La habilidad del cerebro para seguir aprendiendo

9 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por Sara Clemente

Seguro que habrás escuchado alguna vez el viejo refrán que dice perro viejo no aprende trucos nuevos. Sin embargo, los últimos estudios en neuroplasticidad indican lo contrario, lo que muchos saben desde hace tiempo: sí es posible aprender nuevas cosas, incluso en la vejez. Es decir, las personas tenemos la capacidad de seguir aprendiendo a lo largo de toda nuestra vida.

¿Cuántas veces has escuchado que todos nacemos con millones de neuronas y que, una vez muertas no pueden ser reemplazadas? ¿No te has preguntado alguna vez cómo es posible que, a pesar de perder miles de neuronas con el paso de los años, la capacidad de aprender y asimilar nueva información pueda permanecer?

El secreto está en la habilidad del cerebro de crear nuevas conexiones neuronales a partir del aprendizaje. Cada vez que realizamos las mismas acciones pero de manera diferente o cuando aprendemos nuevas palabras en otro idioma estamos creando nuevas sinápsis y haciendo trabajar a nuestro órgano más crucial.

El cerebro es plástico

La neuroplasticidad es un término que se refiere a la habilidad innata del cerebro de adaptarse, para formar nuevas conexiones neuronales y fortalecer las sinapsis entre neurona y neurona a lo largo de nuestra vida. Esto se produce como respuesta a experiencias vividas, desarrollo y aprendizaje.

A esta capacidad “plástica” los estudios la consideran como un proceso de remodelación constante del mapa neurosinàtico, que nos permite realizar una gran cantidad de tareas. Entre ellas, asimilar nueva información, crear nuevas memorias y ser capaces de continuar aprendiendo algo nuevo cada día, a pesar del decline normal en la capacidad cognitiva que conlleva el envejecer física y mentalmente.

Fomentar el seguir aprendiendo

Lo más interesante de la neuroplasticidad es que no se necesita de ninguna ayuda «externa», es decir, basta con emplear la determinación misma de “ponerlo en funcionamiento”. Esto es que las situaciones cotidianas sientan la base de este aprendizaje. Así, desarrollar la plasticidad neuronal no es tarea difícil, todo depende de la persistencia y del esfuerzo empleado en el proceso de ejercitar el cerebro.

¿Qué claves poner en marcha para seguir aprendiendo?

Algunos estudios aseguran que existen ciertos hábitos que benefician a la hora de mantener activo y “joven” uno de los órganos más relevantes en la vida del ser humano. Entre ellos:

  • Ser analítico: observar lo que está a tu alrededor, contemplar y analizar. Es una de las máximas si quieres seguir aprendiendo día a día. Entre las operaciones mentales que podemos realizar en ese momento, se encuentra la memorización. Por ejemplo, contar cuántos árboles existen en un tramo de acera puede poner en marcha, casi sin darnos cuenta, muchas áreas de nuestro cerebro. Entre ellas, la recepción de ideas, la habilidad de recordar y el pensamiento. ¿Puedes reconstruir qué hiciste hoy desde que te despertaste? ¿Cuándo fue la última vez que memorizaste una canción?
  • Dormir lo suficiente: lograr una adecuada cantidad y calidad del sueño es indispensable para el buen desarrollo del cerebro. El proceso de consolidar la información aprendida ocurre mientras estamos descansando por la noche. Los estudios demuestran que las personas que sufren de insomnio tienen dificultad para retener nueva información.

  • Retar tus límites: completar un crucigrama, hacer un rompecabezas o utilizar tu mano menos hábil para realizar tareas ayudan al desarrollo intelectual. Estas actividades, a pesar de ser tan simples, requieren concentración y razonamiento, que eventualmente contribuirán a la creación de nuevas conexiones neuronales.

El cerebro es quizá el órgano más vital del ser humano. Su desarrollo no se limita, por tanto, a los primeros años de vida, sino que está en constante evolución y cambio. Por eso, seguir aprendiendo es algo inevitable. Por eso, la neuroplasticidad es una conquista que se va logrando de forma diaria.

Las investigaciones sobre neuroplasticidad se encuentran en auge. De hecho, las técnicas de neurorrehabilitación tienen cada vez más aplicaciones. Recientemente, se ha realizado una propuesta de aplicación de estas primeras a personas que padecen Síndrome de Down. El objetivo es que aprovechen los beneficios de la neuroplasticidad ccerebral, a la hora de activar y de promover que las estructuras con las que han nacido y han crecido se logren desarrollar más eficientemente. También se utiliza en niños que padecen Trastorno del Espectro Autista (TEA)… ¿Sorprendente verdad?