La epidemia de opiáceos que arrasa vidas en Estados Unidos

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
6 marzo, 2019
De los opiáceos recetados a una epidemia de adicción a la heroína que mata más que las armas de fuego y los accidentes de tráfico. Conoce más sobre esta situación en Estados Unidos.

Desde 2012, una epidemia de drogas afecta a Estados Unidos, el país con mayor número de personas que consumen opiáceos -heroína y sus derivados-. Según un informe de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), unas 72 000 personas murieron por sobredosis de opiáceos, sobre todo de fentanilo y heroína, en 2017. Allí, las drogas producen más muertes que el VIH, las armas de fuego o los accidentes en carretera.

Sin embargo, la política antidroga norteamericana va a adoptar otra perspectiva distinta a la de «mano dura» que se aplicó hace décadas, ya que esta situación no se detiene. Se avanzará hacia una reforma necesaria del marco general de las convenciones sobre drogas.

De este modo, se trabaja en un enfoque que en lugar de basarse en la prohibición y la criminalización, se basa en la salud pública, la psicología y los derechos humanos. Profundicemos.

Epidemia de opiáceos en EE.UU: una cara distinta a la de 20 años

La guerra contra las drogas estadounidense nunca se ha detenido, solo ha ido cambiando con el paso del tiempo y del contexto. Cuando el crack comenzó a barrer los Estados Unidos, a partir de 1984, la epidemia se centró principalmente en las zonas urbanas pobres con poblaciones predominantemente negras y latinas.

En ese momento, la respuesta de las autoridades se basó en la política de «tolerancia cero». Se aplicaban penas de prisión severas para todos los delitos relacionados con las drogas, incluso sin violencia.

“A los jóvenes negros y de clase baja les gusta la marihuana pero no los sueles ver consumiendo heroína. Se criaron viendo en sus calles a estos drogadictos y saben lo que pasó con sus padres con el crack en los noventa, no quieren volver a eso».

Chica adolescente víctima de la droga

Por otro lado, aunque el uso de heroína ha aumentado en todos los grupos demográficos, la epidemia actual de opiáceos se da principalmente entre los blancos de clase media y alta.

Además, también ha aumentado el consumo del analgésico fentanilo, debido a que es más barato y fácil de transportar, al ser creado en laboratorio. Ahora bien, es mucho más tóxico que la morfina y más potente que la heroína.

Opiáceos como anestesia del dolor físico y emocional

Una de las causas de esta epidemia de opiáceos está relacionada con el uso indebido de opiáceos recetados, como la oxicodona y otros analgésicos. Tres de cada cuatro consumidores de heroína comenzaron a tomar opioides recetados como analgésicos.

Varios Estados han demandando a compañías farmacéuticas por supuestamente haber alentado el consumo de este tipo de medicamentos, ademas de influir en los médicos. Sin embargo, es cierto que los profesionales de la salud cada vez son más reacios a recetar este tipo de medicamentos. 

«Falta de sanidad pública, problemas psiquiátricos en una alta parte de adolescentes y jóvenes, listas de espera interminables de padecimientos muy dolorosos, falta tolerancia a la frustración, adicción previa a opiáceos, ,etc. Son muchos los factores responsables de este panorama desolador en la población norteamericana. Pareciera como si las personas quisieran bajar el volumen de lo que ocurre a su alrededor por insoportable y a pesar de las consecuencias fatales.»

Así, mientras que hace seis años, el 80% de las muertes por sobredosis se debieron a la prescripción de medicamentos opioides, casi la mitad de las muertes actuales se deben a la heroína y el fentanilo.

Por otro lado, existen más de dos millones de personas dependientes a este tipo de sustancias. De hecho, Donald Trump, presidente de los EE. UU., declaró como una emergencia de salud pública la crisis de opiáceos en octubre del 2017.

Heroína en EE.UU: efectos devastadores por todo el país

Obama también luchó contra el consumo excesivo de analgésicos durante sus años de presidencia. Para ello, solicitó una reducción de los opioides recetados, pero las personas adictas recurrieron a la heroína mexicana.

En el condado de Cabell, West Virginia (EE. UU.), uno de cada diez bebés nace dependiente de los opiáceos. En Florida, uno de los estados más castigados por la plaga, murieron más de 4.000 personas en 2016 por sobredosis relacionadas con opiáceos, según cálculos preliminares no oficiales.

En Virginia Occidental, se vendieron alrededor de 780 millones de analgésicos entre 2007 y 2012. Eso son 421 píldoras por persona, según una encuesta realizada por la Agencia Americana Antidrogas (DEA).Por su parte, las grandes compañías farmacéuticas se unen y refutan estas acusaciones.

En otros estados como Maryland, se han llegado a desbloquear fondos especiales, normalmente reservados para desastres naturales. En Kentucky tienen rescatistas, policías e incluso ciudadanos comunes para combatir las sobredosis. De hecho, en este estado, si se ofrece un empleo, pero se solicita una prueba toxicológica, muchos de los posibles candidatos terminan por no presentarse.

Como vemos, las consecuencias de la epidemia de opiáceos para la sociedad estadounidense son dramáticas.

Hombre consumidor de drogas

Cambio de perspectiva en el abordaje de la epidemia de opiáceos

Siguiendo la estela de la batalla de los noventa contra las tabaqueras, varios estados han demandado a algunas empresas farmacéuticas, como comentábamos anteriormente.

Este nuevo perfil demográfico ha tenido una consecuencia positiva, ya que los padres y las familias de los consumidores de drogas están mucho más involucrados y equipados. De alguna forma, se ha conseguido que las autoridades respondan con una actitud de mayor comprensión sobre la situación.

El 15% del presupuesto para combatir el problema iría destinado a la “reducción del daño”. Así, se facilita el acceso a jeringuillas limpias y a la Naloxona, el medicamento que puede salvar la vida a las personas que están sufriendo una sobredosis.

En definitiva, la extensión del problema del consumo y abuso de opiáceos ha provocado la eliminación del estigma tan brutal y doloroso que existía sobre este tipo de consumidores. Ahora bien, aun queda mucho camino por recorrer en relación a esta problemática.