La psicología del abuso

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 28 abril, 2016
Pedro González Núñez · 28 abril, 2016

¿Existe la psicología del abuso? ¿Hay una motivación clara? Normalmente sí. Tal vez no deba ser una afirmación tan dolorosa como la que hizo en su día el doctor Hunter S. Thompson, quien decía que “por cada momento de triunfo… Por todas las instancias de la belleza, muchas almas deben ser pisoteadas”, pero no cabe duda de que hay algo que induce a conductas abusivas.

El doctor Philip Zimbardo trató de identificar aquellos factores del entorno que podían favorecer la psicología del abuso a través del tristemente célebre experimento de la cárcel de Stanford, que tuvo lugar en 1971. No obstante, las consecuencias fueron tan brutales que tuvo que ser suspendido al cabo de una semana.

El experimento de la cárcel de Stanford

El experimento de la cárcel de Stanford fue un estudio psicológico sobre el abuso de poder subvencionado por la Armada de los Estados Unidos. Su intención era la de buscar una explicación a los conflictos que acaecían el sistema de prisiones norteamericano.

Redes de una prisión

La metodología usada por Zimbardo consistió en la creación de una cárcel ficticia en la que un grupo de voluntarios recibirían dos roles diferentes, guardias y prisioneros. Formaron parte de esta muestra varones de raza blanca, clase media y psicológicas que atestiguaban su estabilidad. Todos ellos estudiantes universitarios.

La selección de roles se hizo de manera aleatoria, formando parte 12 de los 24 reclutados del grupo de guardias y el resto como prisioneros. Además, se sumaron el propio doctor Zimbardo como superintendente y un investigador asistente con el rol de alcaide.

Para dotar de realismo al experimento, los guardias trabajaban en turnos y recibían porras y uniformes. Mientras tanto, los prisioneros vestían batas y sandalias junto a una cadena en los tobillos. También debían estar todo el día en la cárcel.

Resultados del experimento de la cárcel de Stanford

El experimento no tardó en descontrolarse y en apenas una semana tuvo que ser suspendido. Ni a guardianes ni a prisioneros les dijeron cómo tenían que desempeñar su papel, sin embargo muchos de los guardias no tardaron en poner en marcha conductas crueles y muchos de los prisioneros comenzaron a asumir resignados este trato humillante.

Así, durante el segundo día llegó a desatarse un motín en el que muchos prisioneros fueron atacados con extintores para ser disuelto. Después, los guardias dividieron a los reos en grupos según “buenos” y “malos”, lo que evitó más rebeliones.

Manos de una persona en prisión

No obstante, muchos de los prisioneros sufrieron secuelas traumáticas debido al tormento recibido por los guaridas y el trabajo físico forzado. La higiene y la hospitalidad se convirtieron en un privilegio e incluso los guardias forzaron a algunos prisioneros a dormir desnudos en suelos de hormigón.

Según el experimento evolucionaba, los guardias mostraban más sadismo, especialmente en horario nocturno, al pensar que las cámaras estaban apagadas. Es más, al cancelar el simulacro, muchos de ellos se enojaron.

Conclusiones del experimento

Una de las conclusiones que se puede extraer del experimento de la cárcel de Stanford es que personas aparentemente normales, a las que se les facilita un puesto de poder, pueden llegar a realizar ciertas conductas que antes sin duda condenarían. El experimento de la cárcel de Stanford deja claro como un entorno determinado y un rol determinado facilita que aparezcan conductas de abuso.

“Cuando los abusos son acogidos por la sumisión, no tarda en convertirlos en leyes la potencia usurpadora”

-Malesherbes-

Entender esto es importante, ya que el entorno muchas veces tiene un poder superior sobre nuestros actos al que puede tener nuestra personalidad o nuestra disposición. Solo así se entiende cómo pueblos enteros han llegado a apoyar masacres contra parte de su población.

Otro de los elementos importantes que se aprecia en el experimento de la cárcel de Standford es la deshumanización. Los estudiantes que asumieron el rol de presos dejaron de tener nombre y pasaron a ser un número. Dejaron de ser personas particulares para convertirse en uno más de los prisioneros. Este simple gesto, hizo que la empatía de los guardias al sufrimiento de los presos se viese reducida notablemente.

La psicología del abuso

¿Demuestra el experimento de la cárcel de Stanford que la psicología del abuso se centra únicamente en la situación, más allá de la predisposición psicológica o las experiencias previas vividas? Es lógico pensar que no, pero es evidente que es un aspecto clave.

Puño de un hombre y una mujer sentada con miedo

Una persona que actúa de forma abusiva con otra o con un grupo se aprovecha de su situación de poder sobre los demás. Un padre, alguien físicamente fuerte, un jefe o líder e incluso una persona que se siente legitimada por la sociedad, la ley o por su propia visión de la realidad será más fácil que encuentre una razón que para él justifique la violencia.

“Los abusos, aun en el estado más sólido, son minas sordas que tarde o temprano estallan”

-Joseph Sanial-Dubay-

No cabe duda de que la psicología del abuso es un problema grave que atañe a la humanidad como especie. Una mente capaz de legitimar este tipo de conductas por acto de ley, costumbre o pensamiento supone una grave mal-interpretación. No obstante, parece que ninguno estamos libres de ello, como bien demostró el experimento de la cárcel de Stanford.

Para conocer más sobre este experimento, os recomendamos la lectura de un libro magnífico y ameno, escrito por el propio Zimbardo: “El efecto Lucifer“. En él, a parte del tema tratado, se abren otros interrogantes como la ética de la experimentación. Una razón suficiente para que actualmente este experimento fuese inconcebible.