La filosofía de la duda: breve reseña histórica

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 11 octubre, 2018
Francisco Pérez · 11 octubre, 2018
La filosofía de la duda está escrita en la historia a través de Platón, los helenos, San Agustín, etc. ¿Te apetece descubrirla?

No se ha escrito demasiado acerca de la filosofía de la duda. La historia del pensamiento y de la duda son contemporáneas. En el momento en que el hombre empezó a razonar de modo sistemático sobre sí mismo y sobre su realidad surgieron las primeras dudas fundamentales.

Los grandes textos épicos indican que los dilemas, preguntas, los riesgos y las inseguridades se afrontaron, durante muchos siglos, con un enfoque puramente heroico. La mejor muestra la representan la Ilíada y la Odisea.

La filosofía de la duda

En el antiguo mundo helénico, la retórica se convirtió en el arte de razonar sobre la existencia. Esto sin prejuicio de ser, además, un instrumento de persuasión. En Sobre el no ser o sobre la naturaleza, de Gorgias (Diels & Kranz, 1923) las dudas son el fundamento central de un pensamiento libre.

En palabras de Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son”. Tal posición filosófica se concentra en el desarrollo de las capacidades del individuo para gestionar la realidad, a los demás y a sí mismo.

Sócrates también hizo referencia a la filosofía de la duda. Lo hizo a través de la gran obra de Platón. Así se convirtió en la figura del pensador virtuoso. Desde aquel momento histórico, el mundo de las ideas y del pensamiento se convierte en el olimpo del hombre.

El obrar eficazmente deja de ser objetivo del pensar. El pensamiento filosófico comienza a nutrirse de sí mismo. La búsqueda de la verdad se convierte en el objetivo último y más importante de la indagación filosófica. Utiliza la duda como principal instrumento de esa búsqueda, pero tiene como objetivo su anulación para alcanzar el conocimiento supremo.

Platón y Aristóteles en la obra La escuela de Atenas

Platón y la duda

Si analizamos la duda socrática y la mayéutica, emerge algo con claridad. Procediendo a través de preguntas orientadas es posible sacar a la luz la verdad interior del hombre. Así pues, una vez alcanzada la verdad, la duda queda anulada (dando paso a más dudas).

Sin embargo, es con la obra de Platón donde el mundo de las ideas aventaja a dimensión práctica. Toda la obra de Platón, discípulo de Sócrates, se dirige a la demostración del valor supremo de la verdad. El mundo de las ideas absolutas lo determina todo.

La duda ya no encuentra espacio como estímulo liberador de las jaulas de un conocimiento controlado por ideas indiscutibles por ser absolutas. En la República, Platón sostenía la necesidad de una reeducación del intelecto. Debería llevarse a cabo en estructuras que prefiguran en cierto modo los campos de concentración modernos, construidos lejos de la ciudad.

Para Platón el conocimiento emanaba de Dios (una deidad muy particular), como la luz. Quien se encontraba más lejos de aquella fuente era más ignorante y primitivo. Quien se acercaba a través del conocimiento y de la fe al mundo de las ideas absolutas, se elevaba de la bestialidad para devenir en filósofo.

Platón señalando con un dedo hacia arriba

La duda según San Agustín

La filosofía de la duda también la podemos observar en San Agustín. La duda es, para San Agustín, un paso obligado para alcanzar la verdad. Remitiéndose a Sócrates, afirmaba que la duda misma era expresión de la verdad. No podríamos dudar si no existiera una verdad que se sustrae a la duda.

La verdad, por lo tanto, no puede ser conocida en sí misma. Solamente puede ser conocida bajo forma de refutación del error. Encuentra su evidencia en la capacidad de dudar de las falsas ilusiones que oscurecen el camino hacia ella.

Durante toda la Edad Media, lo maestros de la escolástica recuperaron la lección de San Agustín y la antigua retórica helénica. Lo hicieron a través de dudas y dilemas aparentemente insolubles. Median el rigor del razonamiento cómo la verdad de Dios vencía de cualquier manera por encima de las dudas del hombre.

Precisamente en este período nacieron las universidades, la cuna del saber académico. No nacieron por casualidad. Fueron fundadas por los maestros de la escolástica. Entre los representantes más importantes encontramos a Santo Tomás de Aquino y al padre Abelardo.

San Agustín sujetando un corazón en llamas

La duda en el siglo XIX

La filosofía de la duda no puede ser separada de la ciencia. A partir de la segunda mitad del siglo XIX emerge otro gran movimiento que promete la victoria sobre la duda y los dilemas humanos: la ciencia.

La confianza positivista en el conocimiento científico se convierte muy pronto en una especie de fe. Hablamos de una especie de promesa para la liberación de cualquier mal y de mejora de la condición humana.

Solo a comienzos del siglo XX es cuando la confianza extrema en la ciencia y en su posibilidad de conducirnos a un conocimiento objetivo también se derrumba. Se derrumba en virtud de la reflexiones metodológicas y de los descubrimientos científicos más avanzados.

F. Martínez Marzoa (2005). Historia de la filosofía. Ediciones Istmo, Madrid.