La sinceridad en la infancia refuerza la inteligencia emocional

Pedro González Núñez·
13 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
13 Noviembre, 2020
La sinceridad es uno de esos valores que todos los padres desearían transmitir a sus hijos. Ahora, ¿cómo hacerlo? ¿Cuáles son los momentos más críticos en su desarrollo para que lo incorporen?

Imagina que un niño rompe un plato, y, rápidamente, su padre o su madre corren a regañarlo. Entonces, el infante decide mentir para evitar la reprimenda. El clima que se crea puede acabar por ser insostenible y la sinceridad en la infancia se pierde lentamente porque a pocos pequeños, igual que a los mayores, les gusta recibir castigos y amonestaciones por cada falta que cometen.

¿Qué podemos hacer? Primero, saber que fomentar valores, como la sinceridad en la infancia, es muy positivo para los pequeños. Tanto, que incluso mejora la inteligencia emocional de los chicos. Así pues, para evitar que los niños mientan cuando cometen errores o no quieran hacer algo, es necesario crear un clima positivo, en el que los problemas puedan ser expuestos y debatidos y cada situación no deseada no se convierta en un drama.

Aquí hemos puesto el clásico ejemplo del plato roto. Sin embargo, las situaciones en las que un niño puede pensar que gana mintiendo son muchas. Cuando no quiere comer algo, no tiene ganas de hacer los deberes, no desea irse a la cama…

Padres castigando a su hijo

Cómo ayuda la sinceridad en la infancia al refuerzo de la inteligencia emocional

A través de la sinceridad, el niño también fortalece su autoestima. Por eso es importante que, como padres, adultos o tutores, no empleemos la mentira para dirigir su comportamiento.

El niño, según se hace mayor, va aprendiendo la diferencia entre mentira y verdad. En ese momento, puede discernir que muchas de las lecciones que ha recibido de sus padres no eran reales; así, entiende que ellos, y por extensión el mundo adulto del que sus padres son referencia, aprueban la mentira como un medio para conseguir objetivos.

A partir de los cinco años, el niño ya es capaz de mostrarse escéptico ante determinadas afirmaciones que le podamos hacer. Así, estamos en un momento crítico en el que nos van a tomar de modelos. Y más clave será todavía después de los ocho años, cuando separa acertadamente el error intencional del engaño.

Una vez comienzan a distinguir las posibilidades de la mentira sin entender al mismo tiempo el daño que puede causar, puede ser difícil volver atrás; los seres humanos tenemos mecanismos mentales muy poderosos para no ver aquello que no queremos ver. Por eso es importante conocer ciertos elementos que podemos implementar para que los niños sigan el camino de la sinceridad, aceptando sus errores y limitaciones.

“Sé sincero, incluso si la verdad es inconveniente, pues resulta más inconveniente cuando tratas de ocultarla”.

-Bertrand Russell-

Claves para enseñar el valor de la sinceridad

Incluir la asertividad en la educación de los pequeños es uno de los mejores métodos para que aprendan el valor de la sinceridad. Podemos enseñarles que tienen derecho a reclamar la verdad, a que nadie les mienta o les intente manipular. Un derecho que también asiste a los demás.

Además, en su evolución natural, el niño aprende a diferenciar entre lo bueno y lo malo, asume sus fallos, encuentra alternativas para superar obstáculos y conseguir objetivos y, sobre todo, aprende desde el amor y el entendimiento sensato. Para ello, es recomendable:

No juzgar

Los niños, especialmente cuando son muy pequeños, no hacen nada con mala intención. Si juzgamos continuamente, bloqueamos la posibilidad de razonar, reflexionar y analizar si existen motivos ocultos que tal vez se nos escapan. ¿Qué hay detrás de la mentira? Antes de juzgar, estudiemos la situación y hablemos con el pequeño.

Escucha activa

Es interesante escuchar con atención al pequeño, sin impulsividad. Así lo entenderemos mejor y podremos analizar si miente, imagina historias o tiene una intencionalidad diferente a la de decir la verdad.

Correcciones asertivas

En muchas ocasiones nos veremos necesitados de corregir al niño. Es normal, es parte de su educación. Pero hemos de ser asertivos, así el pequeño interiorizará mejor y pensará antes de actuar en futuras ocasiones.

Refuerzo positivo

Siempre es importante usar el refuerzo positivo. Cuando el pequeño actúe con corrección y sinceridad, lo premiaremos, demostrando lo mucho que nos agrada que actúe así. De esa forma, aumentamos la probabilidad de que repita este comportamiento u otros que vayan en la misma dirección, reduciendo al mismo tiempo la probabilidad de los que son incompatibles.

Padre y abuelo felicitando a niño

Para bien o para mal, eres su modelo

Recuerda que, como adultos, padres y tutores, somos el ejemplo a seguir por parte de los niños. De nada servirá decir una cosa si luego no actuamos de acuerdo a esa lección. Por eso, en el momento de enseñar, la mejor opción es hacerlo siendo nosotros mismos el ejemplo de sinceridad que el pequeño necesita.

Conviene no olvidar que los pequeños tienden a imitar a las figuras de autoridad, o sea, sus padres, profesores y hermanos mayores, sobre todo. Tengamos en cuenta siempre esta responsabilidad a la hora de actuar delante de un niño.

Recuerda, la sinceridad en la infancia refuerza la inteligencia emocional. Si quieres que tus pequeños sean autosuficientes, responsables y seguros de sí mismos, es muy necesario que conozcan bien sus emociones.

Giráldez Hayes, A., Prince, E.M. (2017). Habilidades para la vida: Cómo aprender a ser y aprender a convivir en la escuela. Madrid: Ediciones SM - Biblioteca Innovación Educativa.