La economía de las caricias

La economía de las caricias

Sonia Viéitez Carrazoni 5 febrero, 2013 en Psicología 192 compartidos

“Si tuviera que elegir entre el dolor y la nada, elegiría el dolor”.

“Las Palmeras Salvajes”. William Faulkner

La vida es un intercambio de estímulos. Nuestra manera de interpretar el mundo  y dar sentido a la vida, se moldea  no solo a base de conceptos económicos, laborales y sociales. Miradas, gestos, gritos, silencios, caricias, palabras, conforman nuestra vida. Tal vez la sensación de vivir en un vacío emocional, intelectual y sensorial, es terriblemente más insoportable que el dolor.

El psicoterapeuta Claude Steiner, desarrolló una teoría denominada “La economía de las caricias”, donde pone de manifiesto, los efectos que produce en el ser humano, crecer, desarrollarse y vivir, dependiendo de la abundancia o  escasez de signos afectivos.

Somos frágiles desde nuestro nacimiento, pero no sólo aire, agua y pan pueden ampararnos para vivir satisfactoriamente
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Hoy, investigaciones científicas evidencian  que la ausencia de caricias en el más amplio de los sentidos, provoca retraso en el desarrollo del neonato, incluso llevarle a la muerte a pesar de garantizarle una alimentación e higiene correctas para su supervivencia.

caricias

La necesidad de estímulos es tan influyente en la armonía del desarrollo humano. que cuando no recibimos una cantidad mínima para sobrevivir, el cuerpo entra en una dinámica de enfermedad y muerte.

Sabemos que una buena parte de las enfermedades psicológicas de Occidente, tienen como causa principal la ausencia de amor: depresión, neurosis, ansiedad son generados de alguna forma por esta carencia Steiner aseguraba que las caricias eran  imprescindibles para sobrevivir.

Si carecemos de ellas, del contacto físico, un mecanismo interno estaría dispuesto a conseguirlas a cualquier precio  concluye este especialista, incluso aceptar caricias negativas, ante la idea de no recibir ninguna.

Faulkner ya escribió: preferimos el dolor a la nada, la bofetada a la ignorancia, la pena al vacío, el desprecio a la indiferencia, el grito a la apatía. No debiéramos olvidar, que nacemos hombres y mujeres pero nos convertimos en humanos gracias a la caricias, a la ternura, a la compasión, al afecto.

Imagen cortesía de Miguel Ángel Peligri y Suradej Chuephanich

Sonia Viéitez Carrazoni

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