La música fortalece las relaciones personales

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Vélez
· 20 mayo, 2019
La música es una fuente de bienestar y satisfacción, pero, además, ¿qué sucede cuando compartimos la música con otras personas? En este artículo te explicamos cómo la música fortalece las relaciones.

La música tiene un papel fundamental en muchas sociedades y culturas. Desde el principio de los tiempos, ha sido protagonista de ritos, cortejos, señales de identidad y, en definitiva, podemos hablar de ella como un método de expresión humana. Además, en el apartado social podemos decir que la música fortalece las relaciones personales.

Así, podría decirse que la música también ha sido esencial en nuestra historia evolutiva. Entre otros motivos, como el cortejo sexual, el hecho de que haya tenido tanta importancia puede deberse a que la música fortalece las relaciones personales también en este sentido.

Los motivos que hacen a la música nutriente de las relaciones personales son muchos y variados. Entre los generales, y no exclusivos de la música, están el compartir la atención hacia algo, tener un objetivo común o experimentar sensaciones positivas en una actividad compartida.

De forma concreta, la música además nos lleva a compartir el ritmo, promoviendo la sincronización entre dos o más personas. Por otro lado, hay numerosos estudios que indican que la clave está en la segregación conjunta de hormonas. Este sería uno de los caminos por los que la música fortalece las relaciones personales.

Pareja bailando

Sincronización entre personas

Bien bailando, cantando o tocando instrumentos musicales de manera conjunta, la música da lugar a que varias personas se sincronicen. Así, el efecto de la sincronización en los lazos personales parece basarse en la relación entre mimetismo (o imitación) y la compenetración.

Así como al dar el mismo paso de baile o cantar las mismas canciones incrementa la compenetración, la compenetración aumenta la probabilidad de hacer lo mismo. De esta forma, se crea un bucle positivo en el que las personas implicadas se vuelven más cercanas. Por otro lado, ver las acciones de los demás lleva a la activación de las redes neuronales involucradas en la realización de la misma actividad gracias a las neuronas espejo.

Es posible que la implicación en la misma actividad y la activación de las mismas redes genere aumente la dificultad para discriminar entre el uno y el /los otro/s, creando así un vínculo entre ambos.

“La música es el acto social de comunicación entre la gente, un gesto de amistad, el más fuerte que hay”.

-Malcolm Arnold-

El papel de las hormonas

Se ha observado que la música produce un incremento de dopamina, serotonina y oxitocina. Esta hormona social es un neuropéptido que también se segrega dando el pecho, con el contacto sexual o haciendo deporte. Su producción está asociada a un incremento en la confianza, empatía, generosidad, contacto visual, mejora la memorización de caras, etc., mejorando sin duda las relaciones.

Por ejemplo, un estudio realizado en 2015, comparó un grupo que tenía que cantar una canción improvisada conjuntamente, frente a otro que cantó una canción pre establecida. Encontraron que, aunque en ambos los niveles de oxitocina crecieron tras cantar, el efecto fue mayor en el grupo de improvisación. Esto, concluyeron, indujo fluidez social entre los miembros gracias a la sincronización necesaria para improvisar.

Amigos bailando en la playa

Endorfinas

El papel de la oxitocina ha sido más estudiado en relación a la música; sin embargo, las endorfinas también podrían ser de suma relevancia. Estos péptidos se segregan en actividades sincronizadas o durante el ejercicio, siendo centrales a la hora de regular los sistemas de recompensa, la motivación social y percibir sensaciones placenteras. Así, cuando liberamos una gran cantidad de endorfinas también estamos aumentando nuestro afecto positivo.

Este «buen rollo» que nos producen las endorfinas lleva a que todo lo que experimentemos en ese momento sea percibido de forma positiva y significativa. Por ello, nuestras interacciones son vistas de forma más positiva, fortaleciendo esos lazos.

Teniendo en cuenta todas las características de la música (nos hace movernos, llevar el ritmo, bailar y cantar), probablemente sea como el funcionamiento de una orquesta, siendo el conjunto de todos sus efectos lo que hace que nos acerquemos a los demás. Lo que es indudable, es que la música nos relaja, nos divierte y es el contexto de experiencias inolvidables que compartimos con los que nos rodean.

  • Tarr, B., Launay, J. y Dunbar, R.I.M. (2014). Music and social bonding: “self-other” merging and neurohormonal mechanisms. Frontiers in Psychology, 5:1096.