La culpa traumática, un fenómeno paradójico

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 16 mayo, 2019
Edith Sánchez · 16 mayo, 2019
En todos nosotros hay un niño que frente a situaciones extremadamente dolorosas siente que ha hecho algo malo y fue castigado por ello. Así funciona la culpa traumática: terminas asumiendo la responsabilidad por los desmanes de otros.

La culpa traumática es un tipo de remordimiento que surge tras haber sido víctima de un abuso o de un hecho violento o altamente peligroso. También es muy usual que surja tras vivir hechos muy dolorosos, como la muerte de un ser querido o un divorcio.

La paradoja de la culpa traumática estriba en que quien ha recibido un daño, se siente responsable por el mismo. ¿Por qué una víctima ha de sentirse culpable? ¿No es acaso el agresor quien debe arrepentirse de sus acciones?

Duro oficio el del inquisidor; tiene que golpear a los más débiles, cuando mayor es su debilidad”.

-Umberto Eco-

Con notable frecuencia ocurre que los agresores no experimentan culpa alguna, al menos de manera consciente. Justifican sus acciones a través de fórmulas como “lo merecía”, “me indujo a ello” y otras por el estilo. La víctima, en cambio, experimenta culpa traumática y esta llega incluso a determinar buena parte de su vida.

Mujer preocupada por la relación entre enfermedad y culpa

El trauma, un fenómeno complejo

El trauma se origina cuando tiene lugar una experiencia que amenaza la integridad física o psicológica de una persona. Incluye, por lo tanto, un peligro real y una situación en la cual la víctima queda en estado de indefensión. Esto ocurre, por ejemplo, durante un asalto, una agresión física, o un accidente, entre otros.

Lo que la persona experimenta ante una situación así es confusión, sensación de caos y horror. También tiene un sentimiento de que todo es absurdo y gran desconcierto. Por lo general, una situación traumática genera recuerdos fragmentados.

La víctima siente que es imposible narrar lo ocurrido de una forma que satisfaga el horror que le causó. Al mismo tiempo, siente que su relato es básicamente incomprensible para los demás. Nadie alcanzaría a comprender la magnitud de lo que sintió y siente al respecto. Por lo tanto, se siente separada del resto del mundo.

El trauma quiebra la confianza en los demás y en uno mismo. El hecho traumático rompe una lógica que se creía sólida y consistente. Los seres humanos tendemos a creer que tenemos control sobre la realidad y un trauma hace que esta convicción se diluya. Por lo tanto, el Yo queda quebrantado.

La culpa traumática

Todo trauma deja una huella indeleble, tanto en el orden consciente, como en el inconsciente. Tras esa vivencia, las personas tienden a replegarse emocional y afectivamente. “Se esconden” dentro de sí mismos, por así decirlo. Esto conduce al aislamiento, en mayor o menor medida.

También aparece la necesidad de recrear mentalmente lo ocurrido, tratando de encontrarle un sentido. En el marco de esa rumiación toman forma dos sentimientos muy fuertes. El uno es la vergüenza y el otro, la culpa traumática.

Por lo general, esa culpa traumática toma forma a través de pensamientos y conjeturas asociadas a fantasías sobre lo que se habría podido hacer, o no hacer, para evitar o limitar el daño recibido. Sin apenas darse cuenta, la persona afectada comienza a incubar reflexiones del estilo: “He debido defenderme con más ahínco”, o “Esto me pasa por no tener suficiente carácter”.

Uno de los aspectos más problemáticos es que la persona comienza a percibir el mundo de una forma amenazante. No sabe qué puede esperar de la realidad. Así mismo, se siente muy vulnerable, pues ya pasó por algo en lo que su capacidad de control se vio seriamente menguada o anulada. Así, la persona puede tornarse en inhibida o temeraria.

Mujer sufriendo por dependencia emocional

Los caminos de la culpa traumática

Buena parte de todos esos procesos asociados a la culpa traumática tienen lugar de manera inconsciente. Muchas veces los recuerdos fragmentarios de lo sucedido incuban la idea de responsabilidades imaginarias: “He debido prever lo que iba a ocurrir”, o “Habría tenido que informarme bien, antes de pasar por esa calle”, etc.

Sin notarlo, las personas quieren volver razonable la irracional y totalmente reprochable situación de violencia o abuso. También desean recuperar su capacidad de control sobre el mundo. Culparse a sí mismos es una manera (equívoca) de volver a visualizarse como sujetos y no como objetos de otros o del mundo.

Un trauma no tratado puede conllevar efectos de por vida. Se manifiestan como angustia, encapsulamiento y cosificación de uno mismo. La persona termina sintiendo que “debe dejarse llevar”, o temiéndole a las acciones que supongan tomar el control sobre su destino.

El trauma y la culpa traumática deben ser abordados en psicoterapia. Es fundamental vencer el silencio, reinterpretar lo sucedido con un criterio más realista y flexible y dotar de significado al sufrimiento. También por supuesto, abrir paso a la reconciliación con uno mismo. Ante las atrocidades, podemos darnos por bien servidos si, de un modo u otro, logramos sobrevivir.

  • Gaborit, M. (2010). Desatres y trauma psicologico. Pensamiento psicológico, 2(7).