La ciencia demuestra que imaginar es tan eficaz como hacer

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
El cerebro no es capaz de distinguir realidad de ficción. Por lo mismo, el ensayo en imaginación de una tarea produce resultados similares a la práctica real de la misma.
 

La visualización es una técnica que ha ganado popularidad en los últimos tiempos gracias a sus sorprendentes resultados. Esto es así porque la ciencia ha demostrado que imaginar algo resulta tan eficaz como hacerlo.

Las implicaciones de este hallazgo son de gran importancia ya que se abre ante nosotros la posibilidad de practicar y mejorar habilidades en cualquier momento y situación. Únicamente necesitamos disponer de nuestra imaginación para lograr una mejoría similar a la que obtendríamos ejercitándonos en la realidad.

Mujer con los ojos cerrados practicando el optimismo

La ciencia demuestra el poder de imaginar

Se han realizado diversos experimentos que han probado el poder de la visualización. Los resultados favorables obtenidos se explican por el hecho de que el cerebro no es capaz de distinguir realidad de ficción. Es decir, se ha comprobado que, al imaginar una acción, se activan las mismas regiones cerebrales que durante su práctica real.

De este modo, cada sesión de visualización fortalece las conexiones neuronales asociadas con dicha acción. Y, como resultado, al ponerla en práctica esta resulta mucho más sencilla y eficaz. Veamos algunos de los más interesantes hallazgos al respecto.

 

Destreza al piano, entrenamiento en imaginación

En la Universidad de Harvard se realizó un estudio para probar que la práctica mental es suficiente para mejorar la agilidad y la destreza en una tarea. Para ello, se seleccionaron dos grupos de voluntarios a quienes se les enseñó qué dedos debían mover para tocar una sencilla composición en el piano.

El primer grupo practicó en el piano dos horas diarias durante cinco días. Por su lado, el segundo grupo únicamente llevó a cabo el ensayo en imaginación. Es decir, mantuvieron sus manos quietas mientras visualizaban cómo moverían sus dedos para interpretar la melodía.

Al finalizar el experimento, sorprendentemente, todos los participantes habían aprendido a tocar la canción; tanto los que practicaron a diario como los que nunca se sentaron frente al piano. Pero esto no es todo. Tras cada sesión de práctica los participantes eran sometidos a una prueba llamada estimulación magnética transcraneal que permite inferir el funcionamiento neuronal.

Así se observó que, a medida que practicaban, la región de la corteza motora relacionada con el movimiento de los dedos se iba apoderando de áreas cerebrales circundantes. Pero, además, esta reorganización cerebral se produjo de igual manera en quienes solo practicaron en imaginación. El solo hecho de visualizar produjo las mismas alteraciones estructurales y funcionales en su cerebro.

 

Fuerza

Lo mismo sucedió en otro experimento que quiso comprobar si el aumento de fuerza podría lograrse sin ejercitar realmente el músculo. Para ello, se compararon dos grupos de personas.

Uno de ellos ejercitó un músculo del dedo cada día durante 15 minutos mediante flexiones del mismo. El otro únicamente imaginó realizar esas mismas contracciones. Al finalizar el grupo de práctica real había aumentado su fuerza muscular en un 30 %, pero el grupo de visualización logró un incremento del 22 %.

Hombre con los ojos cerrados aplicando la técnica de visualización

Puntería

En otro estudio se puso a prueba el incremento de rendimiento en tiros libres acertados, formando para ello tres grupos de participantes. Los primeros practicaron tirando a canasta una hora al día, otros únicamente entrenaron en imaginación, mientras los terceros no hicieron nada (grupo control).

Al finalizar los 30 días, los dos primeros grupos experimentaron una mejoría muy superior al grupo control (como era de esperar). Pero obtuvieron resultados extremadamente similares entre ellos (24 % y 23 % de incremento respectivamente).

Lo mismo ocurrió con una muestra de estudiantes con la que se quiso comprobar el aumento de la puntería mediante tiro al blanco con pistola. Se formaron tres grupos y durante tres meses el grupo A practicó su puntería en un campo de tiro.

 

El grupo B también fue al campo de tiro, pero se les dieron instrucciones para poner sus dedos en forma de pistola e imaginar que acertaban al blanco. El grupo C permaneció en la cafetería sin entrenar ni visualizar.

Pasados tres meses el grupo C no experimentó ninguna mejora. Pero el grupo A y B obtuvieron grandes resultados casi idénticos (un incremento del 83 % y el 82 % en cada caso). 

En suma, el simple hecho de imaginar y visualizar que se lleva a cabo una acción proporciona resultados sorprendentemente positivos, muy similares a los que se obtienen ejecutando realmente la acción. Además, se generan los mismos cambios cerebrales. Por ende, si deseas mejorar en algún aspecto de tu vida, no dudes en utilizar esta valiosa estrategia.

  • Begley, S. (2007). The brain: How the brain rewires itself. Time Magazine, 1-6.
  • Doidge, N. (2007). The brain that changes itself: Stories of personal triumph from the frontiers of brain science. Penguin.