La desconexión moral y el perdón a uno mismo

Edith Sánchez·
06 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
06 Julio, 2020
El perdón a uno mismo es fundamental cuando se ha actuado de manera destructiva con otro y se desea encontrar paz para la consciencia. No hay otra vía que asumir la responsabilidad por los actos cometidos y reparar el daño hasta donde sea posible.
 

El perdón a uno mismo puede llegar a ser un proceso complejo. Esto tiene mucha relevancia en la vida individual, pero también en el ámbito social; en especial, dentro de las colectividades en las que hay un alto nivel de conflicto o, incluso, una guerra.

La ausencia del perdón a uno mismo lleva a un bloqueo de vida emocional y de las potencialidades vitales. Con frecuencia, este proceso se hace muy difícil debido a la puesta en marcha de un mecanismo conocido como “desconexión moral”.

La desconexión moral opera como una especie de velo o difuminador para la conciencia. Lo que una persona no se permitía, ahora lo ve como lícito. Se trata de una forma de autoengaño que por un lado abre las puertas a la atrocidad, en mayor o menor medida, y por el otro impide el perdón a uno mismo.

El perdón dice tanto sobre el carácter de la persona que lo otorga como de la persona que lo recibe”.

-Justin Cronin-

Chica con la mirada perdida
 

La desconexión moral

No se nace con una moral y una ética, sino que estas se van construyendo y desarrollando en función de la sociedad y la cultura. Así se adquieren unos principios y unas pautas de comportamiento que permiten responder a las situaciones tomando como guía determinados valores asentados con la experiencia. La función de estos es preservar el bienestar individual y colectivo.

Sin embargo, ni esa escala de valores ni esos principios son una realidad permanente. Bajo ciertas circunstancias, quedan en suspenso. Cuando hay una guerra, por ejemplo, quitarle la vida a otro ser humano para los bandos puede ser lícito, aunque fuera de esas condiciones de conflicto no lo sea.

Esa etapa de suspenso o esa ruptura con los principios y valores da paso a la desconexión moral. Volviendo al ejemplo de la guerra, matar o engañar al otro dejan de ser conductas reprobables porque en esas circunstancias ya no se les asocia con la moral y la ética previas.

 

Los mecanismos de la desconexión moral

De acuerdo con los estudios al respecto, hay cuatro formas en que se produce la desconexión moral. Todas ellas tienen que ver con un cambio en la perspectiva y justifican conductas que de otra manera no serían toleradas. Los cuatro mecanismos de la desconexión moral son los siguientes:

  • Difusión de la responsabilidad. Ocurre cuando se realiza un acto moralmente reprochable, con el respaldo de un grupo. El que otros actúen de la misma manera diluye de algún modo la responsabilidad individual.
  • Desplazamiento de la responsabilidad. Tiene lugar cuando se le adjudica a otro la responsabilidad por los actos propios. Se obedece una orden, o se evita un castigo, o se confía en lo que el otro exige, etc.
  • Minimización de las consecuencias. Se produce cuando se le resta importancia al daño infligido a otro, con el propósito de hacer ver como lícito lo que no lo es.
  • Envilecimiento de la víctima. Corresponde a los casos en los que se justifica el daño por la supuesta falta de dignidad de la persona sobre la que se ejerce una acción inmoral.
 

El perdón a uno mismo

Ahora bien, ¿qué tiene que ver la desconexión moral con el perdón a uno mismo? En principio, es imposible perdonar algo que no se ha reconocido como un error o un desacierto moral. Para que haya perdón a uno mismo, primero tienen que dejar de operar esos mecanismos de justificación o minimización. De lo contrario, es imposible.

El punto es que en muchos casos el agresor, tarde o temprano, vuelve a ubicarse en un terreno moral en el que predomina la razón y la justicia. Es lo que ocurre, por ejemplo, después de una guerra. Si eso sucede, se abre una especie de vacío.

Tal vacío se puede resolver de diferentes maneras. Por ejemplo, negando los hechos, ocultando la participación en los mismos o adoptando una posición cínica. También ocurre que el remordimiento se apodere de alguien y opte por la autoflagelación y el autocastigo.

Chica apática
 

Perdonar para seguir adelante

Hay conflictos tras los que la desconexión moral no tiene cómo operar. Lo sano en esos casos es crear las condiciones para que se produzca el perdón a uno mismo, seguido de un razonable acto de reparación.

Si esto no sucede, o bien la persona tiene que convertirse en impostora o bien se paraliza por efecto del sentimiento de culpa. Ni lo uno ni lo otro resuelven la situación, sino que la distorsionan y la llevan hacia un desvío muy costoso emocionalmente.

El perdón a uno mismo comienza cuando se admite la responsabilidad en los hechos, sin excusas. Lo que viene luego es reparar material o simbólicamente el daño, tanto como sea posible. El pedido de perdón al otro es fundamental para sanar. Solo así se pueden hacer las paces con el pasado y seguir delante.

 
Prieto-Ursúa, M., & Echegoyen, I. (2015). ¿Perdón a uno mismo, autoaceptación o restauración intrapersonal? Cuestiones abiertas en Psicología del perdón. Papeles del psicólogo, 36(3), 230-237.