La bella historia del samurái y el pescador - La Mente es Maravillosa

La bella historia del samurái y el pescador

Edith Sánchez 7 marzo, 2018 en Historias y reflexiones 0 compartidos
Ilustración de un pescador

La historia del samurái y el pescador es un bello relato que nos deja una enseñanza sorprendente. Todo comenzó en el Japón antiguo. Allí vivía un samurái que era conocido por su gran generosidad, especialmente con la gente humilde.

Un día le encomendaron una misión que debía realizar en un pueblo cercano. Una vez realizada y cuando estaba a punto de volver a su hogar, el samurái vio a un pescador con una expresión muy triste. Le pareció que estaba sollozando. Decidió entonces acercarse y preguntarle qué le pasaba.

La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia”.

-Robert G. Ingersoll-

El pescador le contó que estaba a punto de perder su barca porque le debía dinero a un tendero de la región. Como no tenía para pagarle, el prestamista había decidido confiscarle su pequeña barca como garantía. Pero si la perdía, no tendría cómo trabajar y su familia moriría de hambre.

El samurái lo escuchó atentamente. Su noble corazón se conmovió con ese relato. Entonces, sin dudarlo, sacó dinero de su bolsa y se lo entregó al pescador. “No es un regalo” le dijo. No creía que fuera bueno regalar las cosas, porque eso estimulaba la haraganería. Se trata de un préstamo. Dentro de un año volveré y me pagarás el dinero. No voy a cobrarte intereses”. El pescador no podía creerlo. Le prometió que conseguiría lo necesario para pagarle y le agradeció mil veces por ese gesto. La historia del samurái y el pescador apenas ha comenzado.

El regreso del samurái

Después de un año, el samurái volvió a la aldea. Confiaba en que el pescador le pagaría el dinero que le había prestado y sentía una gran emoción por volver a verlo. Esperaba que su ayuda le hubiera servido para mejorar sus condiciones de vida. Es en este punto cuando la historia del samurái y el pescador tomó un giro inesperado.

Sombra de samurái

Cuando el samurái buscó al pescador en el mismo punto donde se habían encontrado hacía un año, no vio a nadie. Les preguntó a los demás pescadores, pero estos no le respondían nada. Por fin uno de ellos le indicó dónde vivía la persona que estaba buscando. Entonces el samurái fue hasta su hogar.

Al llegar allí solo estaban la esposa del pescador y sus hijos. Le juraron que no sabían dónde estaba el deudor. Sin embargo, el samurái se dio cuenta de que mentían. El pescador se estaba escondiendo para no pagarle. La historia del samurái y el pescador no terminó allí.

Ocurre lo inesperado

El samurái montó en cólera. Le parecía inadmisible que su generosidad fuera pagada con un robo. Así que comenzó a buscar al pescador hasta debajo de las piedras. Por fin lo encontró cerca de un acantilado. El hombre estaba escondido.

Cuando vio al samurái, quedó aterrado. Únicamente atinó a decirle que la pesca había sido pésima y que no tenía dinero para pagarle. “¡Ingrato!”, le gritó el samurái. “¡Te ayudé cuando más lo necesitabas! ¿Y decidiste pagarme así?”. El pescador no sabía qué decir. El samurái entonces, inflamado de cólera, tomó su sable para castigar al pescador.

“Lo siento”, dijo entonces el pescador. Y agregó además las siguientes palabras: “Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano”. El samurái se detuvo. Aquel humilde hombre tenía razón. La rabia se disipó y entonces los dos acordaron un plazo de un año más para pagar la deuda.

Lo que enseña la historia del samurái y el pescador

Cuando el samurái llegó de nuevo a su casa, impactado todavía por lo que había pasado con el pescador, vio que de su habitación salía luz. Era extraño. Ya estaba muy tarde. Con sigilo se acercó y notó que su esposa estaba en la cama. Sin embargo, al lado de ella había alguien. El hombre se acercó y notó que se trataba de un samurái.

ilustración representando la historia del samurái y el pescador

Sin dudarlo, sacó su sable. Se acercó despacio y estaba a punto de entrar para cometer una locura, cuando de pronto recordó las palabras del pescador: “Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano”. Entonces respiró hondo y simplemente gritó “¡Ya estoy aquí!”

La esposa salió feliz a saludarlo. Detrás de ella salió la madre del samurái. “¡Mira quién está aquí!”, le dijo la esposa. Había sentido temor de quedarse sola y por eso le había pedido a su suegra que la acompañara. La madre del samurái se había puesto la ropa de su hijo por si llegaba un ladrón. Si la veía pensaría que era un guerrero y entonces no se acercaría.

La historia del samurái y el pescador terminó un año después. El samurái fue de nuevo hasta la aldea del pescador. Él lo estaba esperando. Tenía el dinero y además los intereses,pues había sido un buen año. Al verlo, el samurái lo abrazó. “¡Quédate con ese dinero!”, le dijo. “Nada me debes. Soy yo el que estoy en deuda contigo”, agregó.

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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