La mente y el corazón

21 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Cuando se produzca una batalla entre tu mente y tu corazón, trata de identificar qué mensajes te lanza cada uno y encuentra un equilibrio entre ambos.
 

A la hora de tomar decisiones podemos encontrarnos en una disyuntiva entre lo que deseamos y lo que, creemos, será más beneficioso para nosotros. Se trata de la eterna lucha entre la mente y el corazón a la que todos nos enfrentamos en algún momento. Evidentemente, ambas opciones surgen de un proceso mental (el corazón es un órgano sin capacidad para generar una opinión), pero de ahora en adelante, utilizaremos estos términos de forma simbólica.

Dentro de cada uno de nosotros habitan dos realidades: una que nos habla de impulsos y deseos, y otra que nos acerca a la lógica y la prudencia. Para tener una existencia equilibrada debemos desarrollar la capacidad de aunar ambas direcciones y encontrar un punto común. Guiarnos únicamente por una de ellas nos conducirá al caos o a la frustración.

La fuerza del corazón

El corazón simboliza nuestra parte más primitiva, infantil y libre. Nos impulsa a actuar de forma desinhibida, espontánea y natural. El corazón no valora los riesgos: siente la intensidad del deseo y se mueve para alcanzarlo. No entiende de orgullo, de precaución ni de estrategias. Es la fuerza que nos lleva a confiar plenamente, a entregarnos, a mostrarnos vulnerables y a perdonar.

Es la chispa de inocencia y de pasión que nos permite disfrutar de la vida, ilusionarnos y soñar. Cuando seguimos a nuestro corazón sentimos que todo es posible, que el mundo es justo y la personas están llenas de bondad. El corazón nos grita que nos lancemos al vacío, que podremos volar.

 

Así, bajo su mando somos capaces de abandonar ese trabajo que no nos llena, de arriesgarnos a amar de nuevo, de dar segundas oportunidades y de olvidar el dolor. Sin embargo, en función de la ocasión, esta conducta puede ser tildada de valiente o de temeraria.

Es posible que alcancemos el éxito pero también puede ocurrir que nos topemos frente a frente con la decepción. Movernos por la vida sin filtros puede conducirnos a ser heridos, traicionados e, incluso, maltratados. La experiencia es un grado y no podemos pasarla por alto. Hemos de aprender de ella, pues tal vez, comprobar si la piscina tiene agua antes de tirarnos, será más beneficioso que confiar ciegamente en que así será.

El consejo de la mente

La mente, por su lado, es la voz de la cordura, del análisis y de la responsabilidad. Se va formando a partir de las normas recibidas en casa y de los valores transmitidos por la sociedad. Es quien nos insta a permanecer sentados en el colegio, a tener buenos modales en la mesa y a reflexionar antes de actuar.

La mente recopila la información de cada vivencia y genera una estrategia para anticipar los resultados. De esta forma, selecciona la mejor manera de actuar en función de las consecuencias previstas. Por consejo de la mente el niño no juega con el balón dentro de casa (sabe que eso conllevaría una reprimenda). Y del mismo modo los adultos tratamos de usar la lógica en nuestras decisiones personales.

La mente nos alerta de que exploremos otras alternativas laborales antes de abandonar nuestro empleo. Nos insta a tener reticencias a la hora de volver a confiar en quien nos traicionó. Nos recuerda que el mundo no siempre es justo, no siempre es fácil y que es nuestra responsabilidad cuidar de nosotros mismos.

 

Ante, por ejemplo, una relación dañina, la mente nos susurra “márchate” cuando el corazón nos grita “no te vayas”. La mente nos recuerda “mereces respeto” mientras el corazón nos suplica “un último intento y todo cambiará”.

Encontrar el equilibrio entre la mente y el corazón

Como vemos ni el corazón ni la mente son infalibles. Si nos aferramos al primero podemos salir heridos, pero si lo hacemos al segundo podemos terminar viviendo una vida gris. Ni la cautela ni la ilusión son suficientes por sí mismas, se necesita una combinación de ambas (específica para cada caso).

Así, trata de mantenerte en contacto con ambos polos de tu ser. Aprende a detectar de dónde procede cada mensaje y analiza cuál de los dos suele tener más poder sobre tus decisiones. A continuación trata de equilibrarlos cada vez que te enfrentes a un dilema. Potencia aquel aspecto que tienes menos desarrollado y compensarás la balanza.

 
  • Vegh, I. (1982). El yo, el ello y el sujeto. Participación en la Primera Jornada del Grupo Freudiano de Trabajo, Homenaje a Jacques Lacan, auspiciado por la Embajada de Francia31.
  • Amor, P. J., & Echeburúa, E. (2010). Claves Psicosociales para la Permanencia de la Víctima en una Relación de Maltrato Psychosocial Keys for the Permanence of the Victim in an Abusive Relationship. Clínica1(2), 97-104.