La psicología detrás de la votación

4 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Creemos que nuestra decisión de voto está firme y racionalmente argumentada. ¿Hasta qué punto es cierto?. Descúbrelo.

A solo unos días de unas elecciones, nos peguntamos: ¿qué o quién influye en nuestra intención de voto?, ¿es la votación una decisión racional?. Hay aspectos psicológicos que tienen una gran influencia en que votemos a uno u otro partido. Veamos cómo ocurre esto.

En todo país democrático existe el derecho al voto. Antes de la fecha elegida, los candidatos y partidos argumentan sus programas para convencer a los ciudadanos de que les voten. En principio, los votantes tendemos a elegir  en función de nuestros ideales o del beneficio que nos supongan las propuestas de cada partido. Sin embargo, no es tan simple.

Decisiones subjetivas

Al contrario de lo que pueda parecer, el voto es una decisión eminentemente emocional y bastante subjetiva. Elegimos en función de lo que percibimos, sin embargo, percepción no es realidad. Lo que interpretamos tiene mucho que ver con nuestra personalidad y nuestra propia historia vital. Las explicaciones racionales son sólo el último paso del proceso, dirigidos a argumentar o justificar una decisión ya tomada.

Para ir más allá, cuando nos presentan argumentos nuestro cerebro pone en marcha un mecanismo defensivo. Debido a esto, todos tenemos la tendencia a buscar la información que confirma nuestras creencias y rechazar la que las desmiente. Este proceso casi automático deja fuera todo aquello que amenaza nuestras convicciones.

Por tanto, el cambio de opinión es verdaderamente difícil, teniendo en cuenta que ni siquiera se permite a esa información contraria ingresar en nuestra mente. Evidentemente, toda esta secuencia ocurre a nivel inconsciente, sin que nosotros nos demos cuenta de dónde proviene verdaderamente nuestra opinión.

El papel de la socialización en la votación

Esta subjetividad de la que hablamos no surge de la nada. Nuestras ideas  y opiniones se van gestando desde nuestra infancia por el proceso de socialización. Durante la niñez la influencia prioritaria es la de nuestros padres y el entorno familiar más cercano. De ellos extraemos valores y creencias que vamos asumiendo como propios.

Más adelante, en la adolescencia, el grupo de iguales toma el papel principal en el moldeamiento de nuestras opiniones. En este momento comenzamos a elaborar fuertemente nuestra identidad tanto personal como grupal. Por ello, durante la votación nos acercaremos al partido cuyas ideas preserven y fortalezcan esa imagen propia que hemos creado. Es lo que denominamos identificación partidaria.

Ya en la edad adulta, el principal papel socializador respecto a la política lo ejercen los medios de comunicación. Es importante tener en cuenta que, a través de ellos, muchas veces se apela a emociones primitivas como el miedo para influir la decisión de voto.

Si nos exponemos de forma repetida a informaciones que nos resultan desagradables e indignantes, y que asociamos con un partido, tenderemos rápidamente a dirigir nuestro voto hacia aquel que nos prometa arreglar el problema. El miedo es una emoción poderosa para movilizar la decisión de las personas. 

El candidato perfecto

Las características personales de los representantes de cada partido también cumplen su función. Su imagen, su discurso y, especialmente, su comunicación no verbal. El 93% de la información que recibimos proviene de la kinesia, la proxémica y la paralingüística. Los gestos, los movimientos corporales, la expresión facial, la entonación o el volumen de la voz tienen una enorme influencia en nuestra opinión sobre alguien.

Por eso, en muchas ocasiones, el carisma personal y la capacidad comunicativa de un candidato tienen más peso que el propio contenido de su propuesta. Además, no debemos olvidar que las personas solemos tener preferencia por aquellos con los que podemos identificarnos de algún modo y a los que percibimos más competentes.

Votación estable

Por último, cabría preguntarse: ¿qué probabilidad hay de que una persona cambie su voto?, ¿depende esto de características personales o está influido por el ambiente social?.

El factor más determinante para que una persona decida o no cambiar su voto depende de la fuerza con que esa persona se identifique con el partido. Alguien para quien su identidad política tiene un peso fundamental en su autoimagen es muy difícil que cambie. Principalmente porque esto supondría negar o romper con una parte esencial de sí mismo.

Por otro lado, es más probable que una persona modifique su voto cuando se encuentre en un momento vital crítico o cambiante. Si sus circunstancias vitales son estables es menos frecuente que se produzca la variación.

Becerra Guillén, M. G. El voto emocional. Un análisis del rol de las emociones en el comportamiento político del elector peruano. Aguilar López, J. (2008). Identificación partidaria: apuntes teóricos para su estudio. Polis4(2), 15-46.