La leyenda del lobo Astur, una historia sobre el equilibrio

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 22 enero, 2019
Edith Sánchez · 22 enero, 2019
Esta es una historia sobre el equilibrio, que tiene sus raíces en una antigua leyenda de los inuit, o esquimales. Este pueblo ha tenido que enfrentarse, desde siempre, a unas condiciones geográficas hostiles y amenazantes.

El lobo Astur es una leyenda de los inuit, es decir, de los esquimales que habitan en el norte de Canadá y en Groenlandia. Como lo sabemos, la región ártica es un territorio sumamente difícil. Quienes habitan allí han tenido que enfrentarse valientemente a la naturaleza para sobrevivir. Por eso esta leyenda es una historia sobre el equilibrio. De ese balance que debe existir entre el hombre y su entorno para mantener la vida en el planeta.

Nos dice esta historia sobre el equilibrio, que Kaila era para los inuit el dios de los cielos. Nadie tenía más poder que él. Los cielos rigen las aguas, el fuego y la tierra. Por eso, reino de Kaila era el verdadero soberano. Este dios decidió crear al hombre y a la mujer al mismo tiempo, para que poblaran la Tierra. En principio, ambos estaban completamente solos, pero también eran plenamente libres.

El hombre y la mujer vieron que todo estaba despoblado y se sintieron desconcertados. Entonces Kaila le encargó a la mujer la tarea de poblar la Tierra y ser la guardiana de la vida. Enseguida, le dijo que debía abrir un agujero en el hielo. Cuando lo hizo, de allí comenzaron a salir toda clase de animales para acompañar al ser humano. El último en salir fue el alce o caribú.

La naturaleza no hace nada incompleto ni nada en vano”.

-Aristóteles-

Una historia sobre el equilibrio inicial

Cuenta esta historia sobre el equilibrio, que el hombre y la mujer se sintieron muy contentos al ver los nuevos seres que compartirían la tierra con ellos. Entonces, el dios Kaila le dijo a la mujer algo importante. Señaló que el alce o caribú, el último de los animales en salir, era un importante obsequio de los dioses. Añadió que ese animal debía prodigarles alimento con su carne y abrigo con su piel. “Él te alimentará a ti y a tu familia”, añadió.

Desde entonces, el alce se convirtió en el bien más preciado para los inuit. Su carne los nutría, como ninguna otra. Su piel les permitía elaborar ropas y tiendas para resguardarse del inclemente frío. Además, los alces abundaban. Así que aprendieron a cazarlos y con ello su vida se tornó mucho más cómoda.

Los caribús se multiplicaban sin cesar, por orden de la mujer. Kaila le había concedido ese poder inicialmente. Cuando el hombre y la mujer tuvieron hijos, les enseñaron a cazar estos animales. Los chicos siempre querían quedarse con los ejemplares más grandes y gordos. Así habría más alimento y más abrigo para todos. Así, reinaba una gran armonía en el mundo.

Alce

La importancia del equilibrio

Según esta historia sobre el equilibrio, los humanos cazaron tantos alces grandes y fuertes que, de pronto, comenzaron a quedar vivos solamente los peores ejemplares. Solo sobrevivieron a la cacería los más pequeños y débiles, por lo cual el hombre y la mujer comenzaron a preocuparse.

Pronto, ya no les quedó otro remedio que consumir la carne y la piel de esos escuálidos ejemplares. Sin embargo, no tenían un buen sabor y su piel apenas si alcanzaba para alguna que otra prenda.

Así fue como sobrevino un tiempo de hambre. Ninguno de los otros animales era capaz de satisfacer las necesidades de los seres humanos. Los hijos de la mujer comenzaron a adelgazar, pasando un hambre hasta entonces desconocida.

Una súplica desesperada

Cuenta la historia sobre el equilibrio que, ante esta situación, la mujer no tuvo más remedio que levantar sus ojos al cielo y pedirle ayuda a Kaila. El dios estaba algo molesto. “Te di el mejor de los regalos”, dijo. “Pero lo malgastaste”, agregó. Sin embargo, se comprometió a ayudarla.

Se cuenta que Kaila pensó entonces que lo mejor era hablar con Amarok, dueño y señor de los lobos, que a su vez eran unos seres maravillosos. Kaila le pidió que le entregara un grupo de lobos a los humanos. Hasta entonces, esos animales solo habitaban en el reino de los dioses. Amarok entendió la situación y le regaló una manada de lobos a los seres humanos.

Manada de lobos

Estos llegaron a las llanuras heladas y sigilosamente se aproximaron a los caribús, que pastaban despreocupados. Sin embargo, cuando los lobos se acercaron más, los caribús se dieron cuenta de su presencia. Los caribús decidieron entonces proteger a los ejemplares más débiles. Los más grandes formaron un círculo a su alrededor, para impedir que los lobos les atacaran.

Pese a esto, los lobos se abalanzaron y rompieron la resistencia. Así quedaron vivos los mejores ejemplares, que tuvieron que reproducirse para sobrevivir. Desde entonces, el espíritu del lobo rige en el Gran Reino del Norte y a él le corresponden los alces más pequeños. Por eso, cuando los lobos van a comer, los humanos los dejan tranquilos. Saben que todo tiene un equilibrio y que los lobos son los guardianes del mismo.

  • Rink, H., & del Pilar, J. J. F. (1991). Cuentos y leyendas esquimales. Miraguano.