La fobia de impulsión, ¿de qué se trata?

Alicia Escaño Hidalgo · 20 junio, 2016

Entendemos por fobia un miedo intenso y exagerado hacia un estímulo concreto que en realidad no es amenazante o es muy poco probable que suponga algún peligro para la supervivencia del individuo. Sin embargo, hay distintos tipos de fobia y entre ellos nos encontramos con la fobia de impulsión.

Todos hemos oído hablar de la claustrofobia, o miedo a los espacios pequeños y cerrados, la aracnofobia o fobia a las arañas, la brontofobia o fobia a las tormentas, etc. Aunque sean miedos irracionales, se podría decir que son tipos de fobia comunes entre la población clínica.

En este artículo vamos a hablar de otro tipo de fobia: la fobia de impulsión, un miedo intenso a hacer daño a otras personas o incluso a uno mismo.

Las personas pueden creer que se van a tirar por el balcón o bien que van a asfixiar a su bebé aunque conscientemente no tienen ninguna intención de hacerlo

Estos pensamientos intrusivos les provocan tal ansiedad que les es difícil llevar una vida normal. Por lo general, llevan a cabo conductas destinadas a que no se confirmen sus pensamientos, como tirar todos los objetos punzantes que tienen en casa, alejarse de sus hijos, no ir al metro por miedo a arrojar a alguien a las vías, etc.

¿Y si lo hago?

Esta es la pregunta clásica que aparece en nuestra mente cuando padecemos algún tipo de ansiedad: ¿Y si? ¿Y si sucede lo que temo? ¿Y si daño a mi familia? ¿Y si me descontrolo?

Se trata del miedo a la posibilidad de una amenaza futura. La realidad es que la posibilidad de lo que pensamos que puede ocurrir existe ya que en este mundo no hay certezas absolutas, pero la probabilidad de que se de el hecho temido es muy pequeña.

Las personas ansiosas en general, y las fóbicas en particular, confunden posibilidad con probabilidad y creen que porque algo es posible será muy probable que les ocurra a ellos, aunque saben en el fondo que este pensamiento no es realista

Chica joven en blanco y negro

Es algo así como creer ciegamente que a ti si te tocará la lotería, pero  con conceptos mucho más negativos, como accidentes, enfermedades o hacer daño que es el caso que nos ocupa.

En la fobia de impulsión, el estímulo elicitador de miedo es el propio pensamiento del paciente. Es decir, la persona se tiene miedo a si misma, a su propia mente. Creen que por haberlo pensado ya se va a producir en la realidad. A esto se le conoce como fusión pensamiento-acción y ser consciente de ello es el primer paso para sanarse.

¿Y si por haberlo pensado es que en realidad lo deseo hacer? Esta es la pregunta clásica de un paciente que sufre la fobia de impulsión y esa posibilidad les atemoriza y les pone tremendamente ansiosos

La buena noticia es que ese pensamiento no quedará patente en la realidad porque es un pensamiento egodistónico, es decir, la persona en realidad no se siente identificada con lo que piensa ni deseo hacerlo.

¿Qué hacemos con la fobia de impulsión?

El tratamiento psicológico de la fobia de impulsión se realiza a dos niveles: el cognitivo y el conductual

En el nivel cognitivo, el primer paso, como ya hemos comentado es ser consciente de que es el pensamiento propio el que nos está asustando. Somos víctimas de nosotros mismos y conocer esto es esencial para frenarlo, pues más poder que tenemos nosotros sobre nuestra propia mente no lo tiene nada ni nadie.

El segundo paso, a nivel cognitivo, es dejar de darle importancia a estos pensamientos. En realidad todo el mundo tiene pensamientos absurdos, a veces agresivos, blasfemos, etc, pero por lo general no le damos apenas importancia.

Estas cogniciones pasan por nuestra mente y tal como entran, se van ya que no nos quedamos rumiando en ellas si no que las desechamos fácilmente

Chica pensando con los ojos cerrados

Otro ejercicio mental recomendable es dejar a tus pensamientos estar, sin juzgarlos e incluso invitarles a venir a tu mente. Eso sí, tú seguirás haciendo tu vida normal aunque ellos estén ahí porque no les juzgarás, ya que sabes que no son reales y no significan nada más que lo que tú quieras que signifiquen.

Si intentamos suprimirlos y arrojarlos fuera de nuestra mente, se producirá el “efecto rebote”. Es como si te digo que no pienses en un oso blanco, ¿en qué estás pensando? Pues eso mismo. Para no pensar en algo, primero hay que recuperar mentalmente ese algo

A nivel de conducta, la persona con fobia ha de exponerse a sus propios temores, hasta que por un mecanismo psicológico llamado habituación, se reduzca la ansiedad a niveles normales. Quizá sienta ansiedad, pero ya puede funcionar con más normalidad.

Si. por ejemplo, tiene miedo a la posibilidad de suicidarse arrojándose por el balcón, lo que ha de hacer es asomarse al balcón más de lo normal, varias veces al día y quedarse un tiempo aguantando la ansiedad. Tras un tiempo de exposición, la persona aprende que sus pensamientos atemorizadores no eran realistas y que lo que temía podría ocurrir, nunca ocurre.

De una manera u otra, no se te ocurra practicar esta técnica tú solo y ponte en primer lugar en manos de un especialista. Este, si considera que es el procedimiento adecuada para tu caso, regulará y pautará esta exposición para que tenga el efecto más rápido y no te dañe.