La felicidad está en la sala de espera de la felicidad

19 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Todos esperamos algo de la vida que nos haga ser felices, pero quizá, debido a nuestras expectativas. Sin embargo, estamos olvidando que si miramos a nuestro alrededor, tenemos mil motivos para serlo.

Todo el mundo quiere ser feliz. Llegar a esa sensación de satisfacción plena por disfrutar de lo que uno desea. Y, por ello, enfocamos la vida a ello. Nos encontramos constantemente en esa espera de la felicidad. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, nos olvidamos de aquello que ya está, en el presente, proporcionándonos una fuente de satisfacción.

Ser optimista en cuanto a conseguir ser felices tiene un efecto positivo sobre el sentimiento de felicidad. Es decir, nos predispone a ello, nos ayuda a conseguir nuestros objetivos y hará que interpretemos de forma más positiva todo lo que sucede. A su vez, cuando algo bueno nos pasa, afecta a las expectativas que tendremos sobre todo lo que vendrá.

Los seres humanos somos los únicos animales capaces de formular expectativas sobre la propia situación futura, situándonos en lo que podríamos llamar la sala de espera de la felicidad. Pero, ¿hasta qué punto las expectativas aseguran que vayamos a ser felices?

Expectativas

Las expectativas se definen como la esperanza o posibilidad de conseguir una cosa. Teóricamente, están formadas por tres pilares: el recuerdo de de acontecimientos pasados, la sensación de los acontecimientos presentes y la anticipación del futuro.

Este pensar en el futuro, teniendo en cuenta lo anterior, puede proporcionar placer o dolor, así como evitar sufrimientos en el presente, y por ello nuestro cerebro se encarga de formular pensamientos sobre el futuro.

Sin embargo, formular expectativas puede ser una fuente de estrés cuando éstas no se cumplen. Si imaginamos que las cosas van a suceder, y de una forma concreta, pero luego la realidad es diferente, nos producirá angustia, pues estábamos preparado para otro escenario. Por ello, la forma en la que formulamos las expectativas puede afectar, en este caso, a la consecución de la felicidad.

Pueden darse tres casos:

  • No fijarse expectativas. Cuando no esperamos que las cosas se den de una forma, se evitarán frustraciones y la presión por ello.
  • Poner unas expectativas bajas. Se espera algo, pero la idea no se tiene con todo lujo de detalles, o bien, es más probable alcanzarla.
  • Tener altas expectativas. Fijarse expectativas demasiado altas, aumenta la probabilidad de no cumplirlas y de que el resultado sea negativo. Ya que todo no está bajo nuestro control, es probable que la vida tome caminos inesperados y no encaje con lo que teníamos pensado.

Su relación con la felicidad

Un estudio de la University College London, llamado El Gran Experimento del Cerebro, encontró que la relación entre cómo marcamos las expectativas y el grado de felicidad que sentimos están muy relacionados.

Las expectativas tienen una función muy importante, y es que nos dan motivos para luchar por algo. Esperar algo nos da la motivación e ilusión por ello, lo que hará más probable que persigamos ese objetivo. Así, los investigadores vieron cómo aquellos que tenían expectativas, pero de un grado más bajo, mostraron mayor grado de satisfacción y felicidad con el resultado.

Éstos dicen que podría deberse a que, cuando las expectativas son bajas, es más fácil el resultado supere a lo que se esperaba, teniendo un impacto positivo. En cambio, si esperamos mucho, el efecto al ver que no sucede, o no al grado que deseábamos, será negativo.

De hecho, también explican que la espera de la felicidad y, con ello, las expectativas que tenemos, ya está proporcionando gratificación. Por ejemplo, si nos hace muy felices asistir a un concierto de nuestro grupo favorito, nuestra expectativas por disfrutar de él ya estará generándonos felicidad desde el momento que adquirimos la entrada.

Disfrutar del camino

Lo importante entonces, parece ser, es alcanzar un equilibrio. La felicidad siempre será el objetivo máximo pero, al fin y al cabo, está compuesta por muchos momentos placenteros. Por ello, es importante disfrutar de lo que vamos viviendo hasta alcanzar a nuestro objetivo sin esperar con ansia su llegada.

Nada asegura que ser feliz en ese momento futuro vaya a ser como se esperaba. Pero lo más probable es que entonces se recuerde todo lo que se ha vivido con anterioridad y se valore si se ha disfrutado o no.