La calidad de vida depende de lo que te haga feliz

Edith Sánchez · 16 diciembre, 2015

Todos los días escuchamos o leemos sobre la calidad de vida. Aunque rara vez aparece claramente definida, te dicen que debes buscarla y alcanzarla a través de esto o de aquello. El término se asocia incluso con el de “vida sana” y llegas hasta a sentirte culpable por no ser “tan sano” como debieras.

La verdad es que el concepto de “calidad de vida” comenzó a volverse popular de la mano de la economía, en los tiempos en que tomó fuerza la tesis de la “calidad total” para abordar los procesos industriales.

Se estimaba que la industria debía producir artículos con el menor número de fallas posible y en un tiempo óptimo. Este esquema de pensamiento se trasladó al terreno de lo subjetivo y fue entonces cuando comenzó a hablarse de “calidad de vida” para referirse a los procesos que daban por resultado una existencia “con el menor número de fallas posible”.

“Finalmente todo se conecta: personas, ideas, objetos. La calidad de las conexiones es la clave para la calidad en sí.”

-Charles Eames-

Así, comenzaron a instalarse diversos esquemas de formas de vida con “calidad”. Pero ¿de qué va en realidad aquello de la “calidad de vida”? ¿Es un concepto general que se aplica a todos los casos, o, por el contrario, lo construye cada persona individualmente?

Definiendo la calidad de vida

mujer con pájaro disfrutando de su calidad de vida

El concepto de calidad de vida tiene dos dimensiones: una objetiva y otra subjetiva. Las características de la calidad de vida objetiva han sido definidas desde el mundo administrativo y son las siguientes:

  • Bienestar físico: buena salud
  • Bienestar material: ingresos suficientes y patrimonio sólido
  • Bienestar social: buenas relaciones familiares y comunitarias
  • Bienestar emocional: autoestima, inteligencia emocional, espiritualidad
  • Desarrollo: productividad, educación

Para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), estas variables se reducen a tres: esperanza de vida, educación e ingresos. Se han desarrollado múltiples test para medir la calidad de vida de las personas, de las ciudades y de los países. Todos ellos se basan en las características descritas y otras derivadas de ellas, como medio ambiente, entorno social y político, índice de discapacidad, etc.

Por otro lado está el concepto de “calidad de vida” que ha hecho carrera en algunas corrientes de la psicología. En estos enfoques los indicadores objetivos siguen teniendo relevancia, pero se reorganizan en función del bienestar psicológico de cada persona.

Para estas corrientes, la calidad de vida se define en función de dos variables: condiciones de vida y satisfacción con la vida. Las condiciones de vida se refieren a los aspectos materiales de la existencia (salud física, relaciones sociales, actividades funcionales u ocupación).

La satisfacción con la vida se refiere al grado de conformidad que una persona tiene con las condiciones de su vida. En otras palabras, indica qué tan adaptado se encuentra a la vida que está llevando.

La marca individual en la calidad de vida

mujer disfrutando de su calidad de vida

El concepto de calidad de vida ha originado fuertes polémicas en el mundo de la psicología. El problema aparece cuando se profundiza un poco en la variable “satisfacción con la vida” y en el principio de “adaptación”.

Respecto a la satisfacción con la vida, se puede afirmar que no siempre estar a gusto con las condiciones de vida es sinónimo de “calidad”, o, en otras palabras, de salud mental.

Un dictador, por ejemplo, puede estar muy a gusto con la vida que lleva. Al fin y al cabo tiene una voz de mando absoluta y mantiene sometidos por la fuerza a quienes le rodean. Sin embargo, desde el punto de vista del bienestar emocional, esto no equivaldría a calidad de vida.

Se trata de una satisfacción puramente narcisista. Una “plenitud” que depende de la circunstancia y no de su esfuerzo constructivo. De hecho, una condición insana que le provee una satisfacción pasajera, al tiempo que engendra la semilla de una decadencia interior.

Si tomamos el mismo ejemplo, también se debe cuestionar el concepto de adaptación. Quien se adapta a una realidad de este estilo ¿tiene calidad de vida o no? Seguramente puede obtener beneficios de esa adaptación. Pero indudablemente también paga con su angustia, su miedo y su falta de libertad.

¿Cómo se puede definir entonces aquello de la “calidad de vida”? Quizás lo primero que se deba decir es que la “calidad” es un atributo que corresponde más a las mercancías que a las personas. También que la vida es una realidad que se experimenta y no un proceso que se administra.

Así mismo, es claro que hay elementos que engrandecen y llevan a la plenitud la vida de una persona. Pero esos mismos elementos pueden empobrecer o limitar la existencia de otra persona diferente.

No existe un “modelo” de vida, así como no existe un “modelo” de ser humano. En una guerra, los combatientes consideran que el ideal es un líder frío y lleno de arrojo. Pero en la paz, el ideal lo encarna quien logra tolerar y construir la concordia.

Finalmente, lo que enriquece tu vida es vivirla en función de aquello que te hace feliz y mejora la vida de quienes te rodean. No tienes que ser el más rico, ni el mejor ejercitado, ni el que mejor cumple la dieta para tener algo que se pueda llamar “calidad de vida”.

niño con corazón feliz por disfrutar una buena calidad de vida

Lo que hace tu vida algo digno de ser vivido es la capacidad de apreciarte, aceptarte y evitar hacerte daño. Esto, sin duda, se refleja en una posición constructiva en la vida de los demás.

 

Imágenes cortesía de May Ann Licudine y Claudia Tremblay