La personalidad despectiva, ¿qué hay detrás de este comportamiento?

30 junio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces, la persona que más nos desprecia es alguien que tenemos cerca. Puede ser esa madre, esa amigo o esa pareja. Son perfiles que nos juzgan con una sonrisa, que infravaloran nuestros logros, que nos humillan de manera sutil pero expresamente.

Detrás de la personalidad despectiva hay algo más que simple desdén, ganas de ofender o de menospreciar logros ajenos. En los últimos años se ha investigado en profundidad un comportamiento que, hasta no hace mucho, se tenía algo descuidado en el campo de la psicología. Ahora sabemos, por ejemplo, que quien desprecia experimenta desde sentimientos de vergüenza, irritación y hasta rabia.

Un dato interesante que vale la pena destacar es que una buena parte de la comunidad científica asume que podemos hablar ya de la ‘personalidad despectiva’ como tal. Es decir, se asume que hay un número significativo de personas que evidencian conductas de desdén y desprecio de manera continuada. Existe, por lo tanto, un patrón donde emoción, sentimiento y conducta son estables en el tiempo.

Asimismo, son perfiles a los que etiquetamos comúnmente como ‘desagradables’ o poco amistosos; hombres y mujeres que aplican justo lo opuesto a lo que entendemos como conductas prosociales: la amabilidad, la empatía, la cortesía y el respeto (Jensen-Campbell y Graziano, 2001). En vista de ese marcado desprecio y activismo expreso por humillar a los demás, un gran número de expertos señalan que podríamos incluso ampliar la tríada oscura para hablar ya de la ‘tétrada oscura’.

“No desprecies a nadie; un átomo hace sombra”.

-Pitágoras-

Hombre señalando la culpa para representar la personalidad despectiva

La personalidad despectiva: ¿cómo se caracterizan?

Paul Ekman, uno de los psicólogos que más ha estudiado el campo de las emociones, nos recuerda que el desprecio es una emoción universal tan común como lo es la tristeza, el asco o la alegría. Todos la hemos experimentado alguna vez, de hecho, aparece en todas las culturas, pero hay quien hace de ella ese filtro desde el cual entender el mundo.

La doctora Roberta Schriber de la Universidad de California, experta en el campo de las emociones y, en concreto, de la conducta despectiva, señala por su parte que este tipo de personalidad se distingue básicamente por tres características. Son las siguientes:

  • Son personas que no respetan los estándares de convivencia y respeto. Este tipo de conducta, por ejemplo, resulta especialmente dañina en los entornos laborales. Son sarcásticos, críticos, no dudan en humillar e invalidar a todo aquel que se sitúe delante de sus propósitos.
  • Se distinguen, además, por un claro sentimiento de superioridad. Hacen uso de una actitud de prepotencia muy marcada.
  • Por otro lado, algo que busca la personalidad despectiva es bloquear a quien le molesta, a quien destaca en alguna competencia. No dudará en criticar, en menospreciar valías, en destacar lo negativo por encima de cualquier virtud que tenga la persona objetivo a quien desea humillar.

El desprecio siempre nos llega de personas cercanas

Si el desprecio duele es porque en muchos casos procede de figuras que nos son bastante cercanas. Ya hemos señalado que la personalidad sarcástica navega muy a menudo en los escenarios laborales. Sin embargo, es común ver este comportamiento en familiares e incluso en amigos.

Así, algo que nos señalan en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Texas, por parte de las doctoras Roberta Schriber y Joan Chung es que el desprecio, cuando nos llega desde esas personas con las que convivimos a diario, suele ser más sutil. Pero, eso sí, el tiempo lo convierte sin duda en un arma de destrucción masiva de autoestimas.

¿La razón? Porque se valen del sarcasmo, de la sonrisa que es amable pero que no duda en señalarnos nuestros fallos. Hacen uso de la condescendencia, de esos juicios de valor que buscan ayudar pero que acaban dejándonos más rotos y heridos. Asimismo, tampoco podemos descuidar el hecho de que el desprecio llega muy a menudo desde el seno de las relaciones de pareja.

En estos últimos casos, pueden verse conductas y actitudes claramente manipulativas, ahí donde la personalidad despectiva hace uso de esa artimaña tan común de criticar todo aquello que la pareja hace, dice o siente. Tal y como señalaba John Gottman, experto en relaciones de pareja, el desprecio es uno de esos jinetes del apocalipsis que mejor predice una ruptura o un divorcio.

Pareja discutiendo por causa de la personalidad despectiva

El desprecio saludable, el desprecio maligno

El desprecio, como emoción que es, cumple una finalidad en el ser humano. Nos ayuda a distanciar, bloquear o asumir una actitud activa hacia aquello que no nos agrada o nos molesta. Hay una combinación entre el deseo de marcar un límite, pero también de intervenir y no quedarnos solo en el mero sentimiento.

Sabiendo esto podemos hablar incluso de un desprecio saludable. La mayoría de nosotros despreciamos a quienes, por ejemplo, hacen uso de la violencia, también evidenciamos esta emoción hacia quienes maltratan a las mujeres, a los animales, a los niños, etc. Despreciamos la mentira, la prepotencia y todo aquello que va en contra de nuestros valores.

Por su parte, la personalidad despectiva, la que muestra un patrón estable en el tiempo aplicando una conducta de desprecio y humillación hacia los demás, evidencia lo que la doctora Roberta A. Schriber definió en un estudio del 2017 como la tétrada oscura. Así, a la clásica tríada del narcisismo, psicopatía y maquiavelismo, le podríamos añadir perfectamente el desprecio.

Este tipo de personalidad combina una serie de rasgos muy concretos:

  • Baja autoestima con una necesidad de ‘inflar’ su ego a toda costa
  • Sensación de rabia y vergüenza cuando alguien les supera en logros.
  • Envidia.
  • Narcisismo.
Peones para repreentar personalidad narcisista

Para concluir, tal y como podemos intuir, la personalidad despectiva es otro elemento más de ese polo de la malignidad humana capaz de ocasionar sufrimientos y duros impactos en nuestro equilibrio emocional y psicológico. Protejámonos por tanto de quien desprecia tanto como habla. Pongamos límites hacia quien no entiende la esencia del civismo y la convivencia.

  • Schriber, RA, Chung, JM, Sorensen, KS, y Robins, RW (2017). Desprecio disposicional: Un primer vistazo a la persona desdeñosa. Revista de personalidad y psicología social , 113 (2), 280-309. https://doi.org/10.1037/pspp0000101
  • Miceli M, Castelfranchi C. (2018). "Desprecio y disgusto: las emociones de falta de respeto", J Theory Soc Behav. 48: 205–229.