6 fenómenos psicológicos sorprendetes

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 19 enero, 2015
Yamila Papa · 19 enero, 2015

 

No hay dudas de que nuestro cerebro es fantástico. Cada día es objeto de cientos de investigaciones y los resultados que obtenemos con ellas no dejan de sorprendernos. ¿Estás preparado para descubrir alguno de los fenómenos más fascinantes de nuestro cerebro?

En primer lugar hablaremos de la “disonancia cognitiva. No te preocupes mucho por el nombre, que es algo difícil. Pero si es bueno que comprendas de qué se trata. Cuando tenemos dos pensamientos que se contradicen o bien tomamos decisiones diferentes a nuestras creencias, nos sentimos mal, estamos incómodos o ansiosos.

Cuando nos damos cuenta de que está sucediendo una oposición (que puede ser pensar/hacer o pensar/decir), intentamos de manera inconsciente recuperar rápidamente la síntoma entre nuestra acciones y nuestros pensamientos.

¿Cómo? Argumentando y explicando el por qué de nuestra decisión, hasta convencernos de que hemos hecho lo correcto. Por ejemplo, si estamos haciendo dieta y comemos algo que no está permitido, diremos cosas del estilo “tengo derecho a darme un gusto” o “una pequeña porción no me hará mal”. Así reducimos la tensión y no sentimos que estamos defraudándonos a nosotros mismos.

Otro de los fenómenos que ocurren en nuestro cerebro son las alucinaciones. No hace falta estar bajo los efectos de ninguna sustancia para experimentarlas. Una tercera parte de las personas tienen al menos una alucinación en algún momento de su vida.

¿Por qué ocurre esto?

Porque el cerebro necesita “relleno” para cubrir las faltas de información y poder así armar la historia completa. Una alucinación sería la pieza que nos falta del rompecabezas, por así decirlo.

Seguramente has oído hablar del “efecto placebo”. Pues también es un fenómeno psicológico interesante. Básicamente, el efecto placebo ocurre cuando una persona piensa que cierta intervención ha generado unos efectos cuando en realidad los efectos no han cambiado. En realidad siguen siendo los mismos, pero lo que sí ha cambiado es la percepción de los mismos. Este efecto ha sido estudiado especialmente en medicina, con los medicamentos y el dolor subjetivo.

Muchos de los remedios “mágicos” que se ofrecen en las tiendas son eficaces simplemente porque las personas que los consumen piensan que son la solución para sus problemas. En los pacientes con enfermedades terminales, por ejemplo, también se ha notado una mejoría cuando los médicos les dan una aspirina en lugar del medicamento específico para su patología.

Los investigadores indican que cuánto más grande es el tamaño de las pastillas, más “curan” en el imaginario del cerebro, que son más milagrosas las de color azul (que las rojas) y que consumir dos píldoras juntas tienen mayores efectos más que sólo una.

La cuarta de las rarezas de nuestro cerebro tiene que ver con la obediencia ciega a la autoridad. Si vemos a una persona con un traje de policía o de médico, tenderemos a no discutir aquello que nos manden porque el cargo que les atribuimos les legitima oficialmente para darnos órdenes. Esto también ocurre con otros puestos de poder en varios ámbitos.

Lo cierto es que las ordenes que son difíciles de discutir  -bien porque le atribuimos legitimidad, bien porque le atribuimos una moral compartida- solemos analizarlas en menor profundidad que las emitidas por otras fuentes. Un buen ejemplo de lo dicho anteriormente es el famoso estudio realizado por Stanley Milgram.

El quinto fenómeno que analizamos en esta oportunidad es el de las “elecciones mediadas por las emociones.

¿Qué quiere decir esto?

Que lo que sentimos nos hace decidir por encima de lo que pensamos, en la gran mayoría de los casos. Y no sólo aplicamos esta regla cuando estamos enamorados (más allá de tratarse de una persona incorrecta para nosotros), sino en todas las elecciones que hacemos a diario.

El ser humano no siempre es bueno tomando decisiones, porque no es el cerebro el que “habla” sino los sentimientos (muchos indican que éstos surgen del corazón). Si bien en la escuela y en el trabajo nos inculcan la lógica y la razón, terminamos tomando decisiones emocionales. Nada comienza sin una emoción y justamente, si a algo le falta sentimiento, no puede seguir adelante.

Y por último, ¿Sabes qué es lo que atenta contra nuestra motivación? Nada menos que la fantasía. Claro, porque si pensamos mucho en el pasado o en el futuro, no podremos llevar adelante ningún proyecto. Imaginar un mañana ideal o quedarse rememorando viejas épocas (que según un refrán siempre fueron mejores) no aporta demasiado al presente o al menos, para ser exitoso y triunfar. Así que, ya lo sabes ¡los pies bien plantados sobre la tierra a partir de ahora para cumplir tus metas!