El juego del calamar: ¿cuál es el secreto de su éxito?

"El juego del calamar" es ya todo un fenómeno social. Esta serie de televisión nos revela oscuras e interesantes claves sobre nuestro mundo actual en las que vale la pena reflexionar...
El juego del calamar: ¿cuál es el secreto de su éxito?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 01 octubre, 2021.

Última actualización: 01 octubre, 2021

¿Qué pasaría si nuestro juego preferido de infancia fuera sangriento y mortal a la vez? Esta es la premisa de la que parte el último gran éxito de Netflix: El juego del calamar.

Esta producción surcoreana no deja de ser una poderosa alegoría sobre nuestro presente y esta sociedad altamente competitiva y desigual. Lo innovador es que nos lo muestren a través de una lente sencilla y rotunda como son los juegos infantiles.

Hay quien compara esta producción con títulos como Los juegos del hambre o Black Mirror. Es inevitable retrotraerse a esas mismas narrativas, es cierto. Sin embargo, Hwang Dong-Hyuk, el director y creador de esta producción explica que ya tenía el guion de El juego del calamar escrito en el 2008, pero le pareció demasiado violento y poco comercial. Decidió dejarlo en un cajón.

Fue hace poco cuando tomó conciencia de algo: el mundo actual se está volviendo mortífero en muchos aspectos. De pronto, aquella historia escrita más de diez años atrás cobraba sentido. Lo presentó a Netflix y los directivos de esta empresa de streaming no le pusieron objeción alguna al contenido más explicito.

Hwang tenía libertad absoluta para mostrar lo que deseara. Y lo hizo. El resultado ha sido todo un éxito.

Se le permite avanzar cuando “eso” grite, “Luz verde”. Deténgase cuando “eso” grite “Luz roja”. Si su movimiento es detectado posteriormente, será eliminado. 

Fotograma de El juego del calamar

Elementos para comprender el éxito de El juego del calamar

El juego del calamar se estrenó hace solo unos días y ya está en los primeros puestos de las series más vistas en Netflix. Vemos fotogramas, memes y referencias a esta producción a cada instante en nuestras redes sociales. Nos la recomiendan, escuchamos hablar de ella y los medios ya están preguntando a su creador si habrá segunda temporada -parece que, de momento, la respuesta es negativa-.

Ahora bien, ¿por qué ha causado tanto revuelo? ¿Qué tiene para haber cautivado a miles de personas en todo el mundo? El argumento, a simple vista, resulta sencillo e interesante a la vez.

Seong Gi-hun es un hombre de mediana edad que vive aquejado por varios dramas personales. Apenas ve a su hija y tiene una importante deuda con unos usureros. En un momento dado, conoce a alguien muy singular en una estación de tren.

Este hombre le propone participar en algo que puede dar un giro a su situación económica. Gi-hun lo medita y finalmente accede. Al poco, se le recoge con un vehículo donde queda inconsciente. Despertará junto a otras personas en un almacén con un chándal numerado.

El juego del calamar nos sume en un microuniverso similar a un infierno distópico, en el que empatizamos al instane con las luchas de sus personajes

Una fábula sobre la sociedad capitalista moderna

El juego del calamar es mucho más que un violento ejercicio de supervivencia. Es una fábula sobre las sociedades actuales, la competitividad y también las diferencias de clases. De algún modo, nos hace recordar a la aclamada película Parásitos, una metáfora reveladora e impactante sobre las realidades sociales de casi cualquier país.

Vivimos en un mundo donde algunas élites son obscenamente ricas y otros pierden la vida por el dinero. Es muy fácil identificarse con los protagonistas de esta producción. De hecho, esto mismo es lo que buscaba su creador: que sus personajes nos fueran conocidos, que todos pudiéramos reconocer ese tipo de perfiles en nosotros mismos o en personas de nuestro entorno.

Son figuras con las que empatizamos fácilmente al verlas atrapadas en un escenario distópico. Como uno de los círculos del infierno de Dante donde nadie parece sobrevivir.

Los juegos son simples, la organización compleja

Los juegos son sencillos, siguen normas muy básicas y son fáciles de entender. Esto nos permite situar la atención en cómo los personajes se desenvuelven, en cómo se alían, se traicionan… Sin embargo, nuestra mirada no puede evitar vincularse en los que pierden. A menudo, tenemos la clara sensación de que nadie gana y esto añade aún más drama e interés en el desarrollo de la serie.

Asimismo, no podemos evitar hacer una referencia a la organización de los propios juegos. Nos recuerda mucho a la sociedad de un hormiguero. El juego del calamar está dirigido por hombres enmascarados que se diferencian los unos de los otros por distintos dibujos en sus máscaras.

Los que llevan un círculo, por ejemplo, son los operarios básicos. Los de máscaras triangulares son los soldados armados y los de las máscaras cuadradas son los gerentes o encargados. Son como hormigas obreras cumpliendo un sangriento propósito.

Por otro lado, cabe destacar que el ritmo y la atmósfera son perfectos, así como el propio guion y la dirección de actores. No importa cuán asustados estemos, no importa cuánta violencia veamos… Es inevitable ir de un capítulo a otro conteniendo el aliento y dando rienda suelta a la expectación.

A medida que avanza la trama de la serie, es inevitable sentirte apegado a determinados personajes e intuir quien acabará siendo eliminado en el siguiente juego.

escena juego del calamar

El juego del calamar y el experimento de la prisión de Stanford de 1971

La serie de Hwang Dong-Hyuk nos retrotrae hasta dos conceptos teóricos y psicológicos muy concretos. Por un lado, tenemos la clásica teoría de juegos de suma cero. Ese enfoque en el que las ganancias o las pérdidas de un participante se equilibran con las del otro jugador. Es decir, en la vida solo hay ganadores y perdedores y esto favorece de algún modo el equilibrio de la sociedad.

Por otro lado, al ver El juego del calamar es inevitable recordar el famoso experimento conducido por Philip Zimbardo en 1971. Este psicólogo nos mostró con su polémico juego de rol en los sótanos de la Universidad de Stanford que la bondad puede ser manipulada. Nos enseñó que, a veces, cuando no podemos cuestionar determinadas reglas, nos volvemos esclavos o carceleros.

Para concluir, esta creación televisiva no solo nos permite comprender mejor a la sociedad surcoreana. Nos obliga también a reflexionar sobre múltiples aspectos de este mundo complejo y cada vez más distópico.

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  • Keller, E. L. (1991). Distopía: Otro final de la utopía. 
  • , 7–23.