La fascinante teoría de la conciencia cuántica

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 6 abril, 2019
Edith Sánchez · 6 abril, 2019
La teoría de la conciencia cuántica es una fascinante posibilidad, que abre mil y más puertas a la investigación. Lo que llamamos “realidad” ¿es tan solo una ilusión de nuestra mente? A eso se refiere dicha teoría.

La teoría de la conciencia cuántica puede resultar un poco compleja para quienes no domina los temas de mecánica cuántica. La verdad es que se trata de un terreno enmarañado, pero absolutamente fascinante. Aunque muchos de sus postulados están aún en la fase de hipótesis, también se han acumulado suficientes conocimientos como para que sea un campo muy respetado.

Comencemos diciendo que la física tuvo dos grandes revoluciones a comienzos del siglo XX. Una fue la que inspiró la famosa teoría de la relatividad de Albert Einstein. La otra, la de la física cuántica. La relatividad marcó un hito, pero la cuántica transformó por completo la forma como entendíamos el mundo.

En la física moderna, la cuestión de la consciencia surgió en relación con la observación de los fenómenos atómicos. La teoría cuántica ha evidenciado que estos fenómenos sólo pueden entenderse como lazos de una cadena de procesos, cuyo final es la consciencia del observador humano”.

-Fritjof Capra-

La mecánica cuántica se propuso, en principio, explicar todos esos fenómenos que ocurren en el mundo de lo extraordinariamente pequeño. Al hacerlo, paulatinamente, se encontraron con grandes sorpresas. De todo ello se desprende la teoría de la conciencia cuántica.

Mujer mirando un paisaje

Lo que encontraron los físicos

Cuando la tecnología hizo posible la observación de las partículas subatómicas (o sea, aquellas que componen los átomos y son infinitamente pequeñas) se descubrieron una serie de fenómenos extraños, por decir lo menos.

¿Qué fue lo que encontraron los físicos y cómo se relaciona esto con la teoría de la conciencia cuántica? Antes que nada, hablemos de los hallazgos, que fueron los siguientes:

  • La indeterminación de la trayectoria. Cuando un objeto grande es lanzado, sigue una trayectoria predecible. En cambio, las partículas subatómicas siguen una trayectoria indeterminada.
  • Indeterminación del impacto final. Mientras que al disparar una bala se puede saber dónde va a impactar, al “disparar” una partícula subatómica esto se vuelve totalmente impredecible.

Los físicos, inicialmente, pensaron que quizás las partículas subatómicas se comportaban así porque eran demasiado pequeñas. Esto hacía que factores como el aire, o similares, cambiaran su trayectoria y la hicieran impredecible. Sin embargo, se realizó un experimento que planteó nuevos interrogantes.

El experimento de la doble rendija

El experimento de la doble rendija, o experimento de Young, está en la base de la teoría de la conciencia cuántica. El asunto es un poco enredado, pero vamos a tratar de simplificarlo al máximo, con la venia de los científicos.

Los físicos pensaron que si reducían al máximo los factores de interferencia en la trayectoria y el impacto, lograrían que un objeto “disparado” se comportara igual que una partícula minúscula, también “disparada”. Para lograrlo utilizaron dos rejillas, cada una con dos aberturas. Disparaban a través de ellas, objetos y partículas.

Sin embargo, las partículas, sin saber por qué, terminaron formando un patrón como de bandas horizontales bien organizadas. Los objetos no. También se observó que las partículas podían atravesar las dos rendijas, simultáneamente. Entonces, taparon una de las rendijas y ahí sí las partículas se comportaron igual que los objetos disparados.

Los científicos concluyeron que las partículas funcionaban como ondas y no como pequeños objetos sólidos. ¿Ondas de qué? Las llamaron “ondas de probabilidad”. Lo definitivo es que comprobaron que el mundo de lo infinitamente pequeño se comporta de manera diferente. Opera con una lógica distinta.

Mente de un hombre con ondas cerebrales

La teoría de la conciencia cuántica

Para efectos didácticos, tenemos que seguir simplificando temas que son muy complejos. Saltemos una serie de importantes conceptos y digamos solo que los físicos lograron detectar que la presencia de un observador modifica la manera en la que se comportan las partículas subatómicas.

Pareciera como si la naturaleza cambiara su forma de comportarse cuando la observamos. El físico Pascual Jordan lo dice con estas palabras: “Nosotros mismos producimos los resultados de las mediciones”. En otras palabras, el solo hecho de observar la realidad, hace que esta cambie.

O sea que básicamente somos incapaces de percibir la realidad tal y como es. No existe algo llamado “objetividad”. Describimos y medimos lo que percibimos, pero el solo hecho de observar algo, hace que esto cambie. Werner Heisenberg lo dijo de esta manera: “lo que observamos no es la naturaleza en sí, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de cuestionamiento”.

Esto quiere decir, ni más ni menos, que aquí y ahora hay todo un universo lleno de fenómenos que no podemos ver, ni oír, ni percibir. Como para terminar de complejizar las cosas, varios físicos han postulado que el cerebro también tiene un comportamiento cuántico.

Según la teoría de la conciencia cuántica, somos unas criaturas con dos ojos, pero necesitaríamos muchos más o unos lentes especiales para ver lo que realmente pasa en lo que llamamos realidad…

  • Pastor-Gómez, J. (2002). Mecánica cuántica y cerebro: una revisión crítica. Revista de Neurología, 35(1), 87-94.