “ángeles”. Estos dieron fe de que el lugar era un paraíso terrenal.

Jim Jones sentado

Un final trágico

El congresista Ryan decidió volver al día siguiente a los Estados Unidos y señaló que quienes quisieran podían ir con él. Estaba cerca del avión cuando fue atacado por “los ángeles”. Uno de ellos lo acuchilló y los demás dispararon contra la comitiva de Ryan.

Luego Jim Jones reunió a toda su comunidad y les pidió que tomaran cianuro. De hecho, no lo pidió, sino que lo exigió. Se cuenta que dijo: “Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo. Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados. Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía”.

A quienes se negaban a tomar el cianuro, se les inyectaba. Solo 80 personas lograron escapar, rumbo a la selva. Los demás murieron ahí, incluyendo bebés. Luego Jones, aparentemente, se suicidó con un tiro en la cabeza. A estos hechos los denominaron “histeria suicida”.

Rodríguez-Carballeira, Á., Martín-Peña, J., Almendros, C., Escartín, J., Porrúa, C., & Bertacco, M. (2009). Un análisis psicosocial del grupo terrorista como secta. Revista de Psicología Social, 24(2), 183-195.